Recientemente la ciudad fue anfitriona del evento Smart City Expo Cali 2026. Se presenció un sinnúmero de iniciativas y exitosas experiencias globales. Este encuentro puso de manifiesto las posibilidades que ofrece el modelo de ciudad inteligente y, al mismo tiempo, evidenció los retos que enfrenta Cali. Aunque la ciudad ha incursionado desde hace años en la implementación de esta tendencia, sus avances han sido tímidos y desarticulados, en buena medida debido a la falta de prioridad que la autoridad municipal ha otorgado al proyecto.
Si bien es cierto que las últimas alcaldías han abordado el tema, no parece existir una verdadera política de interconexión entre todos los actores que forman parte del proyecto de ciudad. Hace unos años, se presentó la propuesta, que EMCALI, entidad que administra la mayor cantidad de datos (Big Data), de ciudadanos y el equipamiento propio del territorio, era la idónea para liderar el concepto. Siguiendo la iniciativa, se ha anunciado la construcción del nuevo edificio inteligente, en las cercanías de la base aérea como módulo operativo del proyecto.
El concepto de ciudad inteligente es sencillo. En lugar del funcionamiento aislado, es imperativo conectar, mediante sensores y otros dispositivos de avanzada tecnología, la totalidad del acontecer ciudadano cotidiano, dotando a la ciudad de un verdadero “sistema nervioso” interconectado.
Los principales beneficios incluyen soluciones en movilidad, seguridad, monitoreo climático, medición de la calidad del aire y del agua, protección de la biodiversidad y, por supuesto, la interconexión de servicios ciudadanos y trámites del gobierno digital.
En movilidad, lamentablemente, los doscientos cruces semaforizados, que pretendieron interconectarse con sistemas inteligentes mediante los cuales se regularizaba el flujo midiendo el mismo de forma permanente. Sin embargo, el proyecto terminó siendo un fiasco de contratación debido a la inoperancia e inexperiencia del contratista, así como a las deficiencias de las plataformas que debían conformar el «sistema nervioso» de la ciudad. De igual forma, la dotación de los sistemas de transporte masivo permite al usuario contar con información precisa sobre el recorrido, los tiempos de espera y la proximidad de la llegada del vehículo.
En materia de seguridad, la ciudad está lejos de los estándares globales en cuanto a cámaras de vigilancia equipadas con sistemas de reconocimiento facial y de detección de sonido. Con ellas se detectan actuaciones inusuales o sospechosas, y se facilita la identificación de vehículos hurtados o de disparos, lo que automáticamente alerta a la autoridad sobre la ubicación exacta. A título de ejemplo, Singapur tiene instaladas aproximadamente 100.000 cámaras en su perímetro urbano, similar en tamaño a Cali, la cual apenas tiene 2.200, o sea, el 2%, o las 45.000 cámaras en Washington D.C., con una población equivalente al 25% de la de Cali.
Los sistemas de alumbrado público inteligentes se encienden mediante sensores de movimiento, ahorrando energía al operar solo cuando el tráfico lo amerite.
Pero el reto, más que la compra e implementación de equipos para ser una ciudad inteligente, radica en la sensibilización ciudadana. La transformación de Cali hacia una ciudad inteligente requiere algo más que dispositivos, sensores y plataformas. Necesita superar la desarticulación existente y lograr que los distintos actores del proyecto de ciudad trabajen de forma coordinada, al tiempo que la ciudadanía asume el comportamiento necesario para responder a las exigencias de este nuevo modelo urbano.
No podemos ser una ciudad inteligente si nuestra actitud, comportamiento y conducta son inferiores al reto.
Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.