La historia de Jaime Aparicio tiene una característica excepcional: sus mayores éxitos no terminaron cuando dejó de competir. Su trayectoria pasó de las pistas a la dirigencia y de allí a la construcción de una nueva identidad deportiva para Cali y Colombia.
Cinco meses después de su muerte, sus triunfos siguen retumbando como los de uno de los grandes protagonistas de los 100 años de la historia deportiva de Colombia y de Indervalle, entidad que ayudó a gestar y al departamento al que entregó muchas de sus mayores ejecutorias.
Por eso resulta difícil entender el silencio institucional: ni una misa, ni una medalla de despedida para quien dedicó buena parte de su vida a construir el deporte vallecaucano y colombiano.
Y ahora ha muerto su señora, Beatriz Jaramillo
Se conocieron durante los VI Juegos Panamericanos: él, como figura deportiva, y ella, como jefe jurídica del comité organizador, posteriormente subdirectora y directora del comité cívico. Abogada de la Javeriana en 1969 , prestigiosa profesional, constructora, quien logro un gran binomio con Jaime Aparicio, también se quedo esperando el homenje a su esposo
El primer gran triunfo internacional de Colombia
En Buenos Aires 1951, Aparicio ganó los 400 metros con vallas de los primeros Juegos Panamericanos y se convirtió en el primer colombiano campeón de estas justas. Su marca de 53,4 segundos fue además récord nacional y suramericano. Luego obtuvo medalla de plata en 1955 en Mexico DF.
Fue la apertura de la puerta internacional del deporte colombiano. Significó el comienzo de una nueva percepción sobre las posibilidades de los atletas colombianos en el escenario continental.
El primer campeón suramericano
En 1954, en São Paulo, obtuvo el oro en los 400 metros con vallas del Campeonato Suramericano y en 1956 volvió a imponerse en Santiago de Chile, donde también ganó los 400 metros vallas, gran campeon
Aparicio convirtió el nombre de Cali y del Valle en una referencia continental antes de que existieran los grandes escenarios internacionales de la ciudad.
Su generación abrió un camino que después recorrerían cientos de deportistas
Dos Juegos Olímpicos y una generación pionera
Aparicio participó en Londres 1948 y Melbourne 1956. Su carrera olímpica debe leerse dentro de una época en la que Colombia apenas comenzaba a consolidar su presencia internacional.
No fue a la cita olímpica en 1952 a Helsinki por el conflicto de la violencia de Colombia. Sus triunfos ocurrieron cuando las condiciones deportivas del país estaban muy lejos de las actuales.
El nacimiento del “Valle Campeón”
Sus triunfos nacionales fueron igualmente determinantes. En los Juegos Nacionales de 1950 y 1954 consiguió 6 y 5 medallas de oro y se convirtió en uno de los símbolos de la generación que impulsó al Valle del Cauca hacia el liderazgo deportivo nacional.
Allí comenzó a consolidarse una cultura deportiva que posteriormente sería reconocida bajo una expresión que marcó la historia regional: “Valle Campeón”.
Del atleta a uno de los gestores de los Panamericanos de Cali 1971
Aparicio no se quedó viviendo de sus triunfos. Arquitecto en la universidad de la Florida USA y dirigente deportivo, participó en la organización de los Juegos Panamericanos de Cali 1971. El Comité Olímpico Colombiano reconoce su participación como director técnico de aquellos Juegos, quien prendió el fuego olímpico como el atleta más destacado del país.
También participó en la búsqueda de apoyos internacionales para conseguir la sede de 1971, como gestor al nivel de la idea con Alberto Galindo y su último director, Jorge Herrera.
Su papel demuestra que su legado no puede medirse únicamente en medallas: también está en las gestiones que ayudaron a transformar a Cali en ciudad deportiva.
La memoria de los atletas no puede quedar en silencio
Cinco meses después, el testimonio de las generaciones que lo conocieron adquiere especial importancia. Las figuras deportivas y medallistas continentales Pedro Grajales, Juana Mosquera, Elsy Rivas, Ana Cecilia Maquillón, Aida Ortiz y Oscar Rivera permiten reconstruir su dimensión humana y deportiva.
Los testimonios coinciden en presentar a Aparicio como mentor, orientador, referente y dirigente cercano a los atletas.
Fue campeón cuando Colombia apenas comenzaba a competir internacionalmente; dirigente cuando Cali buscaba convertirse en ciudad deportiva; y constructor cuando los escenarios, las instituciones y los grandes eventos empezaron a transformar la ciudad.
¿Qué paso Gobernacion del Valle e Indervalle?
Por eso, cinco meses después de su muerte, la pregunta no debería ser únicamente cuántas medallas ganó Jaime Aparicio, sino cuánto de la Cali deportiva que conocemos hoy comenzó con aquella generación de pioneros de la que él fue uno de sus máximos protagonistas.
El propio Comité Olímpico Colombiano lo ha definido como el “primer grande del deporte colombiano”, mientras que Ciro Solano, su presidente, ha planteado que su nombre debe permanecer en la memoria deportiva del país.
Entonces, la protesta es inevitable: ¿cómo puede una ciudad que se reconoce como capital deportiva de Colombia despedir en silencio a uno de sus grandes constructores?
Ni una misa. Ni una medalla de despedida. Ni un acto institucional proporcional a su trayectoria.
No se trata de reclamar honores personales. Se trata de defender la memoria deportiva de Colombia y del Valle del Cauca.
Jaime Aparicio es memoria del atletismo y de la historia de cómo Cali llegó a ser reconocida como capital deportiva de Colombia y de América. Y hoy frente al cadáver de su Sra, Beatriz, con tristeza observamos el silencio institucional frente a una vida que ayudó a construir el deporte que hoy el Valle y Colombia pueden mostrar con orgullo.



