El terremoto que sacudió a Cali el 10 de agosto de 2026 no ocurrió en una ciudad que desconociera su amenaza sísmica. Cali llevaba décadas estudiando sus suelos, registrando antecedentes históricos, desarrollando investigaciones geológicas y utilizando herramientas de ingeniería para comprender el comportamiento de sus edificaciones frente a los terremotos.
Cali conocía el riesgo, Colombia desarrolló progresivamente normas para enfrentarlo, pero el conocimiento científico no necesariamente se convirtió en una intervención integral sobre el enorme parque de edificaciones existentes.
- El primer problema: conocer el riesgo no significa reducirlo
Colombia cuenta desde 1984 con un código nacional de construcción sismorresistente. El Decreto 1400 de 1984, expedido después del terremoto de Popayán del 31 de marzo de 1983, constituyó el primer reglamento nacional obligatorio de esta naturaleza.
Esto significa que una parte considerable de las edificaciones de Cali fue construida antes de que existiera ese código nacional obligatorio.
La ciudad, por tanto, tiene un parque inmobiliario de diferentes generaciones: edificios construidos bajo normas y criterios técnicos anteriores a 1984, edificaciones posteriores al primer código nacional, construcciones bajo el NSR-98 y, posteriormente, bajo el NSR-10.
Esta diferencia es fundamental.
Una edificación construida en 1970 no puede evaluarse simplemente con las exigencias actuales. Pero tampoco puede suponerse que, por haber cumplido las reglas de su época, necesariamente presenta el mismo nivel de seguridad que una estructura diseñada bajo los estándares contemporáneos.
El verdadero problema aparece cuando una ciudad envejece y no existe una estrategia permanente para identificar cuáles de sus edificaciones antiguas requieren evaluación, reforzamiento o intervención.
- ¿Con qué se construía Cali antes de Popayán?
Antes de 1984, Colombia no contaba con un reglamento nacional integral y obligatorio de construcción sismorresistente.
Pero esto no significa que los ingenieros trabajaran sin normas.
Para estructuras de concreto reforzado tuvo una enorme influencia el ACI 318, desarrollado por el American Concrete Institute. La documentación normativa colombiana reconoce que antes de la expedición del Código de 1984 el diseño de estructuras de concreto reforzado se apoyaba en este código estadounidense.
También existían esfuerzos nacionales.
En la década de 1970 comenzó a consolidarse la Asociación Colombiana de Ingeniería Sísmica —AIS—, mientras que ICONTEC y otras instituciones desarrollaban normas técnicas colombianas.
Los profesionales colombianos también recibieron influencia de documentos internacionales relacionados con diseño sísmico, especialmente los desarrollados en Estados Unidos por organizaciones como SEAOC y ATC.
Así se produjo una evolución:
normas extranjeras → adaptación colombiana → investigación nacional → reglamento nacional obligatorio.
El terremoto de Popayán aceleró este proceso.
Por eso, no es correcto afirmar que antes de 1983 Cali construía sin ninguna norma. Lo correcto es señalar que no existía todavía un código nacional obligatorio e integral de sismorresistencia.
- Popayán 1983: el punto de quiebre
El terremoto de Popayán del 31 de marzo de 1983 cambió la historia de la ingeniería colombiana.
El desastre demostró que el país necesitaba pasar de las recomendaciones y referencias técnicas a una regulación nacional obligatoria.
Un año después, en 1984, se expidió el Decreto 1400, que adoptó el Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes. El Servicio Geológico Colombiano reconoce este momento como un punto fundamental en la evolución de la normativa sísmica nacional.
El código incorporó conocimientos internacionales y la experiencia colombiana.
Posteriormente vendrían nuevas generaciones normativas, como el NSR-98 y el NSR-10, que elevaron progresivamente las exigencias de diseño y construcción.
Pero aquí surge una pregunta fundamental:
¿Qué ocurrió con las edificaciones construidas antes de 1984?
La existencia de una nueva norma no transforma automáticamente los edificios antiguos.
Ese parque construido requiere diagnóstico, evaluación y, cuando corresponda, reforzamiento.
- Cali sí estudió su amenaza sísmica
Cali tampoco llegó al siglo XXI sin conocimiento científico.
La ciudad desarrolló estudios de microzonificación sísmica, con investigaciones geológicas, geofísicas, sísmicas y geotécnicas destinadas a determinar cómo podían comportarse diferentes sectores del territorio ante un terremoto.
La microzonificación permitió reconocer que no todos los sectores de la ciudad responden de la misma manera ante un movimiento sísmico.
Este conocimiento tiene enorme valor para la planificación urbana y para el diseño estructural.
Pero un mapa de amenaza no refuerza un edificio.
Un estudio no cambia por sí mismo una estructura vulnerable.
El conocimiento científico solamente se convierte en reducción del riesgo cuando produce decisiones concretas: restricciones urbanísticas, exigencias técnicas, evaluación de edificios, reforzamiento, presupuesto, control y seguimiento.
Ahí aparece una de las grandes preguntas que deja el terremoto de 2026.
- ¿Existía realmente un programa de evaluación y reforzamiento?
Para responder esta pregunta con rigor no basta con mostrar que existían planes o estudios.
Un verdadero programa de prevención debería permitir saber, por lo menos:
- cuántas edificaciones fueron identificadas como vulnerables;
- cuántas fueron evaluadas;
- cuántas fueron clasificadas como prioritarias;
- cuántas requerían reforzamiento;
- cuántas fueron efectivamente reforzadas;
- cuánto dinero se invirtió;
- qué metas anuales existían;
- qué entidades eran responsables;
- y qué porcentaje de las edificaciones críticas permanecía pendiente.
Estos indicadores son fundamentales porque existe una diferencia enorme entre tener un estudio de vulnerabilidad y haber reducido efectivamente la vulnerabilidad.
Una ciudad puede disponer de miles de páginas de estudios técnicos y continuar teniendo edificios vulnerables.
La prevención no se mide por la cantidad de documentos producidos, sino por las condiciones de seguridad que realmente cambian.
- Caracas y la advertencia que debe investigarse
El terremoto de Caracas constituye otro elemento que merece una investigación documental.
El 29 de julio de 1967, Caracas sufrió un terremoto que produjo graves daños y el colapso de cuatro edificios. El evento se convirtió posteriormente en un caso de estudio sobre el comportamiento sísmico de las ciudades y los efectos locales del suelo.
Pero es necesario hacer una precisión: no debe afirmarse sin documentos que el terremoto de Caracas de 1967 fue una advertencia formal dirigida específicamente al alcalde y al Concejo de Cali.
Una cosa es que el terremoto de Caracas haya constituido una importante lección para la ingeniería latinoamericana y otra muy diferente es demostrar que existió una comunicación oficial dirigida a las autoridades de Cali.
Existe, sin embargo, una situación mucho más cercana en el tiempo que merece ser reconstruida documentalmente.
Según información publicada por Caliescribe, después del terremoto ocurrido en Caracas el 24 de junio de 2026, el 30 de junio se habrían entregado recomendaciones preventivas al gabinete municipal, a 21 concejales y a medios de comunicación. Posteriormente, el 6 de julio, se habría solicitado en el Concejo preparar un plan de emergencia frente a un eventual terremoto en Cali.
Si estos hechos son confirmados mediante actas, comunicaciones y radicados oficiales, adquieren enorme importancia para establecer qué información recibió la Administración y qué decisiones tomó antes del terremoto del 10 de agosto.
- No se podía predecir el día del terremoto
Es fundamental evitar una interpretación equivocada.
Ningún científico podía decir que Cali sufriría un terremoto el 10 de agosto de 2026.
La ciencia sísmica no permite predecir con precisión el día, la hora y el lugar exacto de un terremoto.
Por eso, la responsabilidad de las autoridades no debe evaluarse bajo la expectativa de que debían “adivinar” el terremoto.
La obligación era diferente:
preparar a la ciudad para un fenómeno que científicamente se sabía posible.
La pregunta no es por qué no lo predijeron.
La pregunta es cuánto habían hecho para reducir sus consecuencias.
- El terremoto como auditoría de la prevención
El sismo de 2026 puede ser entendido como una especie de auditoría natural de décadas de política pública.
Ahora es posible comparar cuatro elementos:
lo que la ciencia había advertido + lo que las normas exigían + lo que las autoridades hicieron + los daños que finalmente ocurrieron.
Ese cruce permitirá identificar las verdaderas brechas.
Si una edificación que colapsó había sido previamente identificada como vulnerable y no fue intervenida, el caso requiere una explicación.
Si una zona que presentaba determinadas condiciones de suelo había sido identificada científicamente y no se incorporó adecuadamente en las decisiones urbanísticas, también debe analizarse.
Y si determinadas advertencias fueron recibidas semanas antes del terremoto y no produjeron acciones concretas, será necesario reconstruir qué ocurrió.
No se trata de buscar culpables de manera anticipada.
Se trata de establecer hechos.
- Las cifras deben reemplazar los discursos
El debate sobre prevención sísmica debe abandonar las declaraciones generales y pasar a los indicadores.
Cali debería publicar, como mínimo, un inventario consolidado que permita conocer:
número total de edificaciones evaluadas; número de edificaciones vulnerables; número de edificaciones esenciales; número de estructuras reforzadas; número de estructuras pendientes; inversión pública realizada; recursos destinados al reforzamiento; y porcentaje de cumplimiento de las metas.
También debería establecerse cuántas edificaciones fueron construidas antes de 1984 y cuáles de ellas continúan ocupadas.
El país ha tenido por lo menos 42 años desde la expedición del Código de 1984 hasta 2026 para avanzar en la reducción del riesgo de las edificaciones existentes.
Ese dato no significa que durante 42 años todas las edificaciones antiguas debieran haber sido reforzadas. Sí demuestra que ha existido un período suficientemente amplio para construir una política permanente de evaluación y reducción de vulnerabilidad.
El conocimiento que debe convertirse en acción
La ciudad sabía que tenía una amenaza sísmica.
Colombia desarrolló conocimiento científico, utilizó referencias internacionales, creó organizaciones especializadas y después del terremoto de Popayán estableció un código nacional obligatorio.
Cali desarrolló estudios de amenaza y microzonificación y contó con herramientas técnicas para comprender las características de su territorio.
Pero conocer el riesgo no es lo mismo que reducirlo.
La verdadera pregunta que deja el terremoto de 2026 es cuánto de ese conocimiento llegó hasta las edificaciones, especialmente aquellas construidas antes de 1984.
Una ciudad no está preparada porque tenga estudios; está preparada cuando convierte esos estudios en decisiones, presupuesto, obras, controles y ciudadanos preparados.
Cali tenía conocimiento.
La historia que ahora debe establecerse es cuánto de ese conocimiento se convirtió realmente en prevención.