La democracia colombiana enfrenta un problema que trasciende la elección presidencial. Lo que está en juego no es únicamente quién gobernará los próximos cuatro años, sino la vigencia de las reglas que permiten que el poder se transfiera mediante las urnas y dentro de los cauces institucionales.
Durante los últimos meses, el presidente Gustavo Petro ha sido acusado de desarrollar una secuencia política reconocible: agitar la movilización social, confrontar a las instituciones y sembrar dudas sobre los mecanismos electorales. Todo para favorecer al partido Pacto Histórico y su candidato, Ivan Cepeda Analizadas en conjunto, estas actuaciones configuran un patrón que genera preocupación en amplios sectores del país.
La calle como instrumento político
La primera expresión es la agitación. Cuando un presidente interviene activamente en el debate electoral mediante llamados a la movilización, mensajes dirigidos a la calle o referencias a protestas sociales, deja de actuar exclusivamente como jefe de Estado para convertirse en un protagonista de la contienda política. La discusión democrática termina desplazándose de las urnas hacia escenarios de presión y confrontación, que es lo que busca Petro.
El choque permanente con las instituciones
La segunda expresión es la confrontación institucional. A lo largo de su gobierno han sido frecuentes los choques con sectores del Congreso, organismos de control, medios de comunicación, gremios empresariales y distintos actores de la vida pública. La crítica es legítima en democracia; sin embargo, cuando la confrontación se convierte en práctica permanente, se debilita la confianza en los contrapesos que garantizan el equilibrio del poder. Colombia habló y a pesar de los billones de pesos invertidos en su candidato, perdió y ahora no quiere reconocer el resultado, del preconteo y del escrutinio, como lo prometió.
Y como si fuera poco, ha movilizado a las fuerzas petristas de universitarios en instituciones públicas, en Bogotá, Antioquia y Univalle, rechazando los resultados y amenazando al nuevo gobierno que se elija , por actuaciones que no se han propuesto.
Sembrar dudas sobre las reglas del juego
La tercera expresión es la deslegitimación. Quizás el aspecto más delicado es la construcción anticipada de dudas sobre procesos electorales y autoridades encargadas de administrarlos. La experiencia internacional demuestra que las democracias se deterioran cuando los ciudadanos dejan de confiar en los árbitros que garantizan la transparencia de las elecciones.
La pregunta de fondo es inevitable: si las instituciones son cuestionadas permanentemente, si la calle es presentada como mecanismo de presión política y si los resultados son puestos en duda antes de conocerse, ¿cómo preservar la confianza ciudadana en la democracia? Y las mayorías colombianos hablaron
La respuesta democrática
La respuesta debe ser institucional, democrática, constitucional. Colombia necesita serenidad política, respeto por los resultados electorales y rechazo a cualquier forma de intimidación o violencia. La movilización social no puede sustituir el papel de las urnas, ni la confrontación reemplazar las reglas del Estado de Derecho.
Por ello, partidos políticos, empresarios, gremios, iglesias, medios de comunicación y organizaciones sociales deben actuar con responsabilidad histórica y defender un principio elemental: las diferencias políticas se resuelven mediante votos, no mediante presiones. Lo que se proyecta en ciencia política e ingeniería social es el triunfo de Abelardo de la Espriella, luego los colombianos debemos de hacer respetar la decisión,
Una responsabilidad nacional e internacional
Asimismo, la comunidad internacional, incluyendo organismos multilaterales, misiones de observación electoral y gobiernos democráticos encabezados por Estados Unidos y la Union Europea, deben mantener una observación rigurosa del proceso colombiano. Su presencia contribuye a fortalecer la transparencia, la legitimidad y la confianza pública y estar dispuestas a intervenir.
Las democracias rara vez se deterioran y lo está haciendo el presidente Petro. Y no se puede permitir que la presión sustituya a las reglas, ni que la confrontación reemplace al diálogo y ni que la desconfianza ocupe la legitimidad.
Defender las urnas y la paz civil
Frente a cualquier intento de agitar, confrontar o deslegitimar lo que resta de campaña y la 2ª vuelta presidencial, la respuesta de la sociedad debe ser una sola: defender las instituciones, respetar las urnas y preservar la paz civil de la República, con las fuerzas militares, quienes deben hacer respetar la CN y para ello, Estados Unidos y la UE, deben estar listos a actuar. .