La fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos que hoy celebramos, cierra el ciclo de la presencia de Jesús en la tierra, aunque bien sabemos que, hace una despedida con una promesa: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos” (Mt 28,20).
Lo hemos visto nacer pobre en Belén, crecer y fortalecerse en Nazaret, predicar y hacer milagros a lo ancho y a lo largo de su tierra de Palestina, padecer, sufrir y morir bajo el poder de Poncio Pilatos y resucitar al tercer día de entre los muertos, apareciéndose y confirmando a los suyos… aunque “algunos dudaron”, nos dice el evangelio de Mateo. ¿No había sido suficiente la aparición a las mujeres, a Tomás, a Cleofás y el “otro” de Emaús, la conversación con Pedro y con todos varias veces…?
Era necesaria la promesa: ”seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hc 1,5) y “os dará espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo e iluminará los ojos de vuestro corazón para que comprendáis, cual es la esperanza a la que os llama…” (Ef 1,17-18). Y ahí estamos todos entre la espera y la esperanza… y “plantados mirando al cielo” (Hc 1,11).
Con estas palabras se cierra la etapa terrena de Jesús y se inicia otra presencia entre los suyos, entre nosotros, en la Iglesia…, para que continúe y continuemos su obra de salvación.
Lecturas del domingo 17 de Mayo de 2025
– Lectura de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11: “aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar”
– Salmo 46 R/. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas
– Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23: “«todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo.”
+ Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”
Reflexión del Evangelio de hoy
“En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseño desde el comienzo”
Hemos visto, a través de los Evangelios, a Jesús trabajar sin descanso para establecer el Reino de Dios y su justicia, para desvelar el verdadero rostro del Dios del amor.
Lo ha hecho con trazos firmes para hacer caer todos los velos que oscurecían el rostro de su Padre, que le habían convertido en un Dios lejano y rígido al que se llegaba con ritos complicados y escrupulosas y legales observancias.
Pero con firme pulso Jesús ha ido restaurando el verdadero rostro de Dios devorado por el paso del tiempo: “que brille tu rostro y nos salve” (Sl 80,8), para que apareciera ante los hombres con su verdadera imagen de Dios amor.
¿Qué les había enseñado? Pues con firmeza, Jesús, ha hecho caer todos los velos que oscurecían el rostro de Dios Padre, para aparecer con su verdadera fisonomía:
-Un Dios de amor que espera al hombre entre recovecos de la vida y revueltas del camino y sacarlo cuidadosamente de muchos enredos y limpiar sus heridas…, como hizo el samaritano…
-Un Dios libertador que manda tirar la camilla y las muletas, triunfar de la parálisis y de los males para empezar una vida nueva responsable, incluso aunque sea en el día de la ley sábado, como hizo con tantos…
-Un Dios acogedor lleno de amor que no pregunta al Hijo pródigo, sino que se alegra de acoger, perdonar y celebrar fiesta… Y al hijo mayor también…
-Un Dios de misericordia que come con los pecadores y que va directamente al corazón para encontrar allí los sentimientos capaces de renovarnos…
-Un Dios, buen pastor, que busca a la oveja perdida y se alegra de encontrarla
-Un Dios que advierte contra el peligro de juzgar y condenar a los demás…
-Un Dios que llama dichosos, benditos y bienaventurados a los que trabajan para que el sufrimiento y el dolor en la tierra sea menor, que cura enfermos y resucita a los muertos, que busca la paz y el amor…
-Un Dios que se preocupa de los niños y jóvenes, los huérfanos y las viudas…
-Un Dios que no se manifiesta en el poder sino en el misterio de una cruz…
-Un Dios que resucita y se aparece a los suyos para animar su fe, aún cuando duden, y que llama bienaventurados a los que creen sin haber visto…
-Un Dios que quiere ser conocido en el mundo por su mensaje de amor y nos manda ser sus testigos… y promete ¡no dejarnos solos!
“A la vista de ellos, fue elevado al cielo”
La ASCENSIÓN no es el final, es “como un capítulo” más de la vida de Jesús para seguir comprometiéndonos poco a poco. Y son unos ángeles los que se aparecen diciendo “¿qué hacéis mirando al cielo?”
Pero ¿de verdad a nosotros esos ángeles nos dirían hoy “qué hacéis mirando…”? ¿No nos tendrían que decir lo contrario: ¡eh! ¡mirad un poco al cielo!, porque ¿cómo es hoy nuestra vida? En nuestra vida está Dios… ¿pero cuenta plenamente Dios…? O ¿cuenta lo demás por delante de Dios…?
Los apóstoles habían tenido “el mejor-profesor” que ha habido en el mundo; habían vivido continuamente con él durante sus últimos años, siendo testigos de todos sus signos y milagros, de todas sus lecciones, de toda su manera de vivir, de… Y a pesar de todo, recordemos… nunca comprendían apenas nada, le tenían que preguntar el significado de las parábolas más transparentes, interpretaban de la manera más grosera o interesada las doctrinas más espirituales, intentaban servirse de él…
Recordemos como se escandalizaban cuando les anuncia su pasión… porque Jesús se la había profetizado, les había puesto en guardia y les dijo cómo sería su actitud: todo para que pudiesen encontrar, incluso en su cobardía un motivo para creer en él… pero nada consiguió.
¡Cuántas dificultades encontraron para creer en su resurrección y qué lentos fueron para rendirse ante le evidencia!
Y el pensamiento de la ascensión, desde el primer momento los dejó consternados, de tal manera que sus últimas palabras a Cristo cuando estaba a punto de subir a los cielos fueron: “Señor, ¿es ahora cuando vas a establecer tu reino…?”
Hay valores, cualidades… que la sociedad que nos está tocando vivir está olvidando… y nos olvidamos de Dios con mucha frecuencia y cuenta nuestra comodidad y bienestar, y así nos dejamos llevar por… ¡tantas cosas y situaciones…!
Y sí, hoy Dios nos pide mirar un poco al cielo, es el camino de Jesús, pero quizás con los pies en la tierra, en ésta que nos toca vivir, porque es ahí donde tenemos que realizar el plan de Jesús, si es que somos como “Teófilo”, amigos de Dios ¿lo queremos ser? ¡por eso estamos aquí, así que adelante… qué no nos deja solos… nos enviará su Espíritu! Y PENTECOSTÉS está ya ahí… y nos pide comprometernos un poco más en la vida de cada día… para hacer discípulos de un Maestro que vivió todo cuanto dijo.
Y para que podamos cumplirlo, el propio Evangelio recoge hoy una promesa de Cristo: “Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.