En Cali, hablar de actividades económicas como programa público implica revisar un conjunto de estrategias impulsadas por la Alcaldía, entidades descentralizadas y aliados privados para fortalecer el empleo, el emprendimiento y la formalización, especialmente en los barrios y comunas. En los últimos dos años, estas iniciativas han buscado responder a un contexto marcado por la informalidad, la desaceleración económica y la necesidad de generar ingresos sostenibles para miles de hogares.

Uno de los ejes centrales ha sido el fortalecimiento de la economía popular. A través de programas liderados por la Secretaría de Desarrollo Económico, se han acompañado vendedores informales, unidades productivas familiares y pequeños negocios con capacitaciones, asesoría técnica y acceso a capital semilla. Entre 2023 y 2025, la ciudad priorizó sectores como gastronomía, confecciones, servicios personales, comercio minorista y oficios tradicionales, actividades que concentran una alta participación de población vulnerable.

Las experiencias recientes muestran avances desiguales. En comunas del oriente y ladera, muchos emprendedores han logrado mejorar sus procesos contables, su presentación comercial y su acceso a ferias locales. Los mercados campesinos, ferias de emprendimiento y ruedas de negocio barriales se consolidaron como espacios de visibilización. Sin embargo, persisten dificultades relacionadas con la continuidad del acompañamiento, la baja bancarización y la limitada capacidad de crecimiento de los negocios más pequeños.

Otro frente relevante ha sido el impulso a la economía cultural y creativa. Cali ha aprovechado su tradición en música, danza, artes escénicas y producción audiovisual para apoyar emprendimientos culturales como fuente de ingreso. En los últimos dos años se financiaron proyectos a través de convocatorias públicas, estímulos económicos y formación en gestión cultural. Estas iniciativas han beneficiado colectivos artísticos, gestores independientes y pequeñas productoras, aunque muchos señalan que el acceso a la información sigue siendo un reto.

La economía rural y periurbana también ha tenido un lugar dentro de la agenda económica. Programas de apoyo a agricultores urbanos, huertas comunitarias y pequeños productores rurales han buscado fortalecer cadenas cortas de comercialización. La experiencia muestra resultados positivos en seguridad alimentaria y generación de ingresos complementarios, especialmente en corregimientos como Navarro, La Buitrera y Pance. No obstante, el acceso a mercados estables continúa siendo una limitación.

En materia de empleo, la ciudad ha articulado sus programas económicos con agencias públicas y privadas de intermediación laboral. Ferias de empleo, formación para el trabajo y alianzas con empresas han sido estrategias recurrentes. En los últimos dos años, estas acciones facilitaron la vinculación laboral de jóvenes, mujeres y población migrante, aunque el empleo informal sigue siendo predominante en varios sectores.

Para quienes buscan apoyo, el primer paso es identificar qué tipo de actividad económica desean fortalecer o iniciar. La Secretaría de Desarrollo Económico de Cali es la entidad principal para acceder a programas de emprendimiento, formalización y empleabilidad. Allí se publican convocatorias abiertas, cronogramas de formación y requisitos para acceder a incentivos. La información suele difundirse a través de la página web oficial de la Alcaldía y sus redes institucionales.

También existen puntos de atención presenciales en centros comunitarios, Casas de Justicia y ferias institucionales en los barrios. En estos espacios, los ciudadanos pueden recibir orientación sobre registro de emprendimientos, acceso a capital semilla, formación técnica y rutas de formalización. Para los emprendedores culturales, la Secretaría de Cultura y las convocatorias de estímulos son una puerta de entrada clave.

En el caso de actividades rurales o ambientales, entidades como el DAGMA y la Secretaría de Desarrollo Rural ofrecen programas específicos. Para el empleo formal, el Servicio Público de Empleo y las cajas de compensación actúan como aliados estratégicos.

Las experiencias de los últimos dos años muestran que Cali cuenta con una oferta amplia de programas económicos, pero el impacto depende en gran medida de la capacidad de los ciudadanos para informarse, postularse y sostener sus iniciativas en el tiempo. Más que grandes discursos, el reto sigue siendo convertir estos programas en ingresos estables y oportunidades reales para la ciudad.

Ana Lucia Arango M