En el Encuentro latinoamericano y del caribe de entrenadores, que lidera CEPALAC , el profesor Juan Luis Carter , ha evidenciado la unión de la educación y el deporte, la unión de la academia y el atletismo. Ël como entrenador, gran académico del deporte, expresidente de la Federación de Chile por 10 años y con grandes merecimientos profesionales y deportivos, ha sido columna estructural del importante evento, exposición fundamentada en grandes ejecutorias para el beneficio del deporte internacional y chileno. En dialogo No 6 , del Encuentro, con el presidente de Cepalac, Ing. Ramiro Varela M
JLC: Agradecer profundamente a todos los que han creído en esto, porque es de creernos que somos capaces de organizarnos, de trascender, de proponer. Aquí hay una organización que nos une, que se llama CEPALAC, que ha convocado, pero cada uno autónomamente se ha plegado, se ha sumado a esta actividad que es solo la semilla inicial de algo más importante y más grande que, sin duda, vamos a lograr. Así es que, contento.
RV: Tantos latinoamericanos y del caribe, más España, 23 paises representantes de los entrenadores y profesores del deporte. Juan Luis, taquilla alegre, como dicen los amantes del deporte competitivo.
JLC: Sí, siempre me gusta escucharte cuando dices “taquilla alegre”. No escuchaba esa palabra desde los antiguos cines del sur de Chile, donde era más helado estar adentro que afuera. Y de verdad que creo que eso también enriquece la conversación, la terminología, el lenguaje, los códigos. De alguna manera tenemos códigos comunes que podemos compartir y que nos vamos conociendo. A pesar de que muchas veces nos habremos cruzado en diferentes eventos —sudamericanos, panamericanos, iberoamericanos— hoy día estamos conectados conversando de ideas, conversando de situaciones futuras y, por sobre todas las cosas, amarrados a algo como el atletismo, que lo llevamos con pasión, con hidalguía. Porque el atletismo es un deporte que de alguna manera te toma o te deja, y cuando uno lo abraza es porque realmente ama también la vida y ama otras cosas que son positivas. Por, sobre todo, también ama el trabajo, porque el atletismo es eso: mucho trabajo, mucho sueño y, sobre todo, el vencerse a sí mismo, que es una concepción que siempre ha estado presente en el deporte, pero parece que en el atletismo se exacerba un poco más.
RV: Estamos con nuestro primer conferencista: Juan Luis Carter, un gran profesional del deporte y de la educación. Vicerrector de la Universidad de Los Lagos y docente de muchísimos cursos de extensión y de sus facultades.. En una oportunidad fue elegida como la Federación de Chile, la mejor de Suramérica. Nos va a presentar su ponencia sobre el atletismo universitario y escolar para Latinoamérica y el Caribe..
JLC: La verdad es que ya llevo mucho tiempo vinculado al atletismo, son 50 años. Primero como atleta, luego como entrenador. Hice desde el nivel 1 hasta el nivel 5 de la IAAF. Siempre bastante inquieto, tratando de alguna manera de buscar un espacio. Fui atleta de medio fondo, luego entrenador y finalmente seguí avanzando hasta terminar siendo dirigente en la Federación de Atletismo. Siempre miraba esa lejanía entre la universidad, lo académico, el método científico, las publicaciones, las revistas indexadas y lo que era el trabajo en la pista, porque yo hacía las dos cosas.
Yo decía: pero si son mundos que se encuentran fácilmente, porque lo que está haciendo en la pista el deportista y el entrenador es experimentar, poner a prueba, probarse. En el fondo, el método científico no es más que un ordenamiento de esos procesos que el ser humano vive. Sin embargo, se ve lejos porque el método científico es inclaudicable y, de alguna manera, se ha centrado en lo cuantitativo y no en lo cualitativo. Entonces, una de las cosas fundamentales es que el atletismo también se centra en la ciencia, pero también en el arte, en esa dualidad que creo es la fortaleza. Si alguien intenta decir que el atletismo es solo ciencia, se pierde una parte importante y no será el mismo atletismo. Si alguien intenta decir que es solo arte, sin duda se pierde la otra parte, la ciencia.
Hoy estamos frente a esa dualidad y voy a mencionar algo que fue muy importante en la planificación y en la decisión que tomamos como CEPALAC, que fue ir por el mundo de las universidades para abrir espacios para el atletismo. Lo hicimos basados en un análisis factorial de los 10 factores de mayor incidencia. Sin lugar a dudas hay uno donde es difícil intervenir, que es la gobernanza y el mundo político, que de alguna manera regula o autorregula lo que es la ecología de un sistema deportivo. En países donde hay un alto reconocimiento del deporte es más fácil que emerjan los talentos, pero también en esos lugares debe haber buena gobernanza. La cultura deportiva es lo más importante, pero con una buena gobernanza.
En segundo plano está el conocimiento. Los países que tienen más conocimiento son los que tienen mejores resultados deportivos, y ese factor sí nos atañe. El conocimiento en el atletismo, para mí, está en los entrenadores. Yo fui entrenador cerca de 40 años y la verdad es que ser dirigente es muy complejo. Es difícil, pero el entrenador es el que evoluciona en el conocimiento. La forma de administrar o gestionar más o menos se mantiene estable, los sistemas administrativos de gestión son similares, con más o menos riesgo, pero mantienen una estructura. En cambio, cuando se trabaja con el ser humano directamente, como es el caso de los atletas con los entrenadores, esto tiene otra dimensión.
Lógicamente, tomamos como propuesta la universidad y el conocimiento, porque ahí está la base. Escuchábamos a nuestro campeón del mundo y entrenador de campeones, nuestro marchador que está en India, Sergio López, quien estuvo en el ejército. El ejército tiene infraestructura para cobijar e incubar deportistas, pero las universidades no solo tienen infraestructura, además tienen el conocimiento y están más cerca de poder hacerlo. Entonces nuestro paso va por ese lado y también por los talentos, porque el tercer aspecto fundamental es precisamente el talento.
Si logramos juntar las escuelas, donde están los talentos, con un modelo en el que también estén las universidades, tenemos el conocimiento, los talentos, la infraestructura. Y después, fíjese que la densidad poblacional no es tan importante, el tamaño del país no es tan importante, el ingreso per cápita no es tan importante. Hay otros aspectos que son negociables, que se pueden cambiar, pero para eso se requiere también una forma de pensar.
Yo diría que la Federación de Chile, no sé si fuimos exitosos, pero la IAAF dice que sí, porque nos dio un premio y nos escogió como la mejor federación en un momento. Hoy miraba que hace 10 años la federación tenía 4.800 atletas inscritos y hoy, en la mañana, había 72.000. Eso es porque hay una plataforma que se puede medir y evaluar. Después comentaré a largo plazo, pero quiero cerrar esta introducción hablando de algo que es la planificación prospectiva.
¿Qué es? Es una metodología que busca anticipar el futuro mediante el análisis de tendencias y la exploración de escenarios posibles, con el objetivo de tomar decisiones estratégicas informadas en el presente. A diferencia de la planificación estratégica, que la mayoría usa y sigue usando, las grandes instituciones no tienen problema en aplicarla porque cuentan con los recursos y, con recursos, es fácil planificar. La planificación estratégica se enfoca en el presente y su relación con el futuro. En cambio, la prospectiva se centra en el futuro y en cómo este puede influir en el presente. Ese cambio de paradigma es lo que también en CEPALAC estamos mirando: desde el futuro hacia el presente.
De alguna manera aparecen conceptos como la anticipación. La prospectiva busca identificar posibles cambios y desarrollos futuros. Habla de escenarios. La planificación prospectiva habla de escenarios posibles. Y para cerrar esta parte, la planificación prospectiva, que es la que estamos trabajando y que asegura el futuro, habla de futuro, pero incorpora una palabra que es bueno considerar: los futuribles. Los futuribles son el mejor futuro posible. Cuando uno idealiza futuros es porque tiene un referente, y a lo mejor lo ideal es el modelo de Estados Unidos, o el de Alemania, u otro. Pero si hay tantos modelos, ninguno es ideal. Entonces, Latinoamérica tiene un mejor futuro posible: lo futurible.
Con esto cierro la introducción para que podamos avanzar. No sé cómo estuve en el tiempo, porque no miré.
RV: La primera pregunta es: Juan Luis, observo en su vida un mensaje para los profesores del deporte presentes, para los entrenadores, por sus grandes triunfos profesionales, donde usted une la educación, el deporte, la academia y el atletismo. ¿Qué nos dice al respecto?
JLC: Siempre pensé, mientras estaba en la universidad, que iba a ser entrenador de atletismo, como seguramente les pasa a muchos. Mi vida se volcó a eso, incluso no siendo un excelente alumno en otras asignaturas que no se relacionaban con lo que yo pensaba. No había posibilidad de ser entrenador de atletismo, no existía la carrera. Sí estaba la de profesor de educación física, que era la más cercana, y me inscribí. Por suerte encontré algunos socios aliados con quienes corríamos e intentábamos cambiar la universidad, aunque era muy difícil.
Posteriormente dejé trabajos de excelencia en instituciones privadas y me fui al liceo más popular de la ciudad donde vivía, en Temuco, porque tenía cerca de 3.000 estudiantes. Yo sabía que había talento ahí y acepté una renta bastante menor que la que recibía. Eso se puede llamar un sacrificio, pero era el paso que tenía que dar para avanzar hacia lo que quería.
Me encontré con un entrenador en Chile, que era el único que vivía del atletismo y era muy buen entrenador. Ese fue un poco mi referente: Jorge Groser. Él vivía de eso y tenía muy buenos atletas, y ese fue el primer paso.
Posteriormente me di cuenta de que en el colegio no incidía tanto como en la universidad. Entonces dije: voy a buscar trabajo. El primer contrato que conseguí fue en la Universidad de La Frontera. Fui a ofrecerme a trabajar ad honorem, y me dijeron que existía el contrato anual, pero no recibiría un peso. Respondí que no importaba, que quería estar en la universidad, escuchar, aprender. En el tiempo libre había muchos cursos gratis y siempre los tomaba.
Fui haciendo esta especie de pasos donde nunca había recursos, entonces me tenía que ganar la vida trabajando en gimnasios muy temprano o muy tarde, con horarios que no coincidieran, siempre con lo justo. Creo que muchos entrenadores hacen eso. El mensaje que les doy es que siempre hay que dar pasos como en el entrenamiento de atletismo: en un período básico uno pierde la forma, pero es para ganar la forma. Para saltar hacia adelante en salto largo, uno increíblemente avanza hacia atrás. Y la vida está hecha así. En ese círculo es donde se aprende a vivir.
El atleta lo sabe muy bien, y uno también. Entonces, mi mensaje es que uno debe hacerse cargo de sus sueños, porque si no lo hace, cualquier cosa se hará cargo de uno. Tengo 65 años, 45 haciendo clases, y repito lo mismo: no me equivoqué ni un segundo. Es lo que elegí y lo que pensé hacer.
RV: Relátenos, muy brevemente, los titulares de esos grandes éxitos que usted ha entregado. Reitero, como entrenador que es, en su profesión primigenia. Eso, indudablemente, es de orgullo y de estímulo para todos los entrenadores y profesores de Latinoamérica.
JLC: A veces no son comparables los logros de unas personas con otros, pero debo decir que tengo varios campeones sudamericanos en diferentes categorías, récords chilenos, alrededor de 20 o 30 en distintas categorías, atletas en Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos, campeonatos del mundo y así sucesivamente. Con el tiempo, todo eso me pareció que era parte de lo que uno debía hacer.
Lo que más contento me tiene es que siempre tuve una gran relación con mis deportistas hasta el día de hoy. También siento que hubo mucha gente que me ayudó a llegar ahí, sobre todo colegas que fueron muy solidarios conmigo en la enseñanza.
De todas maneras, Ramiro, y amigos y amigas que están conectados, una de las cosas que siempre me incentivó fue ir hacia adelante y transformar el que diría es el más individual de los deportes, el atletismo, en algo colectivo. Así fue como salimos 4 o 5 años campeones nacionales universitarios con una universidad de región que era muy pequeña. Y los dos últimos campeonatos que se hicieron en Chile por clubes los ganaron clubes donde yo dirigí y creé: uno fue la Universidad de Los Lagos y el otro el club Peñquen. Desde regiones, siempre demostramos que se podía, aunque Santiago concentra casi el 50 % de la población y más del 50 % de las pistas del país. Era muy difícil competir, pero desde una región pequeña se podía.
Siempre tengo presente algo que me marcó. Cuando hablo con el rector de la universidad, al elegirla, no lo hice porque tenía mejores indicadores académicos ni más años de acreditación. La elegí básicamente porque Osorno era una gran ciudad para entrenar, la elegí por el atletismo, cosa que otro hubiese elegido por lo académico. Y le digo al rector: ¿cuántos cupos tiene la universidad para inscribir alumnos de primer año? Me respondió: alrededor de 1 000. Y ¿cuántos llenamos? Era una universidad que estaba comenzando y me dijo: 775. Entonces pregunté: ¿qué hace con los otros cupos? Y respondió: bueno, no se llenan. Yo le dije: esas sillas están desocupadas, y si yo siento deportista ahí, siento atletas ¿Cuál es el costo para la universidad? Me quedó mirando y me dijo: ninguno. Bueno, conseguimos muchas becas para atletas que ocuparon esas sillas, también gente del arte. Me puse a pensar que las cosas había que hablarlas y decirlas luego. El concesionario del casino se entusiasmó al ver tanta gente y dijo: yo voy a poner la comida. Logramos que vivieran en cuatro casas, cinco juntos, y salimos campeones. Empezamos a ganar los campeonatos nacionales a la Universidad de Chile, a la Universidad Católica, a todas las grandes. Era tan sencillo como dar ese paso y la universidad se abrió.
A mí lo que me queda de esa última parte de mi vida, más allá de sacar campeones, es otra cosa. Para sacar campeones hay que tener un talentoso y hay que tener medios y recursos. Pero hacer un movimiento que de alguna manera cambie la historia es lo que siempre me motivó. Siempre me motivó hacer cambios de la historia. Si me preguntan, yo creo que el sistema funciona a media máquina, que es como más le conviene al sistema y a todos los sistemas que tienden a establecerse en el tiempo. Cuando hacen regularidad, si usted acelera el sistema, el sistema se frena. Entonces hay que ir por el lado del sistema, entrar al sistema, salir del sistema. Eso es un poco lo que hace la planificación prospectiva, que busca la anticipación. La prospectiva identifica los posibles cambios, el desarrollo futuro y permite a la organización y a las personas prepararse para eso, para los futuros.
Habla de escenarios, porque utiliza varios escenarios posibles que se pudiesen dar y analiza diferentes trayectorias que puede tomar el futuro. Un candidato de izquierda, un candidato de derecha: no es lo mismo en Latinoamérica, porque son ideológicos y por lo tanto tienen más o menos apoyo al deporte, o lo hacen de determinada manera. Eso uno lo puede anticipar. No es tan difícil porque la prospectiva habla de modas, habla de olas, habla de tendencias. Hay que mirar con otro ojo. Si las organizaciones están para mantener el statu quo, la regularidad, y esperamos eso, Latinoamérica seguirá en la misma posición. No se pierde nada con arriesgar, porque no vamos a retroceder.
RV: Maestro Carter, usted inspiró desde la Federación de Chile en sus 10 años algo que para Latinoamérica y para nosotros, como CEPALAC, es muy importante: la red nacional de entrenadores y esa base de datos muy importante de carnetización de atletas participantes en todos los eventos en Chile, una cosa que es admirada internacionalmente. Ambos resultados, por favor, tenga la bondad de describirlos.
JLC: Sí, claro. Uno observa cómo las universidades lideran el territorio y las comunidades en tecnología, en ciencia, en conocimiento. Yo veía cómo la universidad iba certificando procesos y procedimientos. Muchos años atrás, en 1991, estuve en Cuba y me hablaron de informática, que era muy sencilla, pero tenía que ver con agrupar datos y poder proyectar hacia el futuro. Posteriormente llegó todo lo que tiene que ver con la tecnología.
Lo primero que hice cuando estuve en la federación fue querer tener una plataforma que manejara los datos, que permitiera observar, estudiar y analizar de la mejor forma. Intenté, me equivoqué varias veces, pero finalmente terminamos asociándonos con una plataforma que hoy usa la Federación y que creo también está usando Ecuador. Esa plataforma, al final de año, entrega los reportes que uno desee: tendencias, ubicaciones, cantidad de entrenadores, cantidad de atletas. De alguna manera permite anticipar y ver en qué regiones sube la actividad, dónde hay más entrenadores o más atletas.
Esa plataforma se usa en todo el país. Por ejemplo, los colegios la utilizan. Y al usarla, todos los colegios quedan registrados, aunque sus niños no pertenezcan al mundo federado. Así aparece una cantidad enorme de talento que fácilmente se puede identificar porque están sus datos: domicilio, colegio, ciudad donde viven. Por eso hablé de los 72 000 registrados que aparecieron hoy.
Creo que, si Latinoamérica y los entrenadores logran tener una plataforma común, esto será una gran explosión. Pero no sacamos nada con tener talento si no tenemos entrenadores. También hay que reconocer que muchos de nuestros entrenadores están en Estados Unidos, India, Bahréin. Esos entrenadores de alguna manera pueden ayudarnos y volcar sus conocimientos a esta plataforma.
Lo básico de esta red es dar origen a una federación universitaria. ¿Por qué? Porque uno debe, de alguna manera, seducir a la universidad. La universidad tiene propósitos, pero no olvidemos que fueron creadas por la sociedad. Esa lógica universitaria de autonomía del conocimiento, de libertad de cátedra, fue creada por la sociedad. Y la universidad tiene una misión: no puede darle la espalda a un atletismo organizado con fuerza, que tenga talento, que esté vinculado a mucha gente pobre de escasos recursos. Si tienen la posibilidad de usar su talento para entrar a la universidad, se produce un cambio social profundo y rotundo. La universidad no puede negarse a una buena propuesta.
Y más que los dirigentes, los entrenadores son quienes pueden hacer esa propuesta. Ellos son el motor de cambio. La responsabilidad de esta bonita misión está en ellos, aunque tenemos que unirnos. Debemos unirnos de alguna manera y presentar proyectos. Hay varios que pueden ganar mucho con esto, porque hay entrenadores con doctorado, con maestrías, que deben estar vinculados a universidades. Muchas universidades quizá no tienen atletismo, pero hay que ir con el proyecto.

Por ejemplo, en Costa Rica, alguien podría decir: soy miembro de CEPALAC, que tiene un proyecto, y ese proyecto puede interesarle a la universidad. Ahí estará el respaldo de todo lo que tenemos, porque hemos juntado mucha evidencia de la cantidad de estudiantes universitarios en Latinoamérica. La cantidad de universidades que tiene el atletismo hoy se puede obtener vía inteligencia artificial, con un banco enorme de datos. Eso es lo que nosotros, como CEPALAC, tenemos que separar y poner a disposición de ustedes. Entonces, básicamente, Ramiro, la idea nuestra es trasladar este centro de pensamiento a una gestión del conocimiento de entrenadores. Los entrenadores van a gestionar el conocimiento para ver resultados.
Lo que mirábamos en los entrenadores de excelencia que se han entrevistado es que tienen una característica: se autogestionan. Son entusiastas y en el fondo son gerentes de su propio proceso. Eso no tengo duda. Creo que hoy también el perfil del entrenador con el cronómetro en la pista, esperando que lleguen los atletas o los patrocinadores, ya quedó traspasado en el tiempo. Ese perfil se va quedando atrás.
RV: Hace un año estábamos en París, en el consulado de Colombia, y creándose CEPALAC entre dirigentes de Chile, que encabezaba usted, de Ecuador Manuel Bravo, de Uruguay Marcos Melazzi, de Honduras Calixto Sierra y de Colombia quien habla.
Usted, como gestor de CEPALAC, nos decía que había que combinar la teoría con la práctica en las pistas, definir el conocimiento válido. Ese es el objetivo de la red en CEPALAC para el atletismo universitario, para el deporte universitario y escolar. ¿Cómo lo proyecta hoy con este grupo tan selecto que ya creció?
JLC: Mira, yo creo que aquí, cuando uno habla de métodos y metodología, puede escoger lo cuantitativo o lo cualitativo, pero también puede hacer una mixtura. Cuando se unen ambos es cuando cualquier propuesta gana fuerza, porque tiene sustento teórico y, además, evidencia real. Tenemos que trabajar la intervención para mejorar algunos aspectos y eso implica un levantamiento, un diagnóstico país por país con cada entrenador, en el lugar donde entrena, para ver la realidad de cada contexto.
La realidad de Ecuador, Chile, Perú o Argentina es diferente porque el territorio y la gobernanza son distintos, pero los entrenadores somos iguales y los talentos también. Hay cosas que se pueden replicar, pero la estrategia debe cambiar. Esperamos que cada país tenga su propia organización de entrenadores, que dé origen a una federación más grande: la Federación Latinoamericana. ¿Por qué? Porque en el fondo van a poder autorregularse.
Algunos dicen: “pero es que World Athletics o el Comité Olímpico…”. Sí, todos son importantes porque son socios estratégicos que nos encontraremos en el futuro. Pero si yo parto tocando en la casa del rey, lo más lógico es que no me abran la puerta. En cambio, si comienzo con otras acciones antes, es más fácil obtener el espacio. Y lo que vamos a hacer es eso: los países más pequeños, los que tienen menos, deben ser los más beneficiados con nuestra acción solidaria. El conocimiento compartido es lo que finalmente engrandece a la humanidad.
Muchas veces el conocimiento se ocultó, fue de unos pocos. Hoy se abre y está en las redes sociales. El problema es que no sabemos cuál es conocimiento válido, y eso tiene que ver con la gestión y la teoría del conocimiento. Atendiendo tu pregunta, Ramiro, nosotros tenemos que ir a la pista a investigar. Puede ser que eso quede después explícito en un papel, que tiene un valor científico para la universidad. En mi país, por cada publicación la universidad recibe recursos económicos y entrega un porcentaje al investigador. Eso puede ser interesante por ese lado.
Pero por otro lado está cómo ese conocimiento, investigado desde la universidad, vuelve para ayudar al deportista a mejorar. No puede quedar solo en la investigación. Esas duplas entrenador–científico y científico–entrenador son las que queremos lograr. He conversado con colegas que son más científicos que entrenadores, y me han dicho: nosotros encantados, nos comprometemos a trabajar con un grupo de entrenadores porque nos interesa.
Pero para eso hay que preparar a los entrenadores para que puedan levantar datos, entregar información y subirla a una plataforma. Ya ni siquiera hay que reunirse tanto, se puede subir todo en línea. Ahí construiremos esta simbiosis entre lo práctico y lo teórico.
RV: A ver, profesor Juan Luis Carter, para precisar, ¿qué brechas encuentra Latinoamérica y el Caribe para formar y capacitar entrenadores hacia ese deporte universitario altamente competitivo?
JLC: Lo que pasa es que cuando hablas de países, hablas de sistemas que ya no quieren cambiar, simplemente los perfeccionan y los ajustan. Nosotros, en cambio, muchas veces queremos cambiar el sistema y hay que hacerlo. Entiendo que Chile alcanzó cierta estabilidad política. Todavía hay diferencias y enfrentamientos entre los políticos, algunos reales, pero existe estabilidad en la lógica económica, en la matriz productiva, en el intercambio interior y exterior, en exportaciones e importaciones. Hay cierto equilibrio.
Por lo tanto, es más fácil poder trabajar e instalar un sistema universitario como el de Estados Unidos, Alemania o España. Pero el primer factor de incidencia es la estabilidad social, la paz social de los países. Si no se ve alterada, es posible avanzar. Muchas veces se hace inversión en el deporte para combatir otras cosas, como la droga, el crimen o la salud. Entonces el deporte cambia de lógica.
Las universidades, cuando forman ciudadanos, deben formar ciudadanos modelo. En los países con desarrollo, el deporte es parte del modelo. En Estados Unidos, por ejemplo, uno se pregunta por qué luchan tanto en mantener sus campeonatos universitarios. Podrían limitarse a formar ingenieros, abogados o arquitectos, pero mantienen el deporte porque tiene que ver con el carácter humano: intentar dar lo mejor, conocer los propios límites, y en los deportes colectivos, aprender a formar equipo. El deporte cumple un rol fundamental, y el atletismo competitivo en las universidades tiene un valor inmenso.
Mis alumnos me decían: “Profesor, nunca olvidamos que usted nos enseñó a correr o a tomar agua como se debía, cosas básicas que seguimos haciendo siempre”. Eso no pasa en los deportes colectivos, que requieren de más de una persona para ejecutarse. El atletismo, en cambio, es un deporte netamente universitario y netamente formador. Todos los deportes lo son, pero el atletismo, por ser la base y el origen, lo es aún más.
Las brechas en nuestra región están dadas en ese primer factor: el sistema. En un segundo nivel está la formación de entrenadores. Me acuerdo que a Turquía le preguntamos cómo se formaban y respondieron que, con su propio sistema, con cursos dentro de la universidad y conferencias. Nosotros podemos hacer lo mismo, pero las universidades no lo harán si no tienen un socio estratégico como esta red de CEPALAC. Debemos transformarnos en ese socio estratégico.
¿El costo? Muy poco, quizá nada. Estoy seguro de que habrá patrocinadores interesados. Y debemos pensar en prospectiva. La prospectiva apunta a 20 años. Si queremos resultados inmediatos, claro que los podemos obtener, pero la red de CEPALAC debe estar funcionando de aquí a fin de año. Eso nos dará 19 años por delante. Y como miramos hacia el futuro, si el viento sopla favorable avanzaremos más rápido. La planificación normal no contempla eso. Nos dice: en 4 años avanzamos 3. La prospectiva dice: si el viento es favorable, avanzamos 10; si es en contra, cambiamos el plan.
Podemos avanzar no solo en la red universitaria, también en la red escolar. La gracia es conectar talentos. Las universidades deben aliarse con colegios cercanos geográficamente para apoyar su desarrollo y que los jóvenes el día de mañana sean estudiantes universitarios.
Recuerdo algo que me marcó. Un jefe de deportes de una universidad me decía: regalemos diplomas a los niños para que los lleven a sus casas. En las familias más humildes, ese diploma será puesto en el lugar principal, lo verán a diario y será lo único valorable que tengan. Eso motivará a muchos a ir a la universidad. Y no estaba equivocado, porque muchos niños de esos programas llegaron a la universidad.
Creo que hay pasos sencillos y básicos que no se han dado porque no nos hemos unido. En la medida en que nos juntemos, sin duda haremos una fuerza muy superior a la que cada uno puede lograr individualmente.
RV: Entonces, para la siguiente pregunta, lo que buscamos con este Encuentro de Entrenadores y Profesores es que podamos involucrar más a las universidades en la producción de conocimiento, en fisiología, en la detección de talentos deportivos, en esa combinación que usted ha vivido entre lo teórico y lo práctico, lo académico y el atletismo. ¿Cómo podríamos mejorar ese rol, Juan Luis?
JLC: Mira, cuando llegó la democracia a Chile, en la región de La Araucanía, donde yo vivía en ese tiempo, que era la más pobre del país, nos atrevimos a presentar algo que nadie pensó: un plan piloto para alto rendimiento. Sin saber mucho, lo presentamos porque nos atrevimos, y nadie en Chile había presentado un plan de alto rendimiento porque nadie se sentía digno de hacerlo. Finalmente, Santiago reaccionó tarde, cuando se dio cuenta de que el plan había sido asignado a nuestra región. Y, por lo tanto, tuvimos que hacernos cargo de un plan piloto de alto rendimiento. Tuvimos mucho apoyo del gobierno porque conocimos todos los sistemas de detección de talentos que había en ese momento: el australiano, el cubano. Vinieron profesionales de Cuba a asesorarnos sobre la detección de talento. Conocimos cómo funcionaba en Estados Unidos, en España, y nos dimos cuenta de que finalmente esta es una teoría.
La teoría de detección de talento sin duda tiene ventajas, pero también cosas en contra, porque hay ciertas lógicas que aceleran procesos. Descubrir un talento es más simple que desarrollarlo. ¿Cómo se entrena un talento? ¿Cuál es su nivel de entrenabilidad? Hay algunos que responden rápido y muy corto, no mejoran más. Otros van lento y mejoran después. Está también el tema de las etapas sensibles del desarrollo motor, de cuándo entrenar cada capacidad.
De talento se puede hablar mucho. Tenemos aquí a nuestros hermanos cubanos, a varios países, en Brasil también. Yo sé que trabajan talento. Sé que hay gente ahí que podemos contactar en una red. Entonces lo que tenemos que hacer es generar pequeñas redes dentro de la gran red: una red de detección de talento, porque hay especialistas. Es muy importante que la gente conectada sepa qué le interesa, por dónde ir, porque todo esto va sumando dentro del proyecto.
RV: Era la fisiología.
JLC: Bueno, la fisiología. Yo llegué a esta universidad y ahora estoy dando clases de fisiología. Lo comprobé varias veces, y quizá a muchos les ha ocurrido: los que trabajamos en deportes colectivos, como fútbol profesional o básquetbol, nos damos cuenta de que los del atletismo sabemos más de fisiología. Nos interesa más y estamos más metidos en la planificación. Hoy todos los deportes se han profesionalizado, pero creo que ahí hay un área clave.
Escuché muy bien la charla de nuestro segundo invitado y la compartí con mis estudiantes porque estaba completísima. La fisiología sigue siendo la misma: la célula funciona igual, las mitocondrias siguen generando energía, el oxígeno hace lo mismo. Pero hay situaciones que uno no logra conocer del todo y los grandes éxitos que hoy se tienen demuestran la importancia de ese campo.
El otro día, en un reconocimiento a los ciclistas colombianos, los comentaristas decían que la puesta a punto de los ciclistas era un problema porque usaban muy poco los laboratorios y no tenían seguimiento. En Europa todo está controlado y alcanzan un nivel superior. Ahí las universidades tienen un papel clave: todas tienen laboratorios, aunque no tengan carreras de educación física o deporte. Con herramientas sencillas, como un calorímetro, se pueden obtener excelentes resultados.
Creo que hay que instalar laboratorios accesibles, con convenios, para que los atletas puedan usarlos. Eso lo deben hacer las universidades, nadie más.
RV: Sería muy importante que nos dijera cómo percibe la tecnología en ese gran objetivo: el software de biomecánica en tiempo real y la inteligencia artificial que nos va a ayudar en este proceso de mejoramiento y transformación del entrenamiento deportivo.
JLC: Hoy hay tantas posibilidades con la tecnología. Si uno mira los softwares de inteligencia artificial, ya se usan popularmente y cada vez son más específicos por área profesional. Hay herramientas como el machine learning, capaces de cruzar todas las posibilidades factibles para obtener un resultado.
Los profesionales que no usen la tecnología o la inteligencia artificial quizá no quedarán sin trabajo, pero recibirán menor remuneración que quienes la usen y tendrán menos posibilidades laborales. Cuando uno se mete en este mundo de la innovación y la tecnología, se da cuenta de que muchas cosas son a nivel de usuario y simples de usar.
Yo no pienso que sea inteligencia artificial. Creo que es una extensión de nuestra inteligencia, así como el que salta pértiga logra superar 6 metros porque tiene una extensión de su cuerpo. Pienso que la inteligencia artificial es la proyección de nuestra inteligencia, porque la hemos creado nosotros. Uno debe entrar en esa lógica.
Yo me entretengo haciendo ejercicios y probando estas herramientas. Creo que hoy los entrenadores pueden hacer cualquier análisis. No siempre son certeros, hay que corregirlos, no siempre son lo que uno quiere, pero increíblemente se gana en tiempo y en velocidad. La primera vez que la usé fue hace dos o tres años para una planificación. Me sorprendió, aunque tenía errores. A simple vista no parecían, pero ahí entendí que hay que validar todo.
La inteligencia artificial no está en la pista recogiendo datos, ni midiendo la velocidad de desplazamiento. Pero sí se puede usar para relacionar variables como velocidad, desplazamiento y capacidad de salto. Entonces puedo crear mis propios atributos, mis propios procedimientos y delinear lo que quiera en la proyección futura de mi profesión.
RV: ¿Cómo proyecta el uso de todo ese desarrollo tecnológico, fundamentalmente en el uso de algoritmos en el análisis de rendimiento deportivo, a la luz de la mirada pedagógica y humana que usted lidera en la enseñanza y el humanismo?
JLC: Sí, mira. Yo había compartido que uno de los invitados que no pudo estar es médico especialista en esto. Él se comprometió a dar la charla más adelante para conversar más en profundidad. Pero yo siento que el ser humano no puede perder el sitial que la naturaleza le entregó. Con un cuerpo pequeño, con una velocidad limitada, con energía limitada, frente a otras criaturas ha sobrevivido y ha dominado. Entonces uno debe partir por el ser humano.
Es como cuando en una conferencia con profesores de Uruguay, España y Brasil hablamos de innovación, inclusión y evaluación, temas propios de la pedagogía. A mí me pasó en una clase de fundamentos de la educación física: decidí partir al revés. No comencé por la teoría, sino por la construcción del ser humano. Les pedí a los estudiantes que contaran por qué habían llegado a la carrera, quién había incidido en ellos, quién había sido el mejor profesor que habían tenido. Fueron eligiendo y construyendo elementos que yo dejé como base.
Al final construyeron un perfil de ellos mismos hacia el futuro, y luego lo relacionaron con una teoría y un paradigma. Vieron en qué paradigma encajaban, y a partir de ahí incorporaron la tecnología. Llegamos a una teoría, pero dimos vuelta al sistema. Yo creo que es hora de dar vuelta al sistema: primero el ser humano, luego la tecnología, que es como la pértiga para ir más lejos.
La velocidad la mido yo. La ambición puede llevar al exceso, pero ahí también está la sabiduría. Si el ser humano naciera sabio, no tendría tantos problemas. Pero para volverse sabio hay que hacer dos cosas: escuchar y aprender. Cuando uno aprende, lo demás viene solo. Lo difícil es aprender. Y eso es lo que tenemos que hacer aquí en este proyecto: aprender del otro, escuchar. Hay mucha gente que usó la tecnología y se equivocó, mucha gente que acertó. Escuchar las buenas prácticas de entrenadores en México, Costa Rica, Uruguay. Eso es compartir buenas prácticas.
Finalmente compartamos nuestras buenas prácticas. Todos tienen éxitos. Así como me dices que fui exitoso, estoy seguro de que todos aquí lo son. En la planificación prospectiva no existen errores, existen fallos, pero no errores.
RV: Usted, que ha sido un líder para que CEPALAC tenga un ecosistema digital donde los análisis del deporte y el rendimiento de los atletas sean colectivos entre los entrenadores, compartiendo videos, ¿cómo proyecta ese ecosistema?
JLC: Aquí hay especialistas en eso, más expertos que nosotros. Ellos deben ayudarnos a crear un banco de información de acceso universal, que todos puedan consultar. Necesitamos un especialista, un técnico, un ingeniero que esté a cargo de ese proceso de almacenamiento de datos, minería de datos, lo que se llama data science. Debemos recoger datos, almacenarlos y después usar software que proyecten lo que uno necesite.
Lógicamente tendremos que capacitarnos en almacenamiento y uso de datos. Para eso está CEPALAC. Así como fuimos capaces de hacer este encuentro, vamos a crear un diplomado accesible, objetivo y, sobre todo, ajustado a la realidad latinoamericana, en español, que sea útil incluso en una pista de tierra donde entrena poca gente con un entrenador. Todos deben tener la misma posibilidad.
Lo que tenemos que hacer es reconocernos, crear instrumentos y tener la capacidad de recibir datos de todos. Eso no se ha hecho en el mundo. No lo han hecho africanos, ni asiáticos. ¿Por qué? Porque los dirigentes no lo harán. Yo soy dirigente, pero sé que la lógica de los dirigentes es otra.
RV: Hablemos de esa unión entre dirigentes altamente preparados en la mayoría de continentes y las universidades de Latinoamérica y el Caribe, que están muy enfocadas en recibir este tipo de ayudas y experiencias globales. Sumado a la red de profesores con certificación, ¿cómo visualiza eso finalmente, Juan Luis?
JLC: El otro día comentaba que el presidente de World Athletics, Sebastián Coe, es patrono de la Universidad de Loughborough, una de las cinco universidades que más investigan en atletismo y producen ciencia en este campo. No solo está presente él, también la campeona de maratón y la mayoría de los atletas ingleses han pasado por esa universidad.
Para los europeos eso no cuesta nada, porque su diferencia no está en la universidad como institución, sino en el conocimiento que se genera desde ella. Nosotros también tenemos laboratorios en comités olímpicos o centros de entrenamiento, aunque solo uno por país. Pero universidades tenemos muchas más.
Eso puede ayudar a que universidades que no tienen espirómetro, calorímetro o analizadores de gases, a través de convenios con la organización que vamos a crear en cada país, puedan acceder a esos equipos con apoyo gubernamental o regional. Las universidades van a encontrar eco en esta organización.
Atendiendo a tu pregunta, Ramiro, debemos mirar el benchmarking de universidades que tienen desarrollo. No es casualidad que estén en países desarrollados. Pero nosotros tenemos que invertir la lógica. Podemos ayudar al desarrollo de nuestros países si logramos que las universidades se desarrollen en atletismo. Ese es nuestro aporte. No vamos a ir a pedir, vamos a ir a dar.
Cambia la lógica. Antes uno pedía: “Quiero becas para mis deportistas, necesito dos becas”. Eso ya no funciona. ¿Qué pasaría si en una entrevista con el rector, en lugar de pedir, uno va a ofrecer? Ofrecer más estudiantes, ofrecer representatividad, ofrecer trabajar juntos para tener un mejor laboratorio para evaluar deportistas. Esa es la otra mirada: cambiar la lógica del pedir por la lógica del dar.
RV: ¿qué manera proyecta el legado Juan Luis de CEPALAC 2025 para influir en el desarrollo del atletismo universitario, escolar, y del deporte olímpico en la región?
JLC: Yo lo proyectaría en tres partes. Primero, una red sólida en la base, que es la que estamos trabajando, para llegar a constituirnos en federaciones de país y en una federación latinoamericana que trabaje de la mano con los comités olímpicos, con World Athletics y con las federaciones nacionales tradicionales.
Segundo, trabajar con las universidades, desde la lógica de generar conocimiento y capital humano preparado, a través de másteres o doctorados. Yo busqué y encontré varios másteres en fútbol. Puede ser un magíster para mejorar el conocimiento de la profesión o para la investigación, que es lo que tenemos que explorar. Hoy ya tenemos dos universidades patrocinando.
Y tercero, remover la esencia de la actividad en los niños, con actividades masivas como millas urbanas y corridas. Hoy, curiosamente, cuando no cobraban, nadie corría en la calle, y ahora que cobran, todos corren. Hay una lógica del espectáculo, pero si reunimos fuerzas y hacemos copartícipes a todos los que corren, lograremos mucho. Nuestra institución no tiene fines de lucro, y mientras pueda hacerse sin costo, se hará siempre. Ese es nuestro propósito.
Entonces el legado debe ser: conocimiento, capital humano, formación de títulos que refrenden ese conocimiento y grandes festivales. En Chile ya probamos un campeonato universitario abierto. Invitamos a alumnos universitarios directamente, pagando una cuota mínima. Llegó una cantidad enorme de estudiantes, bastaba con que mostraran su carné universitario. Vimos que había un mundo por explorar.
Hoy, FISU organiza Juegos Olímpicos universitarios y competencias selectivas, pero muchas veces aprovecha lo que hacen los federados. No siempre son los mejores atletas, sino los mejores que estudian. Además, FISU y las universidades no tienen sistema en la mayoría de países. Si nosotros les damos un sistema, por básico que sea, será mejor de lo que existe actualmente. Brasil tiene una excepción, pero los demás estamos en el aire.
Conozco bien esos sistemas. Fuimos a Ecuador, a Brasil, a varios sudamericanos, y la realidad es que hoy no hay nada. Por lo tanto, lo que hagamos será potente y dará el salto que se requiere.

