El anuncio presidencial de acudir al Fondo Monetario Internacional FMI con el propósito de solicitar un nuevo préstamo internacional, conlleva en términos generales un mayor endeudamiento y por tanto más dependencia económica y financiera del país respecto de dicha entidad, que supedita tal operación a determinados requisitos crediticios que tienden a agravar la situación de los países que contraen tales préstamos.
No obstante, hay quienes consideran que el anuncio constituye una buena noticia para el país en tanto, que el gobierno debe elaborar un plan riguroso que dé confianza y permita sortear las dificultades que se presentan en el mercado con ocasión de las alzas en las tasas de interés y de los procesos de devaluación de la moneda, con los cuales se afectan los pagos de la deuda a corto plazo lo que conlleva a la necesidad de una nueva refinanciación.
La raíz del déficit fiscal es producto del desequilibrio entre los ingresos y los gastos que crecen con la deuda pública, ligada a la contratación oficial y al aumento del gasto de funcionamiento que realizan los gobiernos de manera irresponsable fiscalmente.
Aunque el presidente De La Espriella ha manifestado públicamente que en este caso su gobierno no acudirá al Congreso de la República para que le apruebe una nueva reforma tributaria, lo cierto es que tendrá que hacerlo, ya que no basta con reducir el gasto en materia de funcionamiento del Estado recortando la creciente burocracia y el propio gasto social, lo que podría desatar toda una rebelión contra el gobierno de turno.
Cualquier decisión que se tome con respecto al FMI, dependerá en buena medida de las condiciones impuestas por dicha entidad a las cuales tienen que someterse los gobiernos, tal como ha sucedido en el pasado, cuando los gobernantes han acudido a dicha institución.
No hay que olvidar que los acuerdos crediticios y financieros con el FMI y los gobiernos colombianos, poco o nada han contribuido a lograr un crecimiento y desarrollo económico independiente, en tanto sí han servido como instrumento de presión y de avasallamiento, con los cuales se aprovecharon los grandes monopolios y multinacionales que hoy dominan el mundo capitalista globalizado.
La libertad e independencia del país de esta especie de “colonialismo financiero” debe llevar a las fuerzas democráticas del país a luchar conjuntamente con las fuerzas de otros pueblos y países en busca de una nueva forma de financiación que permita el desarrollo económico basado en la cooperación y la ayuda mutua acordes con sus intereses y necesidades, más allá de las diferencias existentes entre los gobiernos y países desde el punto de vista del crecimiento y desarrollo económico, político y social.
ADENDA: Han transcurrido diez años desde que mayoritariamente el pueblo colombiano a través del plebiscito votó negativamente el Acuerdo de Paz suscrito entre el gobierno del presidente Santos y el representante de las FARC-EP Rodrigo Londoño “Timochenko”.
Este hecho, sin embargo, no fue suficiente para impedir que entrara en vigencia el mencionado acuerdo de paz en el que participaron los representantes de la clase dirigente del país, que finalmente lograron desmovilizar y desarmar a la guerrilla sin que se garantizara hacia el futuro una paz estable y duradera, al tiempo que continúa incrementándose la violencia en varios sectores del país.
En la actualidad existen más de 20.000 hombres armados que desafían permanentemente al Estado y a los colombianos, amenazando de esta manera la posibilidad de la paz, mientras que el actual presidente de la república decidió adelantar una ofensiva militar con ayuda tecnológica de los Estados Unidos de Norteamérica en la convicción de que por ese camino logrará pacificar al país. Circunstancia ésta, que ha sido aplicada en ocasiones anteriores, en tanto, el pueblo colombiano sufre los efectos de una violencia recurrente que tan solo le ha traído sangre, dolor y lágrimas.