El 10 de agosto de 2026, Cali y el Valle del Cauca enfrentaron un sismo que convirtió la amenaza sísmica en una experiencia concreta. A las 7:34 de la mañana, el movimiento de magnitud 7,4 dejó daños en edificaciones, afectaciones humanas y una pregunta inevitable sobre la capacidad de la ciudad para resistir un terremoto.
Familias fuera de sus viviendas, edificios afectados y municipios golpeados revelaron que el riesgo sísmico no era una hipótesis académica, sino una realidad. “Todo el mundo sigue hablando todavía del terremoto”, relató Ramiro Varela en La Lupa Urbana. La conversación cotidiana de Cali cambió.
Pero mientras la ciudadanía intentaba comprender lo ocurrido, la ingeniería comenzó otra tarea: identificar las causas, evaluar daños y establecer qué debía hacerse después. La Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle asumió una participación importante en ese proceso. Su director, el Ing. Albert Ortiz Phd, explicó que fueron “casi dos meses de largo trabajo”, desarrollado en tres escalas: institucional, local y departamental, entre científicos, académicos, profesionales, profesores y estudiantes.
Un Encuentro de ciudad, donde también acompañó la estudiante de 10º semestre de Ing. Civil y Geomática de Univalle, quien participó en la identificación y evaluación de los daños por el sismo.
Ingeniería aplicada directamente sobre la emergencia
La primera tarea consistió en revisar las propias instalaciones de la Universidad y capacitar al personal para realizar inspecciones. Posteriormente, los equipos salieron a Cali para apoyar las evaluaciones solicitadas por las autoridades y participaron en reuniones con la Secretaría de Gestión del Riesgo de alcaldía.
La tercera escala fue regional. Grupos de ingenieros viajaron a diferentes municipios del Valle para realizar inspecciones y evaluaciones. La magnitud de la participación fue considerable. Dos jornadas iniciales de capacitación reunieron alrededor de 170 personas: 130 en una sesión y aproximadamente 40 en otra,
Ortiz hizo una precisión importante: “Ellos empezaron a trabajar como voluntarios, pero voluntarios técnicos muy capacitados”. Después, los grupos de campo estuvieron integrados aproximadamente por 20 o 30 personas en las misiones locales y alrededor de 20 profesionales por municipio en diferentes jornadas departamentales.
La Universidad, en medio de la emergencia, puso conocimiento científico y capacidad humana al servicio de una ciudad y de una región que necesitaban respuestas.
La vulnerabilidad no estaba solamente en el terremoto
La evaluación técnica permitió identificar diferentes patrones de daño. Ortiz explicó que se trató de un sismo de subducción, profundo, ubicado aproximadamente a 100 kilómetros de profundidad. Pero la respuesta de las edificaciones no fue uniforme.
En Cali hubo edificaciones colapsados, daños tanto en edificios como en viviendas, incluyendo agrietamientos y afectaciones de elementos no estructurales.
En los edificios colapsados estudiados, el experto identificó una característica recurrente: muchos correspondían a sistemas aporticados, estructuras relativamente flexibles, construidas en períodos en los que el conocimiento de la amenaza sísmica de Cali era diferente al actual.
Aquí aparece un elemento fundamental para entender la vulnerabilidad urbana: una estructura no puede evaluarse separadamente del momento histórico en que fue diseñada y construida. Ortiz recordó que el Código de 1984 se desarrolló bajo una caracterización de amenaza menor a la conocida posteriormente y permitía estructuras más flexibles.
Después llegaron modificaciones normativas y la microzonificación sísmica. Sin embargo, el terremoto mostró que las vulnerabilidades históricas permanecen.
El suelo también construye el riesgo
Uno de los hallazgos más relevantes de la conversación fue la importancia de las condiciones locales del terreno. Ortiz señaló que determinadas zonas de Cali presentaron amplificaciones del movimiento y habló de diferencias que podían llegar hasta siete veces entre sectores. Esto significa que un mismo terremoto no necesariamente produce el mismo efecto en toda la ciudad.
La amenaza sísmica debe analizarse conjuntamente con las características del suelo, las cimentaciones, la tipología estructural y la antigüedad de las edificaciones. En otros municipios del Valle apareció otra combinación de vulnerabilidades. Las cubiertas pesadas, unidas a problemas de mantenimiento y deterioro de elementos de madera, produjeron numerosos colapsos.
La lección es técnica pero también urbana: el terremoto activa vulnerabilidades que muchas veces fueron acumulándose durante años.
La calle reveló una brecha de conocimiento
Mientras los expertos analizaban estructuras, La Lupa Urbana llevó la pregunta a los ciudadanos. ¿Sabían los caleños que la ciudad tenía un riesgo sísmico importante?
Las respuestas mostraron desconocimiento. “No, no lo sabía”, respondió una ciudadana, quien agregó que solamente después del terremoto había comenzado a comprender el problema.
Otro ciudadano afirmó: “Yo sabía que Colombia es un alto país sísmico, pero no sabía que la ciudad tuviera un riesgo tan alto”.
La brecha entre el conocimiento científico y la percepción ciudadana apareció con claridad.
Albert Ortiz considera que la educación es uno de los grandes retos. Especialmente porque buena parte de las generaciones jóvenes no ha experimentado un terremoto fuerte. “Hay una especie de confianza”, explicó.
Y esa confianza puede convertirse en vulnerabilidad cuando una amenaza real aparece. Por eso planteó una idea que trasciende el cumplimiento formal de las normas:
“El problema no es cumplir una norma porque me obligan a cumplir la norma, es porque yo sé que tengo que estar preparado porque la norma existe por algo”. La prevención, en consecuencia, comienza por comprender el riesgo.
¿Conocer el riesgo significa estar preparados?
La entrevista puso sobre la mesa uno de los interrogantes más sensibles: qué acciones concretas de prevención existían antes del terremoto.
Caliescribe recordó que había formulado previamente al sismo ( el 30 de junio del 2026 ) recomendaciones sobre la preparación de la ciudad , ante el sismo de Caracas del 24 de junio y el sismo en Cali del 2004, que daño edificios y que el tema había sido entregado a los 21 concejales y a la alcaldía de de Cali. Y ante la evidencia que nada hicieron en prevención, se presentaron denuncias disciplinarias y penales relacionadas con la prevención. ( Leer: https://caliescribe.com/2026/06/30/cali-frente-al-espejo-de-venezuela-terremoto-que-no-queremos-mirar/ )
Durante el programa, el BUIC, Buscador Urbano Inteligente de Caliescribe, planteó que la información disponible no permitía identificar previamente un programa verificable de evaluación, priorización y reforzamiento de edificaciones vulnerables con información suficiente sobre inmuebles, recursos, metas y responsables.
Reconstruir no puede significar simplemente reparar
Después de una tragedia, la tendencia natural es reparar. Pero la ingeniería plantea una pregunta distinta: ¿por qué limitarse a devolver la ciudad a las condiciones anteriores?
Albert Ortiz fue contundente: “No solamente tratemos de reparar lo que se dañó, sino que tratemos de reforzar lo que se afectó e incluso lo que mínimamente quedó afectado”.
El objetivo debe ser reducir las vulnerabilidades existentes antes del terremoto. Y lo resumió en una frase que puede convertirse en principio para la reconstrucción:
“Debemos tratar de que la ciudad quede mejor de cómo estaba anteriormente”. Eso implica evaluar edificaciones, reforzar estructuras, revisar sistemas constructivos y utilizar la información sísmica y geotécnica para orientar las decisiones urbanas.
Una ciudad con edificios que envejecen
Otro de los asuntos planteados por Ortiz es la edad de las edificaciones. Según explicó, en Colombia se diseñan estructuras considerando un período de vida útil de diseño de 50 años.
Cali posee numerosos edificios construidos hace décadas, particularmente en sectores tradicionales, bajo condiciones normativas y técnicas diferentes de las actuales. Por eso propuso identificar y priorizar estructuras vulnerables. No todas tienen el mismo nivel de riesgo ni requieren necesariamente la misma intervención.
La ciudad necesita información para decidir dónde actuar primero. La vulnerabilidad debe convertirse en una variable de planificación urbana.
La expansión urbana exige más información
El crecimiento de Cali abre otro frente. Ortiz señaló que las zonas de expansión requieren una caracterización sísmica de detalle que permita conectar las condiciones del territorio con el diseño y la construcción.
Maia Insuasty complementó esta preocupación desde su experiencia en campo. En su opinión, en el desarrollo de nuevos espacios de vivienda puede quedar relegada la responsabilidad sísmica y geotécnica.
Su advertencia apunta directamente al terreno: “Por la premura de construir y hacer nuevos espacios no se hace una caracterización geotécnica de estos lugares”.
La ética aparece cuando la estructura deja de ser un plano
Para Maia, la experiencia tuvo además una dimensión ética. Después de observar edificios colapsados y familias afectadas, la ingeniería adquirió un significado diferente. “Nosotros pagamos nuestros errores con vidas”.
La frase es especialmente poderosa porque conecta cálculo estructural con responsabilidad humana. Cada decisión sobre una estructura tiene consecuencias. Cada omisión puede tenerlas. Cada norma representa conocimiento acumulado precisamente para reducir la posibilidad de que una amenaza natural se transforme en tragedia.
La ciudad que viene después del terremoto
El mensaje de Ortiz no se limita a la ingeniería estructural. La reconstrucción debe integrar movilidad, infraestructura, ordenamiento territorial y gestión del riesgo.
“Las soluciones que nosotros le estamos dando a la ciudad tienen que cobijar aspectos integrales”, señaló. Eso implica caracterizar la amenaza, evaluar la microzonificación, revisar las medidas de mitigación y estudiar la vulnerabilidad no solamente de las edificaciones, sino también de las infraestructuras.
No olvidar es también una política de prevención
Maia dejó quizá la recomendación más sencilla y, al mismo tiempo, más difícil de cumplir: “No dejarlo en el olvido”.
Porque el hecho de que una edificación haya permanecido en pie no significa necesariamente que esté preparada para otro evento “Todo lo que quedó en pie” no necesariamente tiene capacidad para resistir un terremoto similar, advirtió.
Debe volver a la normalidad, pero no regresar a las mismas vulnerabilidades.
La lección científica y humana
La experiencia de la Universidad del Valle demuestra que la ingeniería adquiere su verdadera dimensión cuando el conocimiento sale del aula y se enfrenta a la realidad. Profesores, ingenieros y estudiantes participaron en inspecciones, diagnósticos y misiones en Cali y otros municipios.
Para la ciudad, fue una demostración del valor del conocimiento científico aplicado a una emergencia.
Y para Cali, el terremoto deja una agenda que no puede reducirse a la reparación de edificios. Hay que conocer la amenaza. Caracterizar los suelos. Identificar las estructuras vulnerables. Evaluar las edificaciones antiguas. Reforzar cuando corresponda. Mejorar la información de las zonas de expansión. Fortalecer la educación sísmica.
Y convertir la prevención en programas concretos, verificables y sostenidos. La tragedia del 10 de agosto ya forma parte de la historia de Cali.
Pero su verdadero significado todavía está por construirse. Como dijo Albert Ortiz, el reto es que la ciudad pueda convertirse en “una ciudad mucho más resiliente”.
Y como recordó Maia, la tarea comienza por no olvidar. Porque el terremoto terminó. La amenaza sísmica no.


