Las intervenciones en aquellas edificaciones de Cali y su región, más afectadas por el fuerte y largo sismo del 10/08/2026, incluyen reforzamientos, reemplazos, reparaciones, retoques, cambios y reconstrucciones parciales; pero totales, únicamente en casos extremos que lo ameriten. Al respecto, es conveniente acudir a la conocida triada del arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano Marcus Vitruvius Pollio, Firmitas, Utilitas, Venustas, y agregar el emplazamiento del que igual también escribió (De architectura, c. 23 o 27 a.C.).  

         El emplazamiento en la ciudad o en su territorio inmediato de cada edificación afectada, define la urgencia, o no, de su refuerzo estructural, para evitar que su posible desplome cause daños y accidentes en su entorno, junto con el conjunto de intervenciones requeridas en cada caso. Pero igualmente determina la importancia de cada una de ellas en cada parte del territorio o la ciudad, ya esta sea social respecto a servicios de salud, educación y recreación; económica en tanto comercio y trabajo; o cultural tratándose de bienes de interés cultural, BIC.

         El tipo de sistema de construcción empleado en cada una de las edificaciones que sufrieron más daños, indica claramente si se pueden reforzar pronto y fácilmente, y proceder a repararlas a continuación o después; o si, por lo contrario, toca reconstruirlas, ya sea totalmente o por partes. En consecuencia, hay que realizar por separado el análisis del comportamiento de su cimentación, estructura, fachadas, cerramientos, divisiones, cubiertas e instalaciones, y cómo cada uno de estos varios componentes de la construcción afectó a los otros o no.

         La función que cumplían las edificaciones afectadas, define, junto con el peligro de su pronto desplome causando más daños a su alrededor, la urgencia de su recuperación: primero las viviendas, las dedicadas a servicios de salud y educación, y algunas otras por razones especiales que sean del caso. Por su parte, los bienes de interés cultural, BIC, deben aislarse para dar seguridad a su entorno, y protegerse hasta que se los pueda restaurar, y en ningún caso proceder a demolerlos, ya que incluso sus ruinas constituyen un patrimonio cultural.

         La belleza que pudieron haber tenido algunas de las edificaciones más dañadas por supuesto no debe quedar en el olvido, pero tampoco debe llevar a que en su preparación se la reproduzca de nuevo exactamente igual, sino que sencillamente se la recuerde gratamente al tiempo que se la actualiza, ya que el concepto de lo bello cambia según las tradiciones, la historia y la sociedad de cada época. Cualidad de lo bello que “por la perfección de sus formas, complace a la vista y por extensión al espíritu” como oportunamente lo recuerda el DLE.

         Por supuesto todo lo anterior dependerá en buena parte de la cultura de los responsables en cada caso, entendida como el “conjunto de conocimientos que les permita desarrollar un juicio crítico” según define esta palabra el DLE. Comenzando por designar funcionarios idóneos que sepan elegir los ingenieros, constructores y restauradores requeridos para cada edificación en particular, y que consulten oportunamente con historiadores de la ciudad en tanto su urbanismo, arquitectura, paisajismo y patrimonio cultural mueble e inmueble.

         Además, y continuando con el DLE, cultura también significa “el respeto al conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos, y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social” y por su lado, la UNESCO la considera tanto como un motor de crecimiento económico como un fin en sí misma para el bienestar humano. En conclusión, reconstruir las edificaciones dañadas por el sismo implica recobrar parte de la cultura de la ciudad, pero además procurando su mejor desarrollo económico, social y cultural.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.