El ganador de la primera vuelta presidencial del pasado 31 de mayo, Abelardo de la Espriella, obtuvo la mayor votación histórica de la contienda, aventajando al candidato del gobierno, Iván Cepeda, superando el umbral de 10 millones trescientos mil pesos, equivalente al 44%, frente al 41% de su contendor, con una ventaja superior de cerca de 700 mil votos. Si bien es cierto que la diferencia es de apenas un 3%, se considera una derrota para el continuismo de la izquierda, que, a pesar de ostentar el poder y, por ende, la influencia de los millones de contratistas del Estado y de los recursos del erario, no logró el primer lugar.
El “outsider”, sin maquinarias políticas y con un discurso totalmente opuesto a la ideología del filósofo y docente marxista Cepeda, egresado de la Universidad San Clemente de Ohrid, en Sofía, Bulgaria, contrasta con la formación académica en derecho otorgada por la Universidad Sergio Abelardo, fundada por las figuras representativas del Partido Conservador colombiano, Rodrigo Noguera y Álvaro Gómez Hurtado.
Indudablemente las dos candidaturas corresponden a los dos extremos del péndulo político.
Pero más allá de las diferencias ideológicas, el candidato del continuismo no aporta a la contienda ejecutorias palpables de una presidencia autoritaria, que perdió cuatro años de oportunidades de realización, y que sigue en discursos abstractos sobre equidad, igualdad, estatización e inestabilidad fiscal.
Por el contrario, De la Espriella es acompañado por la agudeza estratégica de marketing político orientada por Carlos Suárez. Se enfoca en los sentimientos nacionales de inseguridad y en la hastía que produce el fracaso del desgobierno de Petro en materia de salud, educación e infraestructura; las falencias del sector energético; las políticas antiexploratorias de hidrocarburos y minería extractiva; la rampante corrupción; y la condescendencia con grupos ilegales convertidos en brazo armado del flagelo del narcotráfico. Complementariamente, concentró esfuerzos en demostrar la independencia total de la maquinaria, de los actores políticos propios de la democracia y de grandes contribuyentes con marcado interés en los recursos del Estado.
Las piezas publicitarias guardan uniformidad en mensajes cortos, todas signadas por el símbolo de fortaleza, independencia, astucia y coraje del “tigre”. Utilizó eficazmente las plataformas de redes sociales. Su facilidad expresiva, fundamentada en su formación como abogado, jamás titubeó frente el atrevimiento capcioso de sus entrevistadores y detractores.
Sus presentaciones públicas, similares a las de artistas internacionales, con parafernalia escénica, formaron un espectáculo atractivo. Con ello interpretaba un sentimiento que simbolizaba el liderazgo de norte claro, basado en una imagen agradable de emprendedor exitoso, hecho a pulso y sin ataduras a estructuras organizacionales.
Acertó con la designación de la fórmula vicepresidencial de José Manuel Restrepo Abondano, de reconocida y exitosa experiencia ministerial en el gobierno de Iván Duque, profesor, decano y rector universitario. José Manuel representa el polo a tierra de orientación en la difícil tarea de gobernar, con profundo conocimiento de lo público, y especialmente en la dicotomía del fracasado orden fiscal.
Colombia tiene la oportunidad de enderezar el equivocado rumbo del desgobierno de Petro, su continuismo hacia el abismo, y acierta en la estrategia del “Tigre”, el liderazgo que el país requiere.
Guillermo E. Ulloa Tenorio
Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.