La política colombiana despierta una pasión profunda en muchas personas, motivando intereses diversos y emociones intensas. Esta pasión puede estar relacionada con el deseo de transformar el país, mejorar las condiciones sociales y económicas, luchar por la justicia, o defender ideales y valores que consideran fundamentales o simplemente para “echar carreta”.  Además, la historia de conflictos, movimientos sociales y procesos democráticos en el país, generan un sentido de pertenencia y compromiso en los ciudadanos, quienes sienten que su participación puede marcar una diferencia en el destino del país; la política despierta pasiones relacionadas con el amor por la patria, la esperanza de un mejor futuro y la lucha por sus derechos y principios democráticos.

La política puede afectar las amistades y las relaciones familiares por varias razones, principalmente debido a las diferencias de opiniones y creencias.  Cuando las personas tienen puntos de vista políticos muy distintos, pueden sentirse incomprendidas o incluso atacadas, lo que genera conflictos y distanciamiento, es un tema muy emotivo. Las discusiones pueden volverse intensas y, en ocasiones, agresivas e irrespetuosas.

Algunos ven la elección de un partido o candidato como una expresión de valores o lealtades profundas, y criticar o no estar de acuerdo puede interpretarse como una traición. “O piensa como yo, o es mi enemigo”…!

Las conversaciones políticas muchas veces, pueden derivar en malentendidos o en una comunicación poco educada, lo que provoca fuertes rupturas en nuestro entorno. En sociedades con tensiones políticas o sociales, las diferencias pueden estar más polarizadas, haciendo aún más difícil mantener relaciones armoniosas.

En política, existen personas con actitudes fanáticas-frenéticas, cuyo rol es causar divisiones o conflictos, esa fanaticada se caracteriza por una adhesión muy intensa y, a veces, radical a una ideología, partido o líder político. Estas personas suelen mostrar un fuerte compromiso, a menudo con poca tolerancia hacia opiniones contrarias y una tendencia a defender como sea sus posiciones, pocas veces investigan, son ajustadas a un libreto que deben repetir. La fanaticada puede influir en grupos de similares características que prefieren “mascar entera” la supuesta información, dificultando el diálogo racional. Se caracterizan por ser frenéticos, torpes y poco inteligentes.

La educación en valores democráticos y en la historia política, ayuda a entender la importancia del respeto y la diversidad de opiniones. Escuchar activamente a quienes piensan diferente y tratar de entender sus puntos de vista, puede de alguna manera, reducir la intolerancia y abrir espacio para el entendimiento mutuo.

Combatir la desinformación y las noticias falsas, que suelen alimentar el fanatismo, compartiendo y promoviendo medios confiables y el pensamiento crítico que contribuya a crear una sociedad bien informada. Tener claro que en una democracia, las diferencias de opinión son normales y enriquecen el debate público. La educación y el respeto en el discurso, es fundamental.

Los partidos políticos y sus líderes, deben actuar con responsabilidad, promoviendo un discurso que fomente la unidad y el respeto.

Importante generar acciones que contribuyan a construir una cultura política más madura y menos susceptible al fanatismo, ese errático fervor, favoreciendo un entorno democrático más coherente y de fácil interacción.

Reflexión 1: ¿Es posible mantener relaciones amistosas con personas que tienen opiniones políticas radicalmente opuestas a las propias? ¿Por qué? 

Reflexión 2: ¿Qué papel juegan los medios de comunicación en la formación y mantenimiento de enemistades por temas políticos?

Reflexión 3: ¿Es justificable que las diferencias ideológicas generen enemistades, o deberíamos buscar formas de diálogo y entendimiento?

Habrá que seguir con la lupa puesta..!

Emperatriz Giraldo S

Comunicadora y Periodista - [email protected]