El VI Campeonato Mundial de Atletismo, celebrado en el Estadio Olímpico de Atenas, no fue solo una competencia; fue el retorno del deporte a su cuna histórica. Entre el 1 y el 10 de agosto de 1997, 1882 atletas de 198 países se reunieron en Grecia bajo un calor sofocante que no impidió el despliegue de proezas físicas memorables.

Atenas fue el escenario donde figuras icónicas consolidaron su estatus de leyendas. Uno de los momentos más impactantes fue la victoria de Maurice Greene en los 100 metros planos, deteniendo el cronómetro en 9 86, marcando el inicio de su dominio en la velocidad.

Sin embargo, el nombre que quedó grabado en la historia fue el de Serguéi Bubka. El ucraniano conquistó su sexto título mundial consecutivo en salto con pértiga, alcanzando una altura de 6 01 metros. Tras su victoria, Bubka declaró con sobriedad:

“Cada título tiene su propia historia, pero ganar aquí, en la tierra donde nació la competencia, es un honor que trasciende el deporte”.

En las disciplinas de lanzamientos y saltos, destacaron resultados impresionantes:

  • Salto de longitud (Masculino): Iván Pedroso (Cuba) logró el oro con 8 42 metros.
  • Lanzamiento de jabalina (Femenino): Trine Hattestad alcanzó los 66 35 metros.
  • Triple salto (Masculino): Yoelbi Quesada (Cuba) voló hasta los 17 85 metros.

La Fuerza de Latinoamérica y el Orgullo de Colombia

Latinoamérica demostró su potencia en el Caribe. Cuba lideró la región con una actuación histórica, ocupando el tercer lugar del medallero general gracias a las victorias de Pedroso, Quesada y Javier Sotomayor en salto de altura (2 37 metros).

Para Colombia, la participación fue un ejercicio de resistencia y aprendizaje. La delegación estuvo encabezada por figuras como Ximena Restrepo, quien compitió en los 400 metros planos. Aunque no se alcanzaron podios, la presencia colombiana reafirmó la constancia del país en pruebas de fondo y velocidad. El hecho más relevante fue la clasificación a instancias avanzadas, demostrando que el atletismo nacional comenzaba a reducir la brecha con las potencias globales.

El campeonato cerró con el triunfo de Haile Gebrselassie en los 10 000 metros, cronometrando 27 24 58. El etíope, exhausto pero radiante, resumió el espíritu del evento:

“Correr en Atenas es sentir la presión de los siglos sobre tus hombros; aquí, ganar es volverse eterno”.

Atenas 1997 es recordada como la edición de la consolidación técnica, donde la precisión del cronometraje y la espectacularidad de los saltos elevaron el estándar del atletismo para el siglo XXI.

Nubela Meneses