El atletismo ha dejado de ser una simple suma de marcas cronométricas para consolidarse como una herramienta estratégica de desarrollo social y política pública. En 2026, la región suramericana se posiciona como un eje central de esta transformación, donde la pista se convierte en un escenario de inclusión y diplomacia.

A nivel mundial, la gestión del atletismo bajo el liderazgo de Sebastian Coe, presidente de World Athletics, busca que los deportistas sean socios comerciales y referentes de integridad. Coe ha enfatizado la importancia de proteger el deporte femenino y la transparencia institucional. Recientemente, el dirigente afirmó:

“Tenemos que reconocer por qué los Juegos Olímpicos no se parecen a ningún otro acontecimiento. Se trata del deporte y de los sacrificios extraordinarios de los atletas. La promoción y protección del deporte femenino es absolutamente innegociable”.

Esta visión global se traduce en programas como Kids’ Athletics, que utiliza la disciplina para combatir el sedentarismo y fomentar la salud y la igualdad en comunidades vulnerable

En el contexto latinoamericano, el deporte se integra formalmente en las agendas de bienestar. Colombia destaca como pionera al incluir la actividad física en su Política Nacional de Cuidado, reconociendo el impacto del ejercicio en la cohesión comunitaria.

Eventos de gran magnitud, como la Maratón de Cali 2026 y la Media Maratón del Mar en Cartagena, demuestran que el running es un motor económico. John Montaño, analista deportivo, señala que estas competencias son “una maquinaria de ciudad que integra deporte, turismo y logística”. La Maratón de Cali, única en la región con sello de calidad internacional, proyecta la participación de 15,000 corredores de 40 países, consolidando a Sudamérica como un destino de alto rendimiento.

A pesar del crecimiento, la región enfrenta retos estructurales. La actualización de políticas nacionales, como la que lidera Chile para el periodo 2026-2037, busca adaptar el deporte al cambio climático y a las nuevas demandas ciudadanas. El objetivo es claro: pasar de ser receptores de eventos masivos a construir ecosistemas resilientes que generen un impacto social duradero.

El atletismo en 2026 no solo busca medallas, sino sociedades más activas, equitativas y conectadas con el mundo.

Nubela Meneses