Cali no es solo la capital mundial de la salsa; hoy busca posicionarse como un referente de sostenibilidad en el suroccidente colombiano. La relación entre la identidad de sus habitantes y la Estrategia Nacional de Descarbonización (END) ha pasado de ser un concepto técnico en oficinas gubernamentales a una serie de acciones que buscan transformar la forma en que se vive, se moviliza y se produce en la capital del Valle.

La Estrategia Nacional de Descarbonización es el plan de ruta de Colombia para alcanzar la neutralidad de carbono. En el contexto local, esto se traduce en el Plan de Acción Climática (PAC) Cali 2050. No se trata de un programa aislado, sino de una política que atraviesa diferentes sectores: transporte, gestión de residuos, energía y uso del suelo.

La implementación en la ciudad se ejecuta a través de alianzas entre el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (DAGMA), la Secretaría de Movilidad y el sector privado. El objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mediante la modernización de la infraestructura y el cambio de hábitos en la ciudadanía.

En el periodo 2024-2025, Cali ha acelerado proyectos específicos que vinculan la identidad del “caleño trabajador y alegre” con la responsabilidad ambiental. Tres hitos marcan este avance:

  1. Electrificación del MIO: La flota de buses eléctricos se ha consolidado como una de las más grandes del país. En los últimos dos años, la integración de nuevos buses de cero emisiones ha permitido reducir toneladas de $CO_2$ en el corredor troncal, mejorando también la contaminación auditiva en el centro y norte de la ciudad.
  2. Corredores Ambientales y Biodiverciudad: Tras la realización de la COP16 en la ciudad, se fortaleció la protección de los Farallones y la recuperación de los siete ríos. La recuperación de espacios críticos en el Jarillón del Río Cauca ha pasado de ser un tema de gestión de riesgos a un proyecto de reforestación masiva que actúa como sumidero de carbono.
  3. Economía Circular en plazas de mercado: Proyectos piloto en la Galería Alameda y Siloé han permitido que los residuos orgánicos se transformen en compost para huertas urbanas. Esta experiencia ha involucrado directamente a los comerciantes, conectando la tradición del mercado local con prácticas de aprovechamiento de residuos.

La identidad caleña está profundamente ligada a su geografía. El viento de la tarde, los ríos y la cercanía con el Pacífico definen el carácter de su gente. Sin embargo, la descarbonización exige una evolución de esa identidad: pasar del orgullo por el paisaje a la protección activa del mismo.

Las encuestas locales muestran que el ciudadano promedio asocia la calidad de vida con la presencia de zonas verdes. La END aprovecha este sentimiento para promover el uso de la bicicleta y el transporte público, intentando desincentivar el uso excesivo del vehículo particular, que sigue siendo el principal emisor de carbono en la zona urbana.

Si usted es un ciudadano interesado, un líder comunal o un empresario que desea alinear sus actividades con las metas de descarbonización, existen canales oficiales para recibir asesoría y apoyo:

  • Para ciudadanos y hogares: El DAGMA ofrece programas de capacitación en separación en la fuente y ahorro energético. Puede acercarse a las ventanillas de atención en el edificio Fuente de Versalles o consultar la Guía de Trámites Ambientales en la página oficial de la Alcaldía de Cali.
  • Para empresas (Sello Verde): Existe el programa de “Reconocimiento a la Gestión Ambiental”, donde las empresas reciben asistencia técnica para medir su huella de carbono y optimizar sus procesos productivos.
  • Reportes y Denuncias: Si observa quemas ilegales o afectaciones a zonas protegidas (que aumentan las emisiones), la línea de atención ambiental es el número (602) 660 0208.

La descarbonización en Cali no es un proceso terminado, sino una transición en marcha. El éxito de estos programas depende de que la eficiencia técnica se encuentre con la voluntad ciudadana. Ser caleño hoy también implica entender que el “calor de su gente” no debe traducirse en un aumento de la temperatura global por falta de gestión ambiental local.

Nubela Meneses