El sistema de alcantarillado ha sido uno de los pilares fundamentales del saneamiento básico y de la salud pública en las ciudades modernas. En Cali, su desarrollo ha estado estrechamente ligado a la reducción de enfermedades, la mejora de la calidad de vida y el reconocimiento de la dignidad humana, especialmente en los sectores más vulnerables. A lo largo de la historia de la ciudad, el acceso —o la falta de acceso— a un sistema adecuado de evacuación de aguas residuales ha marcado profundas diferencias sociales, sanitarias y territoriales.

En los primeros periodos de la ciudad, desde la época colonial hasta finales del siglo XIX, Cali carecía de un sistema formal de alcantarillado. Las aguas residuales se vertían directamente a las calles, solares, acequias y ríos urbanos como el Cali y el Aguacatal. Este manejo rudimentario del saneamiento favoreció la proliferación de enfermedades infecciosas como diarreas, fiebre tifoidea, parasitosis y otras patologías de origen hídrico, especialmente en una ciudad que comenzaba a crecer sin una planificación sanitaria adecuada. La salud pública estaba limitada por el desconocimiento científico y por la ausencia de infraestructura, lo que afectaba de manera desproporcionada a los sectores populares.

Con el avance del siglo XX, Cali inició un proceso gradual de modernización urbana. La expansión demográfica, la industrialización y el crecimiento económico hicieron evidente la necesidad de un sistema de alcantarillado estructurado. La creación de redes de recolección de aguas residuales y pluviales permitió separar los desechos domésticos de las fuentes de agua potable, reduciendo significativamente los brotes epidémicos. Este periodo marcó un punto de inflexión en la relación entre saneamiento y salud pública: la disminución de enfermedades gastrointestinales y la mejora de las condiciones ambientales comenzaron a reflejarse en indicadores de bienestar y esperanza de vida.

Sin embargo, el acceso al alcantarillado no fue homogéneo. Mientras los barrios centrales y formales se beneficiaron rápidamente de la infraestructura, las zonas periféricas, de ladera y los asentamientos informales quedaron rezagados. Esta desigualdad histórica generó brechas en salud pública que persisten hasta hoy. En estos sectores, la ausencia o precariedad del alcantarillado ha estado asociada a mayores tasas de enfermedades infecciosas, contaminación del suelo y del agua, yć una menor calidad de vida. El alcantarillado, más que una obra técnica, se consolidó como un determinante social de la salud.

En la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, la consolidación de entidades prestadoras de servicios públicos, como EMCALI, fortaleció la gestión del alcantarillado en Cali. La construcción de colectores principales, estaciones de bombeo y plantas de tratamiento de aguas residuales representó un avance significativo en la protección de la salud colectiva y del medio ambiente. El tratamiento de las aguas residuales redujo la carga contaminante sobre el río Cauca y otros cuerpos de agua, disminuyendo riesgos sanitarios y mejorando las condiciones ecológicas de la región.

En el presente, el alcantarillado es reconocido no solo como una infraestructura sanitaria, sino como un derecho fundamental vinculado a la dignidad humana. Contar con un sistema adecuado de saneamiento garantiza privacidad, seguridad, higiene y bienestar, elementos esenciales para una vida digna. En Cali, los desafíos actuales incluyen la expansión del servicio a zonas de crecimiento informal, la adaptación del sistema al cambio climático y la modernización de redes antiguas que presentan fallas estructurales.

Mirando hacia el futuro, el alcantarillado seguirá siendo un factor clave para la salud pública en Cali. La implementación de soluciones sostenibles, el fortalecimiento de la educación sanitaria y la inversión equitativa en infraestructura serán determinantes para reducir desigualdades y proteger la salud de la población. La historia del alcantarillado en la ciudad demuestra que el saneamiento básico no es solo una cuestión técnica, sino una condición esencial para el desarrollo humano, la justicia social y la salud colectiva.

Ana Lucia Arango M