- Cali: Ciudad más violenta de Colombia 2025 (triplica a Medellín y Bogotá)
Cali lidera la violencia urbana en Colombia, con una tasa de 33,09 homicidios por cada 100.000 habitantes, muy por encima de Bogotá (11,72), Medellín (9,98) y Barranquilla (28,8). En números absolutos, Cali registró 1.065 homicidios, casi igualando a Bogotá (1.172), pese a tener una población mucho menor, lo que agrava el desempeño relativo.
La ciudad no solo no redujo la violencia, sino que se consolidó como la más violenta del país, lo que evidencia fallas estructurales en prevención, control territorial y lucha contra el crimen organizado.
Mientras Bogotá y Medellín mantienen tasas controladas aún con leves incrementos—, Cali muestra incapacidad para contener dinámicas criminales, especialmente ligadas al Pacífico y economías ilegales.
- Cali lidera en volumen homicida con alzas alarmantes
Bogotá registró 95 homicidios en diciembre, mientras Cali acumuló 100 en el mismo mes, confirmando su condición como la ciudad más violenta del país. Medellín reportó 31 homicidios y Barranquilla 39. Estas cifras evidencian la urgencia de implementar políticas integrales y sostenidas contra el crimen organizado, especialmente en Cali y en las principales ciudades del Caribe.
Cali cerró 2025 como el año más violento de los últimos cuatro. En 2022 se registraron 986 homicidios; en 2023, 1.013; en 2024, 938; y en 2025 la cifra ascendió a 1.065 asesinatos, marcando un deterioro significativo en los indicadores de seguridad.
A nivel nacional, Colombia terminó 2025 con 12.484 homicidios, un aumento del 2 % frente a 2024, el año más violento del gobierno de Gustavo Petro. En Cali, bajo la administración Eder, el incremento fue aún más pronunciado: los homicidios pasaron de 938 en 2024 a 1.065 en 2025, un aumento del 14 %, reflejando un retroceso crítico en materia de seguridad urbana.
En seguridad, la gestión de Alejandro Eder en 2025 no cumple estándares de efectividad. Los resultados indican ausencia de una estrategia integral, débil articulación institucional y escaso impacto real sobre homicidios y crimen organizado. La percepción de control no se tradujo en resultados medibles.
- Última etapa
Al iniciar la segunda mitad de su mandato, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, es percibido por una amplia mayoría de ciudadanos como una desilusión. Su gestión ha privilegiado la visibilidad pública y los actos simbólicos por encima del cumplimiento de las promesas estructurales formuladas en campaña. Si bien se reconocen acciones puntuales como la recuperación del Barrio Obrero, estas resultan insuficientes frente a la falta de avances en asuntos centrales, especialmente en la lucha contra la corrupción, que ha sido prácticamente inexistente pese a las múltiples denuncias e irregularidades registradas. A ello se suma un Concejo de Cali con un débil ejercicio de control político, que avaló un endeudamiento por $3,5 billones en un contexto de quiebra fiscal declarada por el propio alcalde. Este panorama refuerza la percepción de un gobierno continuista, alejado del cambio prometido y con un alto costo para el futuro económico de la ciudad.
A ello se suman la inseguridad persistente y el deterioro de la malla vial, dos problemas cotidianos sin resultados visibles, hoy los factores más evidentes de la mala calificación ciudadana.
- A recuperar el liderazgo de campaña
Esto solo será posible si el alcalde rectifica y vuelve a sus postulados eticos y de buen gobierno y si la administración logra sintonizarse con una planeación de largo plazo, uno de los vacíos más evidentes de la gestión. El intento de articulación metropolitana a través de la AMSO fue incompleto y carente de liderazgo efectivo, al dejar por fuera municipios estratégicos como Yumbo, Palmira y Dagua, nunca debió seguir adelante con ese vacio.
Ningún integrante del gabinete ha logrado destacarse por resultados concretos, ni una estrella con plan ni programa , lo que revela una administración sin figuras técnicas sólidas ni una dirección estratégica clara. En su lugar, predomina la influencia de asesores guiados por lógicas políticas de PS y contractuales en negocios, por encima de una gestión sustentada en méritos, indicadores y metas verificables. Esta dinámica según advierten sectores ciudadanos expone a Cali a riesgos institucionales similares a los observados en recientes escándalos nacionales, erosiona la confianza pública y profundiza la desconexión entre el gobierno local y las necesidades reales de la ciudad.
- Hay margen para corregir el rumbo
Desde nuestro control ciudadano se plantean recomendaciones claras: evaluar y reestructurar el gabinete, sanear las finanzas públicas, planificar las obras de valorización pendientes en el tiempo y ordenar técnicamente sistemas críticos como el MIO antes de nuevas inversiones. Se insiste en fortalecer la independencia del Concejo, despolitizar la administración, hoy sostenida en miles de contratos PS y liderar una lucha real contra la corrupción. Aún hay margen para corregir el rumbo con políticas sociales y una redistribución social del presupuesto del tren de cercanías.
Persistir en el rumbo actual implica desaprovechar la oportunidad de reorientar la gestión hacia mejoras en calidad educativa, seguridad y servicios públicos . De no hacerlo, el legado será una ciudad más endeudada, fragmentada y socialmente vulnerable hacia 2027.
- Pulso político 2026
Colombia inicia 2026 con un calendario electoral comprimido que definirá su rumbo político en pocos meses. El 8 de marzo se elegirán Senado y Cámara de Representantes y, de manera simultánea, se realizarán consultas interpartidistas de izquierda y de centro-derecha para escoger candidatos presidenciales. La primera vuelta será el 31 de mayo y la segunda, casi segura, el 21 de junio. El proceso pondrá a prueba la continuidad del primer gobierno de izquierda de la historia reciente, encabezado por Gustavo Petro, frente a alternativas del centro y la derecha. En un ambiente de alta polarización, los votantes decidirán si mantienen el actual proyecto político o giran hacia una corrección del rumbo, en medio de tensiones institucionales y sociales acumuladas.
- Congreso, economía y desgaste gobierno Petro
Las legislativas del 8 de marzo serán clave para la gobernabilidad del próximo presidente. Petro enfrentó un Congreso sin mayorías claras, lo que frenó reformas estructurales en salud, educación y tributación. A esto se sumó un desempeño económico débil en 2025: crecimiento del PIB de 1,8%, inflación de 7,2% frente a una meta del 3%, déficit fiscal de 5,1%, deuda pública cercana al 62% y desempleo del 10,3%, según cifras oficiales. La informalidad laboral, en 57,5%, sigue siendo un problema estructural. En la izquierda, Iván Cepeda lidera encuestas y gana visibilidad por su rol en el proceso judicial contra Álvaro Uribe, mientras otros sectores disidentes buscan espacio propio.
- Derecha, centro y el péndulo electoral
Desde la derecha, Uribe advierte que un triunfo de Cepeda profundizaría la inestabilidad. Ese espectro llega fragmentado, aunque Abelardo de la Espriella ha logrado aglutinar parte del voto duro y marca 18,2%. El Centro Democrático impulsa a Paloma Valencia en la gran consulta, junto a exministros y figuras independientes. En el centro, Sergio Fajardo intenta evitar una nueva eliminación temprana. El debate refleja un patrón histórico: el electorado colombiano actúa como un péndulo que corrige desequilibrios tras gobiernos que generan desgaste. Con bajo crecimiento, alta inflación y fuerte informalidad, muchos analistas anticipan en 2026 un giro hacia la derecha, en busca de disciplina fiscal, orden y estabilidad.
- Sin Planeación de largo plazo
Entre 2024 y 2025, Cali instaló la planeación de largo plazo como eje del discurso público. El alcalde Alejandro Eder presentó el Plan Cali 500+ / Cali 2036 como una apuesta para superar la lógica de los periodos de cuatro años y pensar la ciudad hacia sus 500 años, con participación ciudadana, sector privado y cooperación internacional. Esa visión quedó recogida en el Plan de Desarrollo 2024–2027 (Acuerdo 0578 de 2024), donde se reconoce que los cambios estructurales requieren continuidad. Sin embargo, desde el 2024, el reconocimiento no se tradujo en reglas obligatorias. El Acuerdo no adoptó un plan vinculante, no definió proyectos estratégicos protegidos ni creó una instancia técnica autónoma, lo que se evidenció en el 2025. En la práctica, pese al anuncio oficial del 7 de enero de 2024, la planeación de largo plazo quedó en el aire, para el siguiente alcalde y sin un marco institucional que garantizara continuidad real.
- Cali 500+: insumo técnico sin fuerza jurídica
El Plan Cali 500+, liderado por Diana Carolina Rojas desde finales de 2023, logró estructurar una base prospectiva con indicadores, escenarios y énfasis en sostenibilidad urbana, ambiental y social. Durante 2024 se insistió en que debía ser un proceso y no solo un documento, orientado a guiar decisiones más allá del alcalde de turno. No obstante, hacia finales de 2024 y comienzos de 2025, el resultado fue claro: el plan, no era plan , una visión al 2036, se entregó como insumo técnico, sin elevarse a norma. Así, Cali habla en el papel de largo plazo pero gobierna con instrumentos de corto plazo, a diferencia de ciudades como Medellín o Barranquilla. .
Lo ofrecido por Eder y no cumplió: “Necesitamos comenzar ya a pensar y planear la Cali del 2036, y así lo haremos con el Plan Cali 500+… sin visión compartida ni planes de largo plazo no habrá futuro cierto.”
Cali está sin rumbo institucional: porque produjo visiones al 2036 que no se convierten en norma, la ciudad sigue gobernándose a la deriva, atrapada en el cortoplacismo, creyendo que planear es escribir documentos y no transformar el poder real con el que se gobierna.
Otros confidenciales
- Dividir a Cali en
“Ciudades dentro de la ciudad”. El crecimiento urbano acelerado genera contaminación, presión sobre servicios públicos, conflictos sociales y expansión desordenada, como ha ocurrido en Cali desde mediados del siglo XX. Con un área metropolitana cercana a los tres millones de habitantes, la alternativa no es seguir creciendo sin control, sino reorganizar el territorio. La propuesta plantea frenar la expansión de Cali y fortalecer municipios vecinos como Yumbo, Jamundí, Palmira, Buga y Santander de Quilichao.
Dentro de la ciudad, se sugiere un modelo policéntrico basado en “ciudades dentro de la ciudad”, organizadas en cinco subcentralidades conectadas por un eje norte-sur. Cada núcleo tendría servicios, empleo y espacios de convivencia cercanos, favoreciendo la caminabilidad, la reducción del estrés urbano y una mejor calidad de vida, sin perder el vínculo con el centro histórico y cultural de Cali. Arq. Benjamin Barney Caldas
- Top 10 de Colombia
El Top 10 histórico del deporte colombiano, construido a partir de la investigación de nuestro director Ramiro Varela y desarrollado en el libro Deporte de Colombia: 100 años (1925–2025), condensa un siglo de logros deportivos, impacto social y proyección internacional. En el décimo lugar figura Jaime Aparicio, pionero del deporte moderno en el país, referente fundacional tras su primer triunfo internacional competitivo en Colombia, en panamericanos Buenos Aires 1951, más todas las medallas de oro en bolivarianos, centroamericanos y del caribe , suramericanos y 2 presencias olímpicas en Helsinki 1952 y Melbourne 1956 y la imagen deportiva de mostrar y que desembocó en los Juegos Panamericanos de Cali 1971, que sigue siendo el evento deportivo de Colombia.
Le siguen Carlos “El Pibe” Valderrama, ícono cultural del fútbol de los años noventa, y Lucho Herrera, primer colombiano ganador de una gran vuelta ciclística. Óscar Figueroa simboliza la constancia olímpica del nuevo siglo, mientras el boxeo ocupa un lugar central con Kid Pambelé y Rocky Valdez, campeones mundiales y auténticos fenómenos de masas. Helmut Bellingrodt abrió el camino olímpico en 1972; María Isabel Urrutia lo llevó al oro en Sídney 2000; Caterine Ibargüen consolidó a Colombia en la élite global con títulos mundiales y podios olímpicos; y Mariana Pajón encabeza la historia con dos oros olímpicos (Londres 2012 y Río 2016), la medalla en Tokio 2021 y múltiples coronas mundiales.
- Cali capital histórica
El deporte colombiano como sistema organizado está de cumpleaños centenario, surge en 1925 con la promulgación de la Ley 80, que asignó al Estado la responsabilidad de la educación física y la estructuración del deporte nacional. Este proceso alcanzó su primer gran hito en Cali en 1928, con la realización de los I Juegos Nacionales, evento fundacional que ordenó la competencia, impulsó la infraestructura y forjó una cultura deportiva con alcance nacional. La consolidación definitiva llegó con los VI Juegos Panamericanos de 1971, organizados también en Cali, un acontecimiento que transformó la política deportiva del país, modernizó su institucionalidad y dio origen a Coldeportes. A esta trayectoria se suman más de dos décadas continuas de campeonatos mundiales de alto nivel, una acumulación histórica que ninguna otra ciudad ha logrado igualar. Por esta razón, Cali no solo ha sido sede, sino motor y referente estructural del deporte colombiano, condición que la acredita como su capital histórica.












