En las primeras décadas del siglo XVIII, el Valle del Cauca consolidó su papel como territorio importante dentro de la Gobernación de Popayán. Las haciendas cañeras, la arriería y el abastecimiento de las rutas mineras del Pacífico fortalecieron una economía regional en expansión, mientras la población mestiza y afrodescendiente moldeaba una sociedad jerarquizada pero cada vez más dinámica.

Territorio y administración colonial

El territorio del Valle permaneció bajo la jurisdicción de la Gobernación de Popayán, dependiente de la Real Audiencia de Quito, con Cali, Buga, Cartago, Caloto y Toro como principales centros urbanos. Los cabildos continuaron ejerciendo funciones de control de mercados, caminos y tributos, mientras los corregidores mantenían el vínculo con la autoridad española.

Las rutas comerciales hacia Popayán, Pasto y Buenaventura se consolidaron, y los caminos de herradura que atravesaban el valle se convirtieron en arterias esenciales para la circulación de mercancías, oro y esclavos.

Estructura social y fuerza de trabajo

La sociedad mantuvo su estratificación rígida: españoles y criollos dominaban la tierra y los cargos de cabildo; los afrodescendientes, en su mayoría esclavizados, sostenían la producción agrícola y minera; mientras los indígenas sobrevivían en resguardos sujetos a tributo.

El trabajo forzado fue la base del sistema económico. En las haciendas azucareras y ganaderas, cuadrillas de esclavos africanos realizaban labores de cultivo y molienda, mientras en las minas del litoral y en los lavaderos de los ríos continuaba la explotación aurífera. Al mismo tiempo, creció la población mestiza libre dedicada a la arriería, el comercio menor y los oficios artesanales.

Economía, haciendas y comercio

Entre 1686 y 1736, el Valle del Cauca, se volvía un centro agrícola orientado al abastecimiento regional. Los ingenios de caña, la producción de maíz, yuca, cacao, y la cría de ganado alimentaban los mercados internos y los circuitos mineros de Barbacoas, Raposo y Quinamayó.

Cali emergió como nodo logístico fundamental: caravanas de mulas partían desde allí hacia Popayán, Pasto y el litoral, cargadas con productos agrícolas, aguardiente, sal y textiles, y regresaban con oro y mercancías importadas. La circulación de bienes generó una red económica dependiente de los tributos reales, alcabalas y diezmos eclesiásticos.

Iglesia y cohesión comunitaria

La Iglesia fortaleció su influencia en la vida cotidiana, tanto en lo urbano como en lo rural. Nuevas capillas y parroquias acompañaron la expansión de las haciendas, mientras las festividades religiosas actuaban como mecanismo de cohesión social. Los registros eclesiásticos no solo documentaban bautizos, matrimonios y defunciones, sino que también respaldaban el control poblacional y fiscal de la Corona.

Aunque el acceso a la educación formal siguió restringido a los hijos de familias influyentes, el clero actuaba como mediador cultural y garante de la moral colonial.

Cali y el Valle en transición

Al llegar a 1736, el Valle del Cauca había afianzado su posición como región estratégica para la economía del suroccidente neogranadino. La articulación entre haciendas, rutas comerciales y circuitos mineros permitió que Cali pasara de ser un asentamiento periférico a un centro con intereses propios, aunque aún subordinado a Popayán.

Este periodo sentó las bases para la expansión económica y social de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando el establecimiento del Virreinato de la Nueva Granada y el auge del comercio aurífero redefinirían el papel del Valle dentro de la colonia.

Continuará: 1736 – 1786

Redacción