Aunque Colombia ha enfrentado en el pasado varias crisis en asuntos de desequilibrio de las finanzas públicas como la de 1989-1999 y la derivada de la pandemia del COVID-19, la actual resulta sin lugar a dudas ser la más severa y preocupante de todas dada su magnitud, en tanto que la misma afecta aún más la estabilidad macroeconómica del país.
Esta situación de desequilibrio de las finanzas públicas obedece en términos generales a que los gastos que realizan los gobiernos superan los ingresos que nutren el presupuesto de la Nación , todo lo cual viene determinado por el carácter del régimen social y estatal, particularmente relacionado con la composición de sus ingresos y la orientación de sus gastos, así como del papel del presupuesto en la vida económica y política del país, que en buena medida contribuye a enriquecer a las clases dirigentes al aumentar las cargas impositivas a amplios sectores de la población que cada día se empobrecen con el estado de cosas que existen en el país.
Para algunos analistas especializados, el gobierno debe reducir el gasto público hasta en un 56.7%, lo cual representa un 4.0% del PIB. Sin embargo, esto no será posible, en tanto deben reformase rubros inflexibles como pensiones o transferencias.
Por el contrario, otros analistas consideran viable una reducción del gasto sobre la base de recortar la nómina burocrática y la contratación oficial en materia de prestación de servicios, los viáticos de varios de los funcionarios del gobierno, etc.; medidas estas que tampoco tendrán efectividad en la actualidad en medio de la campaña pre electoral en la cual se encuentra incurso el país.
A lo anterior, se suma el hecho de que el actual gobierno no está dispuesto a disminuir sus gastos, acrecentándose con ello sustancialmente el problema del déficit del país, el cual no se podrá resolver sin que se genere un cambio estructural del régimen económico y político, en donde los ingresos del Estado no se deriven en lo fundamental de los impuestos, tasas y contribuciones que pagan los contribuyentes y los gastos tengan un carácter productivo, a fin de que el presupuesto se traduzca en una fuerza que influya decididamente en el crecimiento y desarrollo económico del país y en todas las esferas de la vida social, cultural y científica, aprovechando además las inmensas riquezas y modalidades naturales con que cuenta con el fin de desarrollar la gran producción para beneficio de todos los colombianos y con ello incrementar sustancialmente los ingresos del Estado sobre los gastos, evitando así, el déficit y el desequilibrio permanentes de las finanzas públicas que se presentan regularmente con los presupuestos de los países capitalistas.
Esta situación no solo afecta el poder central sino al local que se desarrolla en los territorios en donde casi siempre los presupuestos tienen un carácter inflacionario y deficitario, en tanto que los gastos burocráticos y la contratación oficial sobrepasan en buena medida los ingresos provenientes de los impuestos, tasas y contribuciones que se cobran a los contribuyentes, particularmente en lo relacionado con los impuestos predial y de Industria y Comercio, además de la contribución de valorización que se cobra por la construcción de obras de infraestructura vial que no siempre contribuyen al progreso y desarrollo del territorio, en tanto agobian los presupuestos familiares de los contribuyentes que no pueden pagar los altos gravámenes, generándose con ello un gran déficit entre los gastos y los ingresos que perciben los municipios por dichos conceptos.