En sociedades con marcadas diferencias económicas, sociales y culturales, la política debería enfocarse en tratar de solucionar sus problemas más comunes, los que suelen señalar las encuestas; como lo son la seguridad, trabajo, educación, vivienda y salud, a los que en las ciudades, en las que vive la gran mayoría, hay que agregar la movilidad en ellas y entre ellas, es decir, una organización del territorio mediante un plan vial y de usos del suelo y ocupación del espacio, constituyendo un único plan, que involucra a todos los problemas mencionados. Y enfocarse en lo común, permitiría precisar aquellos asuntos singulares que debe afrontar la política en lo económico, social y cultural.

Un buen plan vial, por ejemplo, genera trabajo para su ejecución, contribuye a más seguridad, demanda educación para su buen uso y vincula con seguridad, eficiencia y placer a la vivienda con los lugares de trabajo, y con las sedes de los servicios públicos, bancarios, culturales, deportivos y de recreación. Y es fundamental para generar una cultura urbana propia de urbanitas que se comportan respetuosamente al circular por vías funcionales o caminar por agradables y seguros andenes; lo que en conjunto le da identidad y confort a los diferentes lugares de la ciudad que han seguido los usos del suelo y ocupación del espacio indicados, y carácter a la imagen de la ciudad.

Por su parte, el objetivo de un plan vial debe ser definir y vincular mediante diferentes tipos de vías todos los espacios urbanos públicos de una ciudad con las edificaciones diversas que la conforman, de acuerdo con el plan de usos del suelo y ocupación del espacio. Siempre considerando que ese plan general, POT, debe ser a largo plazo y a realizar con planes a mediano plazo, los que uno tras otro lo llevan a cabo; planes parciales que se concretan con obras a corto plazo que se terminan a tiempo, algunas rápidas y pertinentes pequeñas “acupunturas urbanas”, y las inevitables reparaciones, las que deben ser inmediatas para no comprometer la movilidad en la ciudad.

El plan vial se ocupa del trazado de las vías, del diseño de sus calzadas y de los andenes que las acompañan y que acceden a plazas y parques; como también del diseño de sus respectivas demarcaciones, señalizaciones y nomenclatura, para dar una oportuna y pronta información a los que se mueven por la ciudad  sobre su adecuado uso, aumentando su seguridad, funcionalidad y confort. Por eso dichos diversos trazados y diseños deben formar parte integral de un único plan vial, que se rectifica, mejora y complementa periódicamente atendiendo a las novedades que ineludiblemente se presentarán debidas a los cambios en los usos del suelo y ocupación del espacio.

Por todo lo anterior es que la política debería enfocarse en tratar de solucionar los problemas comunes pero no apenas los del país sino ante todo los de sus pueblos y ciudades, a los que necesariamente acuden con alguna regularidad los pocos que aún viven en el campo, en los que sus espacios urbano públicos pertenecen a todos y cuyo uso deben compartir educadamente. Ciudadanos que se informen pertinentemente sobre su ciudad, y voten por concejales según sus propuestas para la ciudad y por alcaldes  que se comprometan a realizarlas; todo lo contrario de lo que ha pasado en Cali desde que los alcaldes son elegidos por una población que no está en capacidad de hacerlo bien.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.