ENTREVISTA EN EL ENCUENTRO LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE DE ENTRENADORES 2025 , organizado por el Centro de pensamiento deportivo latinoamericano y del caribe CEPALAC*

Jefferson Pérez, gloria deportiva de Suramérica y Latinoamérica, campeón olímpico y mundial, atleta de 20 años en el alto rendimiento, campeón mundial junior en 1992, fue el  segundo  invitado a este  Encuentro internacional; la  entrevista moderada por el profesor chileno, Juan Luis Carter, como  director académico del encuentro.

En 1996, Jefferson logra el oro olímpico en Atlanta, y vuelve a ganar medalla de plata en el 2008 en Pekín. En ese lapso de tiempo obtiene primeros lugares en campeonatos mundiales y copas mundiales de marcha atlética, representando a su país, Ecuador. Hoy, presidente electo de la Federación Ecuatoriana de Atletismo.

JP: De niño soñé con ser el mejor. Vendí periódicos, que, en muchas de nuestras áreas suramericanas, como ustedes saben, es un medio en el cual muchos de los niños no tenemos oportunidad de la recreación: tenemos el compromiso del trabajo con nuestros padres. Con esto no estoy diciendo, bajo ninguna circunstancia, que eso sea un ejemplo a seguir. Lo que estoy diciendo es que, a través de un esfuerzo y de un compromiso, me hizo entender el principio fundamental de que cuando se generan oportunidades, uno debe estar preparado para ellas.

Tuve la suerte y el privilegio de que, con la bendición de Dios, mientras iban presentándose problemas, también iban apareciendo ángeles que nos daban herramientas y oportunidades. Ese niño sobre el féretro de su padre, hizo una promesa y le dijo: “Te juro que un día voy a ser el mejor del mundo”, a través del deporte tuvo la oportunidad, la suerte y el privilegio de cumplir la promesa.

Hoy soy uno de esos millones de niños soñadores, de esos que dicen: “Yo quisiera poder intentarlo”. También soy uno de esos pocos quizás cientos, o muy pocas unidades que tuvo el privilegio y la suerte de acceder no solo a oportunidades deportivas, sino también a oportunidades académicas. Eso me ha dado un balance….

En términos generales, soy un chico de la sierra de nuestra región andina, vivo a 2.500 metros de altura. Tuve la oportunidad de ganar la primera medalla olímpica para Ecuador, y Dios, de manera generosa, me permitió que en este siglo XXI también pudiera retirarme con una segunda medalla olímpica para mi Ecuador. Ahora estoy feliz y emocionado de ver cómo nuestro país tiene 10 medallas olímpicas.

Soy un hombre soñador, que cada momento busca salirse de su zona de confort. Cuando tenemos algo sólido, siempre busco algo que nos lleve a la experimentación, con la posibilidad de error y aprendizaje. Es buscar el equilibrio entre lo que ya conocemos y podemos hacer, y ese nuevo ámbito de experimentar en otros campos, que nos permitan mejorar y aprender.

Ramiro Varela M: Esta relación entre el deporte y la superación personal, ejemplo de vida, ¿cómo la describe Jefferson Pérez?

JP: Tuve la suerte de ser el primero de mis hermanos en terminar la universidad y luego el primero en hacer un posgrado. ¿Qué pasó con mis hermanos? Si bien es cierto que para ser deportista se necesitan ciertas cualidades y más adelante vamos a comentar sobre cierto talento básico, a través del estudio mis hermanos generaron un principio de imitación.

Me volví competencia de mi hermano menorm cuando terminé el pregrado, él también lo hizo; cuando terminé mi primer posgrado, él estudió su primer posgrado; cuando hice mi segundo posgrado en el exterior, él decidió hacer un diplomado en el exterior. Existió un tema de imitación dentro de un principio de competencia. Entonces, ¿cómo logramos que a través del deporte se genere esta gran posibilidad de convertirse no solo en serio, sino en un generador de imitación hacia los demás?

RV: Hay una discusión que hemos escuchado en muchos escenarios mundiales sobre si el deportista nace o se hace. Jefferson ha considerado que el esfuerzo es muy importante y el talento también. ¿Cómo combinas esas expresiones?

JP: Tuve la suerte de tener un entrenador colombiano con una visión espectacular: Enrique Peña Ruiz. Parafraseando sus palabras, decía: “No me pida hacer de una oveja un caballo de carreras,  necesito mínimo que me den un caballo, y en base al entrenamiento, puedo crear un caballo de carreras”.

Creo que la base del talento es importante, pero un talento sin trabajo no sirve de mucho. Hay una expresión que me gustaba muchísimo, aunque la he suavizado porque era muy fuerte: “La disciplina vence al talento, pero talento más disciplina te convierte en un ser humano que puede trascender”.

La disciplina es muy importante, más aún cuando eres consciente de que tienes talento. Porque, cuando no tienes talento, puedes decir: “No tengo nada que aprender”,  pero cuando lo tienes, tienes mucho que construir y trabajar. Yo diría que se necesitan ambas.

RV: Has descrito una experiencia muy interesante con el profesor Peña, de grata recordación en Colombia, vive en Estados Unidos. Queremos conocer, en ese oro olímpico de Atlanta 96, una directriz fundamental de tu entrenador que te haya servido mucho y que agradezcas toda la vida.

JP: Faltaría tiempo para explicar todos los principios técnicos y de conocimiento científico que me impartió Enrique Peña Ruiz, pero voy a utilizar una expresión coloquial para resumir lo más importante que me impactó.

Yo tuve anteriormente otros entrenadores que siempre decían: “Jefferson, hay que ir de poquito a poquito. Si tienes posibilidad de ganar una medalla mundial, hay que ganar primero un bronce, luego una plata y luego un oro. Así la gente no te va a presionar y se sentirá contenta de que sigas dando mejores resultados”.

En 1996, un día, cenando con Enrique Peña, le comento este principio que me habían puesto en la cabeza desde niño. Le dije: “Enrique, estamos muy bien entrenados, tenemos la posibilidad de una medalla. ¿Tú crees que, si la vida me da la oportunidad de ganar una medalla, debería buscar la de bronce?”. Y Enrique Peña, con sus frases muy coloquiales, dijo: “Si la vida te da papaya, aprovéchala; no la rehúses. Si tienes la posibilidad de ganarlo, gánalo, porque no sabes qué va a pasar en cuatro años, no sabes qué va a pasar con tu vida”.

Esa fue una expresión que resumió el compromiso que me transmitía: las oportunidades no siempre se repiten.

Quiero aprovechar unos segundos para expresar la importancia de entender que un deportista, al igual que un estudiante, no llega al posgrado sin antes haber pasado por la escuela, la secundaria y el pregrado. En cada uno de esos escalones se necesitaron profesores y maestros. Alguien puede decir: “Yo tengo un doctorado, y mi doctorado es lo máximo del universo”, pero si no hubieras tenido a tus profesores de primaria, sería muy difícil llegar ahí. Entonces, cuando alguien me dice: “¿Qué tan importantes fueron tus entrenadores?”, respondo: absolutamente todos, en toda la cadena de aprendizaje, fueron fundamentales y necesarios.

Por eso quería comentarles que, cuando el niño crece y le dice al profesor de primaria o secundaria: “Gracias, profesor, pero ahora necesito buscar un profesor universitario”, no tenemos por qué rehuir ni obsesionarnos con retenerlo. Si el niño ya creció y quiere volar, y quiere ser un halcón, más bien, por el contrario, debemos impulsarlo. Es una de las cosas que le tengo eternamente agradecidas a Enrique Peña. Cuando le dije: “Enrique, yo quiero entrenar solo”, él me respondió: “A partir de mañana dime en lo que tú necesites que te ayude, las 24 horas, llámame y estaré listo para ti”. No me dijo: “No, estás muy joven, tienes que entrenar lo que yo te diga”. No. Él me dijo: “Adelante, vuela”.

Esta es una reflexión que les dejo a todos los entrenadores: ustedes conocen mejor que nadie a los chicos; cuando el chico ya se convierte en halcón y quiere volar, démosle el empujoncito de la buena suerte para que pueda hacerlo.

RV: Indudablemente el mundo entero conoció de tus aptitudes personales como deportista, pero también de tus actitudes técnicas, y la sumatoria de ambas te llevó a ese éxito enorme en tu vida profesional, deportiva y personal. ¿Cómo percibes esa gran combinación?

JP: Yo lo llamaría responsabilidad social ciudadana. ¿A qué me refiero? Algunas personas deportistas, especialmente en nuestros países latinoamericanos, suelen decir: “El gobierno no me apoya, el Estado no me apoya”. Sin embargo, revisemos: yo estudié en una escuela pública, estudié en un colegio público, fui a un hospital público, nací en un hospital público. En nuestro país tenemos subsidios de luz, de agua. Creo que el Estado no el gobierno, sino el Estado como institución, siempre busca apoyar a la gente. Entonces, la pregunta es: ¿qué puedo yo hacer ahora por mi país? ¿Qué puedo devolverle? Las limitantes a veces pueden ser duras, pero cuando tenemos talento y esfuerzo, podemos construir ese role model ( modelo a seguir ) , que genera una gran connotación en la juventud y en la ciudadanía.

Creo que más allá de cuánto talento tienes o cuánta actitud posees, debes enfocarte, ser responsable y llegar a un punto en que nuestros nuevos deportistas del siglo XXI no solo piensen en cuántos títulos van a obtener, deportivos o académicos, sino también en cuál va a ser su role model en la sociedad: cómo van a contribuir para devolver a la sociedad mucho más allá del orgullo y de los resultados deportivos, convirtiéndose en instrumentos de impacto social positivo y de transformación.

RV: Hoy lo evidencias con tus condiciones como “coaching” y con grandes ejemplos de vida en la niñez para superar dificultades. ¿Por qué no nos relatas alguna que haya impactado en las conferencias que has dictado en empresas ecuatorianas y mundiales?

JP: No invento nada nuevo, pero sí intento hacer un comparativo entre el deporte de alto rendimiento y el alto rendimiento ejecutivo. Hay muchas condiciones y cualidades similares.

¿Qué quiere un deportista de alto rendimiento? Llegar a su máximo nivel. ¿Qué quiere una empresa? Lograr que sus trabajadores y colaboradores lleguen a su máximo nivel, porque solo así la institución se beneficiará.

Dentro de eso, les decía a algunas personas: todos estamos dispuestos a llegar a nuestro 100%, pero ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por llegar a ese 100%?

Les cuento una historia breve. Cuando estábamos entrenando para los Juegos Olímpicos de 1996, unas semanas antes, el médico, junto con el entrenador, hicieron una serie de pruebas: ácido láctico, VO₂ máximo, frecuencia cardíaca, velocidad, percepción… todos esos análisis medibles. Recuerdo que el médico me dijo: “Jefferson, creo que podemos hacer una hora 21 minutos en Atlanta”. Con ese tiempo podríamos estar en el podio. Yo estaba feliz: podía pelear la primera medalla para Ecuador.

Faltando una semana para ir a los Juegos Olímpicos, el médico me invita a cenar y me dice: “Si mejoras algo así como el 0,1%, ganas medalla de oro”. Le respondí: “Espérate, médico, si ya estoy yendo al 100% de mis condiciones físicas y psicológicas, ¿cómo quieres que vaya un 0,19% más? No puedo”.

Él me dijo: “Yo puedo medir tu velocidad, tu frecuencia cardíaca, tu ácido láctico, tu VO₂ máximo, tu percepción… pero hay algo que no puedo medir: se llama voluntad. Eso no puedo medirlo”.

Al final, en Atlanta hicimos 1h 20’07’’. Cincuenta y tres segundos separaron el 100% del máximo nivel técnico de ese esfuerzo de voluntad. Eso es lo que comparto en las corporaciones: cuando tenemos cifras, siempre hay un porcentaje extra que no es medible, que no está en el mercado, que depende de condiciones internas y externas, y que es intrínsecamente nuestro. Ese porcentaje se llama “voluntad”.

RV: En ti encontraron el biotipo, las ganas y el hambre para crecer en el deporte. Naciste en Cuenca, en la altura ideal y en unas condiciones ideales, pero ese primer entrenador que visualizó tu futuro como campeón nacional de marcha, ¿cómo fue ese ejemplo?

JP: Es un tema extremadamente importante. Si bien no fue mi primer entrenador en atletismo —tuve previamente a Manuel Ortiz y Luis Muñoz—, el primer entrenador en marcha fue Luis, mi tercer entrenador en atletismo en general.

¿Quién era Luis en ese momento? Un joven estudiante universitario que luchaba por ser profesor de colegio, que aspiraba a ser entrenador de la Federación provincial, que era padre primerizo, que buscaba su madurez y, al mismo tiempo, guiar a jóvenes.

Crecimos juntos: este niño intrépido, rebelde, de carácter fuerte, y este entrenador estudiante, buscando conocimiento, investigando, probando y errando, aplicando métodos empíricos. Tuvimos la suerte de crecer juntos hasta que llegó un instante en que ambos entendimos que era momento de que el chico que ya creció pasara al posgrado.

Tengo una gratitud infinita hacia el profesor Luis. Él decía, cuando éramos jóvenes y entrenábamos: “Un día Ecuador será potencia mundial en la marcha”. Para mí fue un gran regalo ver esa participación de Ecuador en los Juegos Olímpicos de París, donde estuvimos en resultados olímpicos solo detrás de Brasil. Vamos mejorando.

RV: Cuando llegaste al primer oro mundial, ya eras famoso por ese oro olímpico previo y tu trayectoria de siete años, entre 1996 y 2003. En la marcha hay mucha rivalidad en competencia y el trabajo en equipo requiere condiciones. ¿Cómo fue esa competencia para lograr tu primer oro mundial?

JP: Muchas veces el rival más fuerte no está fuera de nuestras fronteras. Muchas veces el rival más fuerte es aquel que veo día a día en el espejo, el que dice: “Hoy el clima está terrible”, o “Hoy amanecí con dolor”, o “Me fue mal en un resultado y toda la prensa y el país me quieren hacer puré de papa”. Ese es el rival más duro. Los otros rivales son competidores que nos permiten mejorar. Hay una frase que me encanta: “Gracias, querido competidor, gracias amigo y hermano rival, porque si tú no existieras, yo no podría superarme”. La rivalidad y la competencia son fundamentales y necesarias. Convertirnos desde ese punto de rivales deportivos en enemigos, creo que existe un cambio gigantesco. Eso creo que, en el deporte, ventajosamente, tenemos las brechas muy limitadas. Es muy difícil que un rival se convierta en enemigo. Así que, en términos generales, creo que la importancia fundamental es poder encontrar que ese mayor rival, muchas veces, en nuestros países, no está afuera, sino adentro.

Les comento brevemente, ¿puede usted imaginar una selección nacional de boxeo preparándose para el campeonato mundial de box? ustedes son técnicos, son los expertos, saben la cantidad de preparación que se necesita, ¿puede creer, que el equipo de Ecuador no pudo ir porque alguien se le olvidó hacer las gestiones de la inscripción y no se hizo a tiempo. Entonces, esas son cositas de las que necesitamos darnos cuenta: que el mayor rival no está fuera, a veces está en nuestro propio entorno.

R.V.:Un deportista que logra tantos éxitos como el que tú has logrado, después del retiro,  has tenido mucho éxito organizacional y empresarial, que se convierte en un ejemplo para los profesores, para los entrenadores. Jefferson Pérez, hoy es un maestro de maestros, de profesores, de entrenadores, porque tiene una facilidad de relatar lo técnico y lo deportivo para que los mismos profesores y entrenadores capten la alta competencia deportiva. ¿Por qué no nos haces la comparación entre el éxito deportivo y el éxito que has tenido por fuera de la competencia, ya retirado?

JP: Creo que soy un aprendiz de mejoramiento, porque ni siquiera puedo decir que soy un maestro. Soy un aprendiz que busca seguir mejorando.nLo que sí puedo compartir con los técnicos, además de felicitarles y agradecerles, porque sé que en nuestros países es muy duro, muy difícil poder salir adelante, es una pequeña frase, una pequeña reflexión: ¿cuál es el propósito de nuestras vidas? ¿Por qué y para qué estamos haciendo esto? Algunos dicen que el éxito es hacer dinero para, cuando ya sean viejos, no trabajar. Otros dicen: “Quiero ser famoso para tener dinero”. Y otros: “Quiero trabajar para vivir”, aunque hay algunos que definitivamente viven solo para trabajar.

La reflexión es: ¿cuál es el propósito de nuestra vida? Solo ahí vamos a encontrar una pequeña luz hacia el camino que nos dice: ¿cuál es el éxito de cada uno de nosotros? Busquemos cuál es esa luz y el éxito. El éxito para cada uno de nosotros es diferente.

RV: Usted ha tenido unas líneas deportivas muy interesantes, seguir trabajando por el atletismo. Ese mensaje como maestro hacia los entrenadores de tener muchos espacios, el éxito deportivo.

JP: En el 2008 tome la decisión de retirarme del deporte. Hasta que en un evento organizado por Consudatle, tuve la suerte y la fortuna de coincidir con Manuel Bravo quien generosamente me invitó a hacer parte del equipo nacional en juegos Panamericanos y desde ese instante a la fecha, Comité Olímpico abrió sus brazos, para recibir a su hijo perdido, a su oveja descarriada, y hoy me he vuelto a enamorar del deporte y quiero agradecer públicamente tanto a Manuel Bravo, como al capitán Jorge Delgado ( presidente COE ) , que han sido los maestros que me están permitiendo incorporarme en la estructura del deporte.

RV: Un mensaje a los entrenadores y profesores de tu gran experiencia deportiva, disciplina mental, una física, emocional, todas esas características importantes que lograste suplir, cumplir con lujo de detalles y, ante todo, vencer a veces limitaciones personales. ¿Qué mensajes puede darles en estos aspectos a quienes nos escuchan?

JP: Mi saludo y mi gratitud, pero también mi reconocimiento, porque al igual el padre que es tan paciente con su hijo, recordarles que ustedes son los padres deportivos de miles de jóvenes, y como padres deportivos las canas no es vejez, es sabiduría, y los jóvenes tienen derecho a equivocarse, y ustedes nuestros padres deportivos, tienen la oportunidad de guiarnos, así que, gracias a ustedes, padres deportivos, porque muchas de las veces el deportista se sube al pódium y le cuelga la medalla, pero esas miles de horas, lagrimas, momentos tristes, momentos felices también, ustedes son los responsables. Así que mi mensaje es gratitud, padres deportivos.

RV: ¿Cuál es la filosofía de vida de Jefferson Pérez, cuando ha sido admirado por un continente, por su país, obviamente, y el mundo entero?

JP: Un estudiante, un aprendiz, aprendiz de la vida. Y por eso es una de las razones que, cuando nuestros deportistas ganan una medalla olímpica, sé perfectamente que, cuando regresan al país, van a tener una serie de condecoraciones y una serie de homenajes bien merecidos. Lo que yo hice con el equipo olímpico es pedirles 30 minutos de su tiempo para ofrecerles mis errores, la vida de errores que yo cometí cuando gané una primera medalla. Eso es lo que yo les doy de regalo normalmente. No sé si sea regalo, en todo caso, pero eso es lo que yo les ofrezco y les entrego a los deportistas medallistas de mi país. Y ahora es tan emocionante poder ver cómo los deportistas dicen hay una frase interesante: “La persona inteligente evita tropezarse dos veces con la misma piedra, pero la persona sabia aprende de los errores ajenos”. La persona sabia aprende de los errores ajenos y esos errores están escritos en libros. Por esa razón, yo siempre intento compartirles mis amargas experiencias, no solo lo técnico, no solo el objetivo, la misión, la visión, el plan estratégico, el entrenamiento psicológico, la disciplina, sino también mis caídas, para que ellos eviten caer.

RV: ¿Cuál es el impacto social, cultural y económico logrado a partir de su movilidad deportiva ascendente?

JP: Amigos, permítanme contarles brevemente una pequeña historia. 1996, 25 de julio. ¿Saben cuántas personas conocían de la marcha en Ecuador?. Los deportistas, entrenadores, dirigentes y los padres de familia, contados, sabían lo que era la marcha en Ecuador, hasta que el día 26 de julio, 9:00 a.m., en ese momento 14 millones de ecuatorianos conocían lo que era la marcha. ¿A qué es lo que voy? ustedes pueden imaginarse un posicionamiento de marca, una marca totalmente nueva que solo conocen 100 personas. ¿Cómo logramos que en 80 minutos conozcan 14 millones? no solo que conozcan la marca, sino además que sientan el afecto y el cariño de la marca. Y eso se lo puede hacer solo a través del deporte, ese good will de marca a través del deporte. Las otras marcas, como Coca-Cola, necesitaron 100 años para construir eso. La marcha en Ecuador necesitó, con el apoyo de todos, 80 min para que, hoy en día, cuando vemos a un marchista en las calles, los carros se paren, pero ya no a insultarnos, sino a aplaudir, a darnos agua, a decir: “Vamos, ustedes pueden, más medallas olímpicas”. Y cuando los niños nos ven, dicen: “Ey, yo también quiero ganar una medalla olímpica”. Y eso fue lo que nos pasó con Daniel Pintado.

Me contaba que, cuando él era niño, tenía 4 o 5 años me dice: “Mi madre me llevó en horas de la madrugada a un coliseo frío en Cuenca, a 2.500 metros de altura, con casi 5 grados. Y cuando tú llegaste a la meta ganando tu segunda medalla olímpica en Pekin, todos lloraban y veíamos en pantalla gigante y todos lloraban. Y en ese momento abracé a mi madre y le dije: ‘Mamá, te juro que yo un día voy a ganar una medalla olímpica como esa para regalártela’”. Eso solo puede hacerlo el deporte.

RV: Jefferson, inspirador de la medalla de oro de Daniel Pintado. Gracias por esa anécdota. Nos dice Carlos Andrés Ardila: “Jefferson, mi total admiración. Antes de escuchar su presentación, quiero preguntar: ¿qué hizo Ecuador en los últimos 5 años para mostrar ese salto de calidad gigante en el deporte, atletismo, ciclismo, fútbol?”.

JP: Los resultados se dan después de un trabajo. ¿A qué me refiero? Alguien puede decir: “Qué hermoso que está ese edificio, y el color está increíble, y la puerta del edificio está preciosa”. Pero se tuvo que trabajar los cimientos, las columnas, la estructura. Y nosotros no podemos dejar de desconocer que Ecuador no es el resultado de los últimos 4 o 5 años. Ecuador es el resultado cuando en 1999, tomamos la decisión de ir a la Asamblea Nacional en ese momento llamado Congreso, e ir curul por curul solicitándoles a todos los asambleístas que nos firmen un proyecto de ley en el cual se permitía financiar el programa de alto rendimiento.

En 1999, de todos los asambleístas, una sola persona no me firmó el proyecto. Eso dio inicio al primer programa llamado Fondeporte. Hoy en día lo conocemos como alto rendimiento, hoy lo conocemos como proyecto capitán, pónganle el nombre que sea necesario, eso no es tan importante, cambien los colores, lo que importa es el espíritu y el origen. Entonces, no es en los últimos 4 o 5 años. Los últimos 4 o 5 años se podó, creo que se cosechó, pero esto es un llamado a todos mis compañeros y colegas dirigentes ecuatorianos: sí, cuando sale el sol, disfrutémoslo, pero mañana, cuando se nos viene la tormenta, estemos listos. Nos ponemos el paraguas, nos ponemos el poncho de aguas y a seguir trabajando. Hay que seguir trabajando frente a la tormenta no vamos a parar, y eso será mayores resultados, no para los dirigentes, mayores resultados para la ciudadanía ecuatoriana. Porque cuando un deportista gana una medalla olímpica, no es solo el deportista: es la influencia que genera en toda la sociedad.

RV: Nos dice John Moreno: “Jefferson, ¿cómo hablarle al niño en el momento de exigirle sin lastimar su sensibilidad?

JP: Qué hermoso tema, y permítanme citar un video que tuve la oportunidad de ver de una maestra de Perú. Le hacen la siguiente consulta: “Oiga, profesora, ¿qué opina usted de la generación de cristal?”. Y ella respondió: “La generación de cristal es el resultado de una generación de padres de algodón”.

¿Cómo logramos llegar a motivar a los chicos? ¿Cómo logramos identificar entre motivar y presionar? ¿Y cómo logramos diferenciar entre presionar y exigir? Líneas muy delgadas, extremadamente delgadas. Y creo que la mejor respuesta la tienen ustedes, porque ustedes son los técnicos, ustedes son los científicos, ustedes son los que están trabajando y estudiando día a día. Lo único que les pido, padres deportivos, es no olvidar que, al padre, cuando llegamos, le abrazamos, y cuando el padre nos abraza y nos dice “te quiero”, nos sentimos felices. Pero, en ocasiones, cuando el padre también se pone un poco enérgico, solo con el tiempo le decimos: “Gracias, porque ese momento fue necesario”.

RV: ¿Cómo saber llevar la vida deportiva con la vida personal sin alterar mucho ambas?”.

JP: Hay una circunstancia siempre particular, especialmente en nuestros países latinoamericanos no en todos los deportes, pero sí en algunos, y es que encontramos una puerta de oportunidad para escaparnos de la situación socioeconómica en la que vivimos. Por esa razón, los padres deportivos y los entrenadores no solo deben preparar a sus deportistas para conseguir el objetivo deportivo, sino, sobre todo, hay que prepararlos para después: ¿qué pasa si lo logras?

Para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, yo iba a dar mi vida por mi país. La única manera en que yo regresara de allá sin una medalla era en un féretro, quizás estoy siendo un poco extremista, por favor, solo es una historia netamente personal. Con eso no estoy indicando que eso pueda ser la generalidad, solo es un tema de una historia personal. Pero cuando gané la medalla de oro olímpica, se terminó mi mundo, porque nunca, con 22 años, me puse a pensar, a analizar, ¿qué pasa después?, ¿qué pasa cuando llegas a un país en el cual eres más conocido que el presidente de la República? ¿Qué pasa cuando regresas a un país en el que te dan todo el amor del mundo y tú puedes confundirte? ¿Qué pasa con 22 años cuando regresas a un país y en el cual el señor que vende caramelos hasta el señor que tiene un supercamión se para, te pita y dice: “Bravo, lleve”, y se para, te abraza y tú dices: “¿E y, ya, ya, cálmate”? Entonces, pensemos en el después del resultado.

Y ahí viene la formación académica. Y ahí viene, una vez más, lo que les dije al principio: el tema del compromiso social ciudadano. Un deportista es un instrumento fundamental de una transformación social. Si un deportista piensa solo en ganar medallas, creo que su talento está limitado. Si un deportista piensa que, a través de obtener resultados deportivos, puede lograr una transformación social en la juventud, llegar a ese role model que necesita la comunidad, habremos logrado utilizar.

Una buena experiencia vivida desde Colombia. ¿Cómo te sentiste después de ganar la medalla de oro en Atlanta, 12 años después, la medalla en Pekín? Y, ¿Qué harías para mejorar el deporte en Ecuador?”.

JP: Una persona puede tener la ilusión, el compromiso, la responsabilidad, el conocimiento, incluso, para poder hacer una transformación. Pero si no tiene un equipo, no va a lograrlo. Si no tiene la grandeza de la humildad en ir a golpear las puertas y decir: “¿nos pueden ayudar?”, va a ser muy difícil que lo logre. Entonces, lo primero es: tenemos nuevas metas. Lamentablemente y digo lamentablemente en el buen sentido de la palabra, aunque ustedes no me puedan creer que exista un buen sentido de la palabra en la expresión, lamentablemente, el Dr. Manuel Bravo, con todo su equipo de la Federación de Atletismo, nos dejó la vara un poquito alta, y ahora tenemos que intentar llegar al nivel de él. ¿Por qué no pensar y soñar tal vez en poder superarlo?

Tenemos muchas ideas, muchos proyectos, pero lo mejor que quiero es agradecer a todo mi equipo del nuevo directorio de la Federación Ecuatoriana de Atletismo, tenemos ahorita ya varias comisiones trabajando de una manera impresionante. Aún no estamos en funciones y ya tenemos responsabilidades, y ya estamos trabajando. El sueño es el infinito, el infinito. Así que vamos a intentarlo.

Respecto al tema de la pregunta “¿Cómo te sentiste al ganar una medalla? ¿Cómo me sentí después de 12 años al ganar la segunda medalla?”

JP:  ver, aquí hay varias cosas. Reitero, una vez más: una cosa es la meta y otra, la línea de llegar. Cada persona tiene sus propios propósitos. Le había mencionado al inicio: el propósito de Atlanta era encontrar paz. Hay una historia larguísima que, por temas de tiempo, no les voy a comentar, pero era encontrar paz a través de una promesa a un ser celestial. Entonces, cuando llego en Atlanta no hay gritos, no hay estas emociones; más bien es como tranquilidad, como paz. Cuando llego a los Juegos Olímpicos de Pekín, 12 años después y permítanme aquí, por favor, hacer un pequeño paréntesis, en esos 12 años no estaba de farra, no estaba de parranda. Estaba entrenando y estaba consciente de que tengo el talento para ser el mejor del mundo, y también la responsabilidad y la disciplina para ser el mejor del mundo. Pero en Juegos Olímpicos, de manera generosa, el universo y los dioses de Olimpo toman la decisión de abrir, para recibir en sus brazos a los campeones olímpicos. Y por dos ocasiones, la una en Sídney, que quedé cuarto, y la segunda, en donde nacieron los dioses, en Atenas, el Olimpo decidió cerrarme. Y tuve que seguir insistiendo, seguir golpeando las puertas y seguir: “E y, ábranme la puerta, miren que yo sí puedo”, hasta que, en Pekín, 12 años después de mucho trabajo, dijeron: “Está bien, te vamos a abrir la puerta”. Ustedes conocen la historia. Para mi criterio, muy sencillo, muy humilde: Ecuador no obtuvo su segunda medalla de plata; Ecuador tuvo una medalla de oro, su segunda medalla de oro. Probablemente no al metal, pero sí a la honestidad y al juego limpio.

RV: Despedimos a Jefferson Pérez con esta frase en el chat de Camilo González: “Gracias, Jefferson. Bendiciones, Jefferson Pérez, y a todos los colegas desde Panamá. Viva el atletismo”.

JP: Que viva Latinoamérica, que viva todo el deporte, que viva el atletismo y, por supuesto, trabajemos juntos, aprendamos juntos. Nuestro corazón y nuestras puertas en Ecuador están abiertas para cuando ustedes crean y quieran que podamos compartir nuestros errores, sobre todo nuestros errores, para que ustedes no los cometan. Estamos totalmente abiertos. Dios les pague. Nos veremos pronto, queridos amigos, queridos colegas, queridos entrenadores, dirigentes del mundo entero. Les mando un abrazo gigantesco a la distancia.

PD: Que gran lider ha ganado latinoamerica y el caribe, en el escenario mundial de World Athletics.

Ramiro Varela Marmolejo