La designación de Jefferson Pérez como presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano marca un momento histórico para el deporte de Ecuador y para el olimpismo sudamericano. Son pocos los dirigentes que llegan a esta responsabilidad con una autoridad construida primero en la competencia y luego en el servicio institucional. Su elección reconoce una vida dedicada a la excelencia, la disciplina, la honestidad y el compromiso con los valores olímpicos. Más que un nombramiento, representa la confianza depositada en un líder cuya credibilidad nace de una trayectoria ejemplar que ha inspirado respeto dentro y fuera de los escenarios deportivos. Y de contera se supera un gran problema en el deporte ecuatoriano entre gobierno y COE.
El más grande referente del atletismo sudamericano
Jefferson Pérez ocupa un lugar de honor en la historia del atletismo mundial. Especialista en la marcha atlética, conquistó la medalla de oro en los 20 kilómetros de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, otorgándole a Ecuador su primer título olímpico. Doce años después obtuvo la medalla de plata en Beijing 2008, confirmando una vigencia competitiva extraordinaria. A estos logros se suman tres títulos mundiales, múltiples victorias en la Copa del Mundo de Marcha y un brillante historial internacional que lo consolidó como uno de los mejores marchistas de todos los tiempos. Por la magnitud de sus conquistas, su regularidad y el impacto de su legado, es ampliamente considerado el mejor atleta de Sudamérica en la historia.
Integridad, liderazgo y ejemplo de vida
Las medallas explican solo una parte de la grandeza de Jefferson Pérez. Su verdadero legado se sustenta en la caballerosidad, la honorabilidad y el respeto con que representó siempre a su país. Defensor del juego limpio y de la ética deportiva, ha sabido trasladar esas convicciones a su vida profesional. Como uno de los conferencistas más reconocidos de América Latina, comparte experiencias sobre liderazgo, perseverancia, disciplina y superación, inspirando a miles de jóvenes, estudiantes, empresarios y deportistas. Su historia demuestra que el éxito sostenible nace del esfuerzo constante, la preparación y la fidelidad a los principios.
Jefferson en palabras
“Primero, agradecido, agradecido infinitamente. Reiterarles una vez más a Manuel Bravo, a John Zambrano, a Francisco Torres y, por supuesto, a mi capitán Jorge Delgado, que fueron quienes me llamaron una vez más a que regresara al deporte.
Ustedes saben que estuve muchos años desvinculado del deporte y gracias a esos llamados que me incorporé una vez más. Estoy feliz, agradecido, volver con el primer amor, que es el deporte.
Y sí, es cierto, ayer hubo una sesión en la que decidieron apoyar que sea el presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano. Ya estuvimos en las oficinas del Comité Olímpico Ecuatoriano y realmente la situación es extremadamente crítica en el sentido de los tiempos con respecto a la participación del equipo en Juegos Suramericanos. Lamentablemente, en una evaluación inicial, al día de hoy Ecuador peligra la participación en estos Juegos. Pero, tengo fe en que vamos a trabajar de manera conjunta con las autoridades, con la dirigencia nacional, con los organismos de control Contraloría del Estado, Ministerio de Deportes, etcétera, para poder estar en Juegos Suramericanos con nuestros deportistas.
La misión ahorita es: vamos, perdiendo el primer tiempo, perdiendo 2 a 0 por tema de tiempos, pero creo que si todos ponemos el hombro, podemos remontar ese marcador. Está muy difícil, pero sí, Dios me hizo que las cosas no sean fáciles”.
Un liderazgo que fortalece el futuro olímpico
La llegada de Jefferson Pérez a la presidencia del Comité Olímpico Ecuatoriano abre una etapa de esperanza para el deporte nacional. Su experiencia como campeón olímpico, dirigente y promotor del alto rendimiento le permite comprender las necesidades de los atletas y proyectar una visión estratégica para los próximos ciclos olímpicos. Su liderazgo fortalece la confianza en las instituciones deportivas y envía un mensaje inspirador a toda América Latina: cuando un campeón de talla mundial asume la dirección del movimiento olímpico con ética, conocimiento y vocación de servicio, el deporte encuentra un camino más sólido hacia la excelencia. Ecuador gana un presidente; el olimpismo, un líder de dimensión continental.

