Las derrotas políticas rara vez ocurren por un solo hecho. Generalmente son el resultado de decisiones, conflictos internos y oportunidades desaprovechadas. Esta es la historia de una candidata , Paloma Valencia, que parecía tener una opción competitiva para llegar a la Presidencia, pero cuya campaña fue perdiendo fuerza a medida que avanzaba el proceso electoral.
El origen del problema
La candidatura nació en medio de una competencia interna intensa. Aunque el mecanismo de selección produjo una ganadora, no logró cerrar las diferencias dentro de su sector político. Algunos dirigentes aceptaron el resultado con reservas y otros nunca se integraron plenamente al proyecto. Desde el comienzo existió una dificultad: había candidata, pero no una unidad política consolidada.
La campaña arrancó sin resolver completamente las tensiones con quienes habían participado en la disputa interna.
El impacto de la tragedia
La muerte de Miguel Uribe, un dirigente político que representaba una alternativa para muchos ciudadanos cambió el escenario electoral. Durante varias semanas, la atención nacional giró alrededor de ese hecho. La agenda política se modificó y las prioridades de los electores también.
Mientras otros actores encontraron una forma de adaptarse al nuevo momento, la campaña pareció quedarse sin una respuesta clara frente a una realidad distinta.
El error de interpretar las encuestas
Los sondeos mostraban una competencia abierta y cambiante. Sin embargo, dentro de la campaña comenzó a crecer la idea de que ciertos resultados confirmaban una tendencia favorable.
La confianza en la consultas, las encuestas terminó influyendo en decisiones estratégicas. El equipo asumió que algunos apoyos ya estaban asegurados cuando todavía debían consolidarse.
La política, sin embargo, cambia con rapidez. Lo que parece una ventaja puede desaparecer en pocas semanas.
La llegada de un nuevo protagonista
La irrupción de otro candidato ( Abelardo de la Espriella ) modificó la conversación pública. Durante varios días ocupó espacios mediáticos y atrajo la atención de sectores que antes observaban a la candidata. Inicialmente ambos parecían complementarse. Sin embargo, cuando surgieron diferencias políticas, ideológicas y estratégicas, comenzaron los problemas.
Las contradicciones dejaron de ser comentarios internos para convertirse en un tema visible. Desde ese momento, la percepción de unidad empezó a debilitarse.
Las alianzas y sus costos
En busca de ampliar apoyos, la campaña de Paloma. abrió espacios a dirigentes provenientes de distintos partidos tradicionales. Liberales, Conservadores, CR, U, etc, La estrategia buscaba construir una coalición amplia, con la que había ganado Petro. No obstante, parte de la opinión pública comenzó a preguntarse si la propuesta mantenía la misma identidad con la que había iniciado.
Algunas incorporaciones generaron más interrogantes que beneficios. Las imágenes y los mensajes empezaron a transmitir señales diferentes a las que habían dado origen a la candidatura.
La batalla equivocada
Mientras avanzaba la campaña, sectores cercanos a Paloma, concentraron esfuerzos en confrontar a figuras de su mismo espacio político. Las diferencias internas ocuparon tiempo y atención. Entretanto, el adversario principal continuó fortaleciendo su posición.
Y llegó la escogencia del vice, Oviedo, fue la dura controversia ideologica, en la que perdió la candidata.
La campaña terminó enfrentando varios conflictos simultáneamente y perdió claridad sobre cuál era su objetivo central.
El punto de quiebre
La búsqueda de nuevos acuerdos políticos produjo reuniones y acercamientos que pretendían mostrar capacidad de convocatoria. Sin embargo, algunas de esas iniciativas generaron reacciones negativas entre simpatizantes y dirigentes. Lo que buscaba sumar apoyos terminó produciendo discusiones adicionales dentro y fuera de la campaña.
Las renuncias
La salida de miembros importantes del equipo aumentó la percepción de desorden interno.Asesor, y gerente, no solamente se fueron de donde Paloma, si no que se pasaron donde el Tigre.
Aunque cada renuncia tuvo sus propias explicaciones, el efecto político fue evidente. La opinión pública comenzó a concentrarse más en los problemas de la campaña que en sus propuestas, las que delató el congresista del CD mas votado, Briceño.
Y este 31 de mayo, las senadoras Maria Fernanda Cabal y Paola Holguin, evidenciaron su voto contra Paloma Valencia. Cuando una campaña se convierte en noticia por sus conflictos internos, resulta más difícil mantener la iniciativa política.
El desenlace
Al llegar la etapa final, la candidata conservaba reconocimiento nacional, estructura y presencia en los medios. Sin embargo, había perdido algo fundamental: el control del relato político.
Los ciudadanos dejaron de hablar sobre su proyecto de gobierno y comenzaron a discutir las diferencias internas, las alianzas controvertidas y los errores estratégicos. La derrota no fue consecuencia de un solo episodio. Fue el resultado de conflictos sin resolver, interpretaciones equivocadas del momento político, dificultades para construir unidad y decisiones que alejaron a parte de sus apoyos naturales.
La principal lección de esta historia es que una campaña no siempre pierde por la fuerza de sus adversarios. En ocasiones, pierde porque no logra resolver a tiempo sus propias contradicciones.
Pasó de ser la campaña de expectativa, se convirtió en la del desgaste y se fue al desastre, con solo el 9%, 1.800.000, menos que su consulta del 8 de marzo del 2026.