La sostenibilidad se ha convertido en una línea de trabajo constante dentro de la agenda pública de Cali. Aunque no existe un programa único con ese nombre, el enfoque se integra en varias dependencias municipales, especialmente en la Secretaría de Desarrollo Territorial y Participación Ciudadana, la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos y la Secretaría de Movilidad. Sus acciones apuntan a gestionar residuos, mejorar la calidad del aire, promover la movilidad sostenible y fortalecer iniciativas comunitarias orientadas al uso responsable de recursos.

En los últimos dos años, Cali ha tenido avances y dificultades. Uno de los procesos más visibles ha sido la ampliación del programa de reciclaje con inclusión social. Las organizaciones de recicladores han logrado mayor formalización, acceso a rutas autorizadas y mejores condiciones de operación. El municipio ha implementado campañas para facilitar la separación en la fuente y reducir la disposición final en el relleno sanitario. A pesar de ello, la cobertura sigue siendo desigual entre comunas y la cantidad de material aprovechado aún es baja frente al total de residuos generados.

Otro frente relevante ha sido la movilidad sostenible. Desde 2023 la ciudad ha incrementado los tramos de ciclorrutas, aunque el avance ha sido más lento de lo previsto. Se han realizado pilotos de cicloparqueaderos seguros y se han reforzado programas educativos para incentivar el uso de la bicicleta en recorridos cortos. También se han hecho ajustes en el sistema de transporte público para disminuir emisiones, con la incorporación gradual de buses eléctricos. Las mediciones oficiales muestran una reducción moderada en material particulado en algunos corredores, aunque persisten problemas en zonas con alto tráfico de carga.

En materia de energía, varios colegios públicos y algunos centros administrativos han instalado paneles solares para autoconsumo. El programa ha sido impulsado por alianzas entre la administración local y empresas privadas. Aunque la escala aún es limitada, se ha convertido en un referente para nuevos proyectos de eficiencia energética. La ciudad también ha fortalecido el monitoreo del arbolado urbano, con jornadas de siembra y mantenimiento que buscan reemplazar especies envejecidas o vulnerables. Sin embargo, el ritmo de mantenimiento continúa siendo un tema pendiente debido a la magnitud del territorio y la variabilidad climática.

En los barrios, la sostenibilidad se ha vinculado a proyectos comunitarios. Varias Juntas de Acción Comunal han trabajado en huertas urbanas, recuperación de espacios públicos y manejo de residuos. Estas iniciativas han permitido generar apropiación social, aunque dependen en gran medida de la continuidad de los apoyos institucionales.

Para quienes buscan orientación o acompañamiento, el proceso es relativamente sencillo. El ciudadano puede acercarse a la Alcaldía a través de los canales oficiales: las Casas de Justicia, los Centros de Atención Local Integrada (CALI) o las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Territorial. Allí se pueden solicitar programas de formación ambiental, apoyo para organizaciones comunitarias, asesoría sobre manejo de residuos o vinculación con proyectos vigentes. Otra opción es inscribirse en las convocatorias de la Unidad de Servicios Públicos, que periódicamente abre espacios para integrar nuevos recicladores, fortalecer emprendimientos ambientales y participar en capacitaciones.

Las instituciones también ofrecen apoyo a través de líneas telefónicas, correo electrónico y la plataforma virtual del municipio. Estas herramientas permiten registrar reportes, pedir orientaciones técnicas y conocer los cronogramas de actividades. En casos de proyectos escolares, las instituciones educativas pueden coordinar directamente con la Secretaría de Educación jornadas de sensibilización sobre consumo responsable, protección de fuentes hídricas y uso adecuado de los recursos.

La sostenibilidad en Cali avanza con resultados mixtos. Hay esfuerzos visibles en reciclaje, movilidad limpia, energía renovable y participación comunitaria, pero persisten retos de cobertura, financiamiento y coordinación interinstitucional. Aun así, los mecanismos para solicitar apoyo están disponibles y permiten que comunidades, organizaciones o ciudadanos puedan sumarse a las iniciativas, dar seguimiento a problemáticas ambientales y gestionar acciones en su territorio. El desafío para los próximos años será consolidar estos programas y mejorar la articulación entre las distintas dependencias responsables.

Ana Lucia Arango M