¿Quién impondrá autoridad?

Por Guillermo E. U… el Sáb, 30/10/2021 - 10:08pm
Edicion
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La falta de autoridad de la administración del alcalde Ospina ha sido factor fundamental en la anarquía que la ciudad vive


Por Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.


La destruida infraestructura vial de la ciudad ha venido afectando y empeorando el comportamiento de peatones, motociclistas, bici usuarios y conductores de vehículos, tanto particulares como de servicio publico. A este fenómeno se le adiciona la fragilidad del sistema de transporte masivo, igualmente devastado por los vandálicos aconteceres de los demenciales paros de abril y mayo.

La falta de autoridad de la administración del alcalde Ospina ha sido factor fundamental en la anarquía que la ciudad vive. No solamente existe un irreverente y desafiante irrespeto por los bienes públicos, sino que las vías se han convertido en escenarios de pendenciaras manifestaciones.

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Hordas de motociclistas en caravanas atemorizan la convivencia pacifica en las vías

Hordas de motociclistas en caravanas atemorizan la convivencia pacifica en las vías. Hechos bochornosos de disparos al aire, como si se tratara de legendarias películas del salvaje y lejano oeste norteamericana, se confunde con robos armados a los conductores que indefensamente les caen como aves de rapiña.

La destrucción de la red semaforizada de la ciudad ha traumatizado el flujo vehicular. Los diezmados agentes de tránsito hacen ingentes esfuerzos de regulación ante un caótico irrespeto por fundamentales normas de tránsito. Los cruces a la izquierda, sencilla pero eficiente medida de regulación en congestionados cruces viales, son burlados ante la impotencia sancionatoria de la autoridad.

Parquear en cualquier lugar, pisando las señales de su prohibición, retando el orden convirtieron las vías arterias en congestionados nudos gordianos para un uniforme flujo.

Los motociclistas encontraron en la anarquía tierra fértil para realizar provocadoras infracciones como transitar en contravía, utilizar los carriles exclusivos del sistema de transporte masivo, circular sobre los andenes irrespetando al peatón y no acatar la señalización vial.

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Duele ver la ciudad en ruinas, con apatía campante, indolencia e impotencia de una población que alguna vez brilló por su ejemplar convivencia.

La autoridad de la movilidad está en el dilema de su priorización. La quijotesca tarea de regular el tránsito hizo desaparecer la fundamental labor de sancionar la barbarie que a diario cometen los protagonistas vehiculares.

Duele ver la ciudad en ruinas, con apatía campante, indolencia e impotencia de una población que alguna vez brilló por su ejemplar convivencia.

Pedir al insensato alcalde diseñar planes contingentes y ejecutar medidas correctivas es una quimera fantasiosa. Tratar de rescatar el poco civismo que se entierra en arenas movedizas es una positiva alternativa. No obstante, y ante la falta de gobernanza, la pregunta sigue siendo igual.

¿Quién impondrá la autoridad? 

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