Empieza la carrera por su segundo mandato: Trump

Por Nicolás Mejía el Lun, 28/09/2020 - 1:22pm
Edicion
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Kennet Waltz, politólogo norteamericano, en su libro Teoría de la Política Internacional, (r1979), propone que el neorrealismo, escuela de pensamiento que aborda y estudia el sistema internacional

Nicolás Mejía

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 

28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona.


A pesar de que en los últimos años se habla de un multilateralismo cuantificable en el sistema internacional, del fortalecimiento del sistema de Naciones Unidas y la cooperatividad de los países para abordar coyunturas de interés común, los nuevos procesos diplomáticos liderados por EE. UU., en función de reestablecer la paz -consolidada- en el mundo árabe, demuestran que el neorrealismo de Waltz acecha en la comunidad internacional.

Kennet Waltz, politólogo norteamericano, en su libro Teoría de la Política Internacional, (r1979), propone que el neorrealismo, escuela de pensamiento que aborda y estudia el sistema internacional, a partir de conceptos y concepciones derivadas de las clásicas teorías realistas de Morgenthau y Ester Barbé, puede explicar la interacción de los estados a partir de las dinámicas institucionales derivadas de la anarquía estructural del sistema internacional. Para Waltz dichas dinámicas a largo plazo limita las opciones de los estados, haciendo que la configuración de la política exterior gire en torno a consolidar estructuras de poder en el propio sistema, bajo sus intereses particulares.

Precisamente, luego del soft power proyectado por la administración de Obama, el gobierno de Trump ha moldeado la política exterior norteamericana a partir de nuevos procesos internacionales, mucho más comerciales y económicos, que políticos y diplomáticos. Lo que de facto se ha traducido como el retorno de la potencia de occidente; la injerencia de EE. UU. en el sistema internacional es mucho más fuerte, proyectando de manera directa sus intenciones políticas y comerciales.

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Llama la atención los procesos que ha adelantado el presidente Trump en Oriente Medio

Llama la atención los procesos que ha adelantado el presidente Trump en Oriente Medio: el fortalecimiento de las relaciones bilaterales con los socios estratégicos, como Israel; la mediación entre conflictos internos como la reconstrucción de las relaciones entre Emiratos Árabes Unidos y sus vecinos; y la búsqueda de la paz en uno de los conflictos más agudos: el de Israel – Palestina. Y son objeto de interés, porque más allá de que dichos procesos se estén dando en una coyuntura de convulsión social norteamericana y ad-portas de las elecciones presidenciales en noviembre de 2020, de que diversos sectores se cuestionen las “consecuencias” sociales, políticas y económicas que ha dejado la administración Trump, dichos procesos terminan de consolidar la línea en política exterior norteamericana, reafirmando al menos aquella famosa frase icónica de la campaña de 2016: Make America Great Again.

Trump no perdió el tiempo. A pesar de la incertidumbre global que generó su elección, y de la tardía asimilación social de la salida del primer presidente de color – además demócrata- norteamericano, fortaleció las relaciones con sus socios latinoamericanos más importantes en sus primeros años de mandato: reafirmó el apoyo al proceso de paz en Colombia, alineó su discurso contra el gobierno de Venezuela, endureció las normas migratorias en un pacto multilateral con Guatemala, Honduras y El Salvador; a la vez que AMLO lo ha calificado un par de veces como “socio extraordinario”, a pesar de su convicción para materializar el estandarte de su campaña: un muro divisorio entre EEUU y México.

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Simultáneamente, ha iniciado una de las guerras comerciales y políticas más dura y salvaje de los últimos años con el gigante asiático

 Aquello solo se ha traducido en lo que EE. UU. representaba para la mayoría de los países latinos en el siglo XX: el referente regional indiscutible. Tanto así, que el “liderazgo” por la lucha antinarcóticos vuelve a ser el mismo que en la década de los 90 y principios de los 00´´: EE. UU. como capitán y referente en la lucha contra el narcotráfico en la región.

Simultáneamente, ha iniciado una de las guerras comerciales y políticas más dura y salvaje de los últimos años con el gigante asiático: China. Las disputas arancelarias, los escenarios de conflicto comercial en términos de manufactura, y aquella imperativa necesidad de Trump por posicionar la industria estadounidense de nuevo, como en los “años dorados”, sobre la industria china, que parece no terminar. En los últimos cuatro años el discurso de Trump ha sido más fuerte que nunca, incluso tildando al gobierno de Xi como el culpable – intencionado, además- de la crisis del covid-19, una afrenta que muchos políticos no se atreverían a afirmar de manera tan soez, como cotidianamente lo hace Trump. Una estrategia política clásica, la falacia ad hominen: el ataque al receptor del argumento, no al argumento mismo.

En contraste, su aparente admiración por Putin y los respectivos elogios a su gobierno han demostrado que aquella disputa occidental capitalista de derecha y oriental comunista de izquierda clásica (al menos de la URSS) es más que obsoleta, y que le nuevo enemigo es el socialismo del siglo XXI “disfrazado de comunismo”, el del régimen rojo. 

Make America Great Again. La puesta en marcha de un acuerdo de paz en las disputas de Oriente Medio, especialmente entre Israel y Palestina, parece consolidar a EE. UU. de nuevo como actor referente en mediación diplomática en conflictos armados, algo que Clinton trató de hacer, sin mucho éxito.

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mucho menos parece importar que la solución de “los dos estados”, condicione a Palestina a las lógicas comerciales

Lo anterior es una lección de geopolítica pura y dura: parece no importar que en dicho “plan de paz” una de las tres partes nunca se sintiese representada - para el presidente palestino Mahmoud Abbas el plan de paz de Trump es una conspiración, afirmando también que su pueblo nunca fue incluido en la elaboración de dicho plan. Parece tampoco importar que, en virtud de dicho plan, la anexión de los territorios palestinos por parte de Israel en Cisjordania – condenados sistemáticamente por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como una clara violación a las resoluciones emitidas por ese órgano respecto a la cuestión palestina-, pueda ser legal por vías de derecho internacional.

 Y  mucho menos parece importar que la solución de “los dos estados”, condicione a Palestina a las lógicas comerciales y políticas de Israel, y por tanto de EEUU, sin derecho a apelación – uno de los requisitos para la creación del estado de Palestina,  es “crear un gobierno apropiado” que garantice una economía de mercado, que proteja los fondos de inversiones, aborde las expectativas comerciales internacionales con ímpetu, y cumpla con los criterios objetivos independientes para su unión al Fondo Monetario Internacional.

Lo que importa, es el consolidado en materia de política exterior que ha cosechado el gobierno Trump de los últimos cuatro años. La confianza en la economía estadounidense ha crecido desde su elección en 2016, de un 110%, a un 135.7% (Fuente: The Conference Board), incentivando los negocios y la inversión extranjera. Que el crecimiento económico de Estados Unidos (en variación anual del PIB %) se mantenga sobre 2 puntos porcentuales en los tres últimos años de Trump en comparación, del déficit en un punto porcentual de los tres últimos años de Obama (Fuente: Departamento del trabajo de EE. UU.). Y que el mercado de valores de Estados Unidos (medición en desempeño promedio industrial del índice Dow Jones) alcanzara niveles históricos de crecimiento, en tan solo tres años – para 2019 -siendo un incremento del 25%, frente al crecimiento del 46% del gobierno de Obama, en 8 años de mandato. (Fuente: BLOOMERG).

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el inmediato ganador con la mediación del conflicto en oriente medio es Trump

Lo que importa, es que EE. UU. ha logrado volver a ocupar los primeros puestos en el comercio internacional, jugándole a la par a China y al creciente sistema comercial de Asia pacífico. Que es un líder indiscutible en la región latina y del caribe, liderando el plan de contingencia antidrogas y antinarcóticos más grande después del desplegado por Clinton- Bush, al inicio de la década de los 00¨, teniendo grandes aliados estratégicos, como Colombia y Brasil.

Y, sobre todo, lo que verdaderamente importa es que EE. UU. vuelve a ser referente internacional en mediación diplomática y resolución de conflictos, asumiendo el liderazgo en materia de seguridad y defensa internacional, saltándose las recomendaciones del Consejo de Seguridad, y omitiendo e ignorando las constantes advertencias, comentarios en desacuerdo y oposiciones de la Asamblea General de Naciones Unidas por las actuaciones de Trump en el escenario internacional.

Pues al final el inmediato ganador con la mediación del conflicto en oriente medio es Trump, pues más allá de que los vuelos comerciales entre Emiratos Árabes Unidos- Israel- EE. UU. se han activado, algo que ninguno de sus sucesores logró por ningún medio, le cae como anillo al dedo la nominación al premio Nobel de la Paz, justo cuando empieza la carrera por su segundo mandato.

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