El fútbol como instrumento político: sport washing

Por Redaccion el Sáb, 26/11/2022 - 11:30am
Edicion
603

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


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El término ha ganado notoriedad recientemente gracias al Mundial de Qatar 2022, ya que el pequeño emirato ha estado en el ojo del huracán desde que se nombró sede

El deporte ha sido un recurso político desde siempre, no solo como catalizador de ideas y principios transmisibles a una población dividida, polarizada o volátil, sino también como herramienta para hacer un “sport washing”, una práctica en la cual un actor -o colectivo- recurre al deporte para reconstruir una reputación golpeada, o que necesita una reconfiguración masiva ideológica, y ve el deporte como la herramienta perfecta para eso.

El término ha ganado notoriedad recientemente gracias al Mundial de Qatar 2022, ya que el pequeño emirato ha estado en el ojo del huracán desde que se nombró sede, y todo lo que ha acontecido desde entonces. Sin embargo, la aproximación de Qatar al uso del deporte, más que ser una práctica de humo -como se ha comentado en artículos anteriores- ha sido una estrategia de política exterior que se lleva construyendo desde hace más de una década.

Sin embargo, la práctica se lleva aplicando hace bastantes años, y es un recurso del cual se han hecho diferentes regímenes, empezando por el alemán, durante la Segunda Guerra Mundial. Los juegos olímpicos celebrados en 1936 en Alemania, pasaron a la posteridad no porque Alemania haya ganado la mayor cantidad de medallas por certamen, sino porque la figura del evento fue el estadounidense Jesse Owens, un hombre afroamericano descendiente de de esclavos y criado en una plantación de algodón, al proclamarse como el mejor atleta del mundo al ganar en varias competiciones.

Los nazis perfeccionaron la maquinaria propagandística que gira en torno al sport washing, en donde por medio del deporte se trata de enaltecer los ideales políticos y consolidar una visión. En el caso alemán, era la superioridad de la raza aria. Otro régimen que trató de usar el deporte para mejorar su imagen fue la dictadura de Jorge Rafael Videla, al consolidar la nación argentina como sede del Mundial de 1978, Mundial que ganó el anfitrión, lo que le sirvió al régimen para distraer a la población local - y mundial- de las evidentes violaciones de los derechos humanos   (desapariciones forzosas, torturas e incluso asesinatos llevados a cabo durante el certamen).

El régimen entendió que promover la celebración del evento deportivo más importante del deporte rey era el comodín perfecto, pues Argentina es una nación que ha construido su tejido social a través del fútbol y ha aprendido a reproducir su simbolismo cultural a través de este deporte.

Hay otros casos que destacan dentro de la metodología política del uso del deporte para lavar su imagen. Destacan Arabia Saudí, con la realización de eventos como el Rally Dakar y el Gran Premio de la F1 celebrados en 2021, en un momento en el que la casa de Saúd se veía envuelta en polémicas políticas de censura, asesinatos y violaciones de los DDHH. Aparecen Rusia y el Mundial de 2018 ( en un contexto en el cual Putín consolidaba su gobierno y se atornillaba al poder), China con los eventos deportivos de 2008 ( juegos olímpicos y juegos de invierno), en un contexto de tortura a lo activistas de los derechos del colectivo LGTBIQ+; o Israel promoviendo un país libre y seguro mediante la compañía Start-up Nation, en el mundo del ciclismo, mientras se hunde en una masacre en contra de los palestinos.

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Los dirigentes y corporaciones entienden que el deporte como el fútbol, transmite valores como justicia, igualdad, integridad y respeto, y por ello acuden a esta práctica

Los dirigentes y corporaciones entienden que el deporte como el fútbol, transmite valores como justicia, igualdad, integridad y respeto, y por ello acuden a esta práctica. No obstante, el deporte siempre termina ganando. Ni la propaganda de Goebbels pudo contra el talento de Jesse Owens, ni en China cuando Usain Bolt se consolidó como el hombre más rápido de la historia, ni Rusia, que sin pena ni gloria hizo un Mundial regular, eliminada por la campeona Francia.

El deporte, como expresión cultural de la humanidad, catalizador de valores y principios como la disciplina, el trabajo en equipo y la honestidad, siempre será parte de los estamentos esenciales que configuran a la humanidad como “humana”, pues conserva y converge en la decencia que a veces se pierde en el mundo, y que artificialmente tratan de reconstruir algunos dirigentes o grupos políticos, sin mucho éxito. El deporte siempre conservará su esencia y no es una herramienta política útil, al menos a largo plazo.

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