Comunidad de testimonio y servicio

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 24/04/2021 - 11:01am
Edicion
522
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

Jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales

Estamos en el «Domingo del Buen Pastor». El pueblo elegido de antiguo Testamento era un pueblo de pastores. Dios se adapta a su cultura y, en lenguaje de pastores, le habla al corazón, allá donde el hombre entiende, siente y ama.

El pastor no es un oficio corriente en nuestra cultura. Sólo conocemos imágenes pulcras del Buen Pastor. Pero la realidad de lo que entraña esa tarea, de los riesgos y trabajos, fatigas y preocupaciones que soportan los pastores nos escapa. A la luz de la Pascua, el evangelio de hoy nos invita a contemplar al Resucitado como Buen Pastor. Cristo Resucitado continúa presente en su Iglesia, camina con nosotros, conduce a su Pueblo.

LECTURAS:         

Hechos de los Apóstoles 4, 8-12: «Por su nombre se presenta éste sano ante ustedes

Salmo 23(22): «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular»

1 carta Juan 3, 1-2: «Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios»

San Juan 10, 11-18: «Yo soy el buen pastor»

Apacienta y pastorea

Apacentar es proporcionar alimento a las ovejas. Es preciso buscarlo en largas y fatigosas jornadas. El alimento que Dios da a su pueblo en Antiguo Testamento es  su Palabra, su presencia, su ley, la liturgia del templo, sus reyes y jefes que lo representan, la solidaridad que se establece entre los miembros del pueblo.

Pastorear es guiar el rebaño. La oveja necesita ser conducida. Es Dios el verdadero guía del pueblo. Lo hace a través de guías establecidos por él en su pueblo, principalmente sus reyes, sus profetas, sus maestros, sus maestros y sus sacerdotes. Es Dios quien ha fijado el destino final adonde el rebaño debe llegar a su realización definitiva. Pone al servicio del pueblo su poder y su conocimiento que trasciende el tiempo. «Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque el Señor va conmigo, decía el salmista.

De esa manera, comprensible para un pueblo de pastores, Dios describe su amor y preocupación incesante por el pueblo que se ha escogido. Los profetas lo dijeron hermosamente: Como un pastor que apacienta el rebaño su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres (Is 40, 11). Se percibe el amor fiel, incansable y tierno de Dios por los suyos. La Comunidad ora por la vida y el ministerio de sus pastores (Papa, Obispos, Presbíteros y Diáconos) para que la gracia sacramental del Ministerio los confirme en el carisma recibido por la imposición de las manos y los colme de amor pastoral para el servicio del Pueblo de Dios.

Oración por las vocaciones

Estas son realidades que debemos vivir en nuestra experiencia de la vida cristiana. Este domingo se ha dedicado a la oración para que haya en la Iglesia muchos y muchas personas consagradas al servicio del rebaño. En nuestra vivencia de fe debemos pensar que todos y todas, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas estamos llamados por Dios a ser ovejas y también a prestar servicio de pastores. Lo son las jerarquías de la Iglesia pero lo son también todos aquellos que en la vida conducen a los demás. Los padres de familia en la educación y crianza de los hijos, los profesores y educadores, todos cuantos tienen a su cargo el presidir la marcha de los demás hacia un destino, lo hacen por encargo de Dios. El les confía su hijos e hijas para que los encaminen hacia el destino final pasando por la experiencia responsable de la vida en este mundo.

Representamos a Cristo

Somos representantes del gran Pastor de las ovejas, Cristo Señor, y como él debemos asumir el papel que él realizó. Entregar la vida por los demás, llenar de amor y conocimiento mutuos nuestra relación con los hermanos en la fe, saber que nadie nos pertenece como propiedad sino que el verdadero dueño, que es el Padre Dios, nos ha confiado sus hijos para que con seguridad los llevemos hasta él. Pastor no es el que indica caminos y dice por donde ir. El verdadero pastor es el que va delante, que enfrenta dificultades, que derrumba obstáculos, que conoce los caminos verdaderos y que a su turno, con inmensa docilidad y afecto se pone en seguimiento de los demás para cumplir la misión. Porque también debemos ser ovejas. En la Iglesia de Jesucristo los pastores, a su turno, también son ovejas, en camino hacia el Padre. Dios nos conceda la gracia de llenar así, con plenitud, nuestra vocación cristiana.

La autoridad del testimonio

La mejor manera de manifestar esa relación de Dios con el hombre es el testimonio de la vida cristiana. Dar visibilidad en el mundo al amor de Dios a través de nuestro compromiso con los demás en nombre de Jesucristo. Es la prolongación en la historia, de la encarnación de Jesucristo en el discípulo. Nuestra relación con Dios sigue siendo la misma: el Padre nos ama y nos conoce en Jesucristo su Hijo; nosotros lo conocemos y lo amamos en Jesucristo que nos lo revela. Dios sigue empeñado en nuestra realización y nuestra felicidad y en conducirnos hasta él. Nosotros debemos entrar en su designio, dejarnos llevar a donde él nos conduce, a él mismo. Hacerlo en unión con los hermanos y a favor de ellos. Tenemos responsabilidad frente a su felicidad y a su realización y ellos la tienen con nosotros. Nuestra solidaridad se vive no solo en la sociedad civil sino sobre todo en el seno de esa familia y comunidad que se llama la Iglesia. En una palabra todos somos ovejas amadas, cuidadas por el buen Pastor Jesucristo; y todos, cada uno en el lugar que ocupa en el plan de Dios, comparte la misión de Cristo, buen Pastor…Recibamos el alimento que nos da: su Palabra y la Eucaristía; dejémonos llevar junto con los hermanos gozosamente hasta donde él nos conduce. La lectura de los Hechos nos muestra como Pedro dio visibilidad a esa realidad en los primeros días de la Iglesia.

Ser pastor hoy

¿Cómo hablar hoy, en nuestra cultura ajena a ese lenguaje y esa experiencia de pastores, del amor de Dios Padre manifestado en Cristo Jesús, hacia el hombre de hoy, a cada uno de nosotros a quienes Dios ama con nombre propio?. Todavía ese lenguaje y esa cultura tenían limitaciones. Al fin y al cabo el pastor termina sacrificando la oveja en beneficio propio. En cambio en Dios es la máxima entrega, el máximo amor con el máximo desinterés propio. Dar la vida por la oveja es manifestar al máximo el amor de quien se sacrifica por el bien de los demás.

Relación con la Eucaristía

En cada Eucaristía Él nos dirige su Palabra y se nos da como alimento, y así se nos muestra entrañablemente como el Buen Pastor. Pero después nos envía a que también nosotros, cada uno en su ambiente, nos comportemos con su mismo estilo de entrega y cercanía para con los demás. No podemos ser buenos discípulos y seguidores de Jesús si no intentamos imitar su estilo de vida, su forma de relación con todos: «Hagan esto en conmemoración mía».

Caliescribe edición especial