Covid 19 o la ausencia de ciencia

Por Carlos Alberto… el Sáb, 24/04/2021 - 9:43am
Edicion
522

Carlos Alberto Muñoz Cortés

Ingeniero industrial, consultor, ex profesor Universidad San Buenaventura


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Leales a la ciencia y a la certeza probada, se debe negar el origen malintencionado del virus que está asesinando a la humanidad

Si los críticos se atienen a la definición de ciencia como el “conjunto de conocimientos adquiridos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”, fácilmente pueden pensar que las autoridades científicas, políticas y médicas, han obviado el acompañamiento de la ciencia a lo largo del último año.

Leales a la ciencia y a la certeza probada, se debe negar el origen malintencionado del virus que está asesinando a la humanidad (ha muerto más de un millón de la especie homo sapiens); pero, dados los protocolos y decisiones de quienes gobiernan el mundo (política y científicamente), con sus absurdas disposiciones (inconsultas e impopulares), están obligando a creer en sombrías intenciones de acabar con la humanidad. ¿Quién?

Cabe recordar que el COVID-19 fue detectado en diciembre de 2019, cuando la Comisión Municipal de Salud y Sanidad de Wuhan (provincia de Hubei, China) informó a la OMS sobre un grupo de 27 casos de neumonía con causa desconocida, en una exposición común y en un mercado mayorista de marisco en la ciudad de Wuhan, incluyendo siete casos graves. La OMS declaró una Emergencia de Salud Pública Internacional por esta causa, mientras el 11 de marzo se definió la situación como "pandemia".

Surgen entonces preguntas; ¿Cómo es posible que después de dieciséis meses, la comunidad científica no haya desarrollado, tan siquiera, un solo protocolo viable que preserve y proteja la salud humana de este mal?, una profilaxis que controle o que apacigüe el virus sin detener totalmente la dinámica de la economía. Un freno.

Cuesta creer que haya sido más fácil desarrollar una vacuna (consecuencia de todo un proceso científico que resultó siendo un producto comercial para vender más tarde a siete mil millones de humanos…) que un protocolo (conjunto de normas y medidas de protección personal y protección hacia los demás); una herramienta sin costos de implementación para el control del mal y que, a ciencia cierta, aún no existe. Parece que hasta ahora todo ha sido ensayo/error, aquí y allá; en el primero, segundo y tercer mundo. Ensayo/error como el único y macabro camino para mal enfrentar un incómodo vecino no vivo que ronda por el planeta.

¿Es válida una cuarentena que se interrumpe cada dos o tres días, sin considerar tiempos de incubación o de latencia?, cuando la razón de ser del aislamiento es precisamente la separación física y la restricción de movimientos de una población sana expuesta a una enfermedad infecciosa.

Una muestra de la ausencia de ciencia y control científico se puede evidenciar en el mismo manejo del lenguaje pandémico y sus confusos mensajes, ¿por qué no hablar de Distanciamiento Físico y no de Distanciamiento Social? El mensaje hubiera sido más claro y directo para todos y tal vez nos hubiéramos evitado muchos contagios, algunos suicidios y no pocas heridas en el alma. Haber promocionado el mensaje de Distanciamiento Social, probablemente, ha sido traumático para muchos. ¡Una cosa es la Distancia Física y otra la Distancia Social! Puede existir la primera (la necesaria), sin necesidad de la segunda.

¿Se han aplicado correctamente los aislamientos, en tiempo y espacio, considerando que aislamiento es la separación física de una persona enferma, de otras personas sanas?

Después de dieciséis meses, ¿no tendrían que haber conocido ya la distribución y, sobre todo, las causas principales de la transmisión del virus para así trabajar en su control? Pues… parece que sí, pero…

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Después de dieciséis meses, ¿no tendrían que haber conocido ya la distribución y, sobre todo, las causas principales de la transmisión del virus para así trabajar en su control?

¿Cómo es posible que no se haya hecho el registro y la descripción de los eventos para entender y explicar (a través de una vigilancia epidemiológica) cómo se distribuye y, cómo es posible que no se haya investigado qué reales factores afectan su distribución? Existe mucha contradicción al respecto y mucha falsa información sin control.

Si el aumento de esta enfermedad -infecciosa y transmisible- se produjo de forma inesperada y afectó a un número de personas muy por encima de lo esperado en circunstancias normales; si su evolución dependió de un agente conocido; si se tienen identificadas sus características así como sus formas de contagio y cómo se ha dado la exposición a la enfermedad al igual que la aparición en ciertos territorios y grupos de población; si ha sido posible describir gráficamente la curva epidémica, la información del terreno y el comportamiento de la enfermedad, ¿cómo es que no ha sido posible estimar el impacto futuro de la epidemia por medio de modelos matemáticos… para así diseñar protocolos basados en hechos científicos? No se entiende tal vacío.

¿Acaso ha sido insuficiente el número de casos confirmados o el número de pruebas? ¿Los casos posibles y los probables o no concluyentes, han sido desestimados o se han manejado como casos descartados, sin la total seguridad?

Preocupa mucho saber que en estos momentos la detección del virus se está realizando básicamente en personas hospitalizadas y en personal de servicios de salud. Y, preocupa aún más saber que las personas con síntomas que podrían ser compatibles con COVID-19, pero que, por el motivo que sea, no tienen acceso a las pruebas de PCR, no se incluyen dentro de las cifras que se exhiben diariamente sobre la enfermedad.

Por otro lado, se desconoce, en tiempo real, el número de casos recién diagnosticados que se registran en las diferentes comunidades a lo largo de un período de tiempo dado. Lo que, a su vez, origina que se desconozca la tasa de Incidencia, la Incidencia acumulada y lo que es aún peor, la Prevalencia, es decir, la proporción de la población que padece la enfermedad en un momento dado, ¿complicado cierto? Tal vez sí, pero es ciencia y los científicos hacen ciencia.

Y qué decir de la mortalidad (la magnitud con la que se presenta la muerte en una población en un determinado momento) que no ha bajado y, por el contrario, aumenta. ¿Dónde o cómo están actuando entonces las distintas medidas eficaces contra la mortalidad?, ¿cuál es la mortalidad general?, ¿cuál es la mortalidad específica? y ¿cuál es la letalidad?, la proporción de casos del virus que resultan mortales con respecto al total de casos en un periodo de tiempo, la que realmente muestra la gravedad de la enfermedad desde el punto de vista poblacional; su capacidad para producir la muerte.

Conclusión parcial: hay un vacío científico, una ausencia de diálogo y pluralismo epistemológico. Vacío que ha hecho enfrentar el virus sin tener en cuenta otra opción que no sean las vacunas. Solo se ha considerado la solución bajo los parámetros del pensamiento rígido y esquemático; ¿no tendrán parte de la solución el pensamiento crítico y el pensamiento complejo?

Dilema Ético

La otra arista de la situación resulta en un dilema ético sin resolver, ¡Vida y Salud versus Economía! Definitivamente ha habido temor para enfrentarlo y esclarecer prioridades.

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El comercio y los economistas, que solo obedecen a un capitalismo salvaje, piden que se abran los mercados sin pensar en la vida

El comercio y los economistas, que solo obedecen a un capitalismo salvaje, piden que se abran los mercados sin pensar en la vida, una decisión que, a todas luces, es inmediatista; los profesionales de la salud ruegan que no se abra e imploran por la vida de sus pacientes y la de ellos mismos. Los economistas y jefes de empresas se cuidan (se enrocan): se pueden aislar. Quienes hacen las veces de Peones en el ajedrez del mercado y el campo de la salud, difícilmente se pueden cuidar y rara vez podrán sentarse detrás del tablero. Muchos seguirán cayendo antes de terminar la partida. ¿Estarían dispuestos a colaborar con el personal médico, en primera o segunda línea, los líderes de las agremiaciones económicas e industriales…?

Todo dilema, cualquiera que sea el camino que se tome, siempre involucrará una pérdida. ¿Será viable la ruta que sacrifique la economía y permita la vida? ¿Será viable que se sacrifiquen vidas para que la economía, como la conocemos, subsista? La clave puede estar en el Justo Medio o en decidir considerando los valores y principios que privilegien no solo al individuo sino al bien común. La forma o idea del bien que es la idea última a alcanzar, a concebir (según Platón). La que es necesario buscar y comprender para encontrar la verdad, entendida aquí como el bien para todos, el bien común, pero, ¿será por situaciones como esta que importan más la información y la desinformación que el conocimiento y la sabiduría?, ¿será el bien común el Justo Medio?

Finalmente, ¿es Ética la Inmunidad de Rebaño que se está aplicando sin reconocerlo explícitamente, esa estrategia que permite el contagio masivo de la ciudadanía, calculando fríamente un determinado costo en vidas?

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