El efecto Trump en el sistema internacional

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 14/11/2020 - 10:44pm
Edicion
499

ewreg
Ha despertado sentimientos encontrados en una sociedad ya de por sí profundamente dividida.

Jean Nicolás Mejía

Profesional en Ciencias políticas Pontificia Universidad Javeriana Bogotá, 28 años, máster en cooperación y organización internacional - Universidad de Barcelona  


Trump es un fenómeno global, de eso no cabe duda. Ha despertado sentimientos encontrados en una sociedad ya de por sí profundamente dividida. Ha puesto en jaque el orden del sistema de integración internacional (comercial y político) pues su influencia política ha sido determinante, y por si fuera poco, su inminente salida de la casa blanca promete ser de película.

No es común en el sistema democrático norteamericano, que un presidente acuse directa y abiertamente a su contrincante de un fraude electoral masivo, desconozca la legitimidad del proceso electoral y de los sistemas locales y federales, y que además amenace con no reconocer el escrutinio si no es favorable para él, amenaza que ha cumplido hasta ahora.

El efecto que ha creado todo lo anterior es el efecto Trump, el fin de la política tradicional occidental y el nacimiento de un fenómeno político difícil de describir: una figura que asume un rol de tecnócrata (aunque en la praxis no lo sea), con un discurso populista enfocado a un público objetivo, y que procura configurar la política nacional – si es que tiene esa visión – bajo los intereses de él, de su partido, o de su círculo, o de todos juntos.

wefret
Por una parte, Trump logró despertar una parte tradicionalmente dormida del electorado norteamericano

Lo anterior trasciende las lógicas ideológicas tradicionales de “derecha” o de “izquierda”. Recordemos que en el sistema internacional contemporáneo, la polarización ideológica que configuró las relaciones internacionales en el siglo XX no tiene cabida de facto. Es imposible hoy configurar un sistema de gobierno que administre políticamente un estado bajo una directriz tan horizontal como suelen afirmar algunas figuras de opinión: como el candidato es de “derecha” el resultado y futuro para el país será de una forma, o si candidato es de “izquierda”, la previsión a futuro será de otra manera.

Por una parte, Trump logró despertar una parte tradicionalmente dormida del electorado norteamericano. La sociedad, más agitada que nunca, y cargando a cuestas una pandemia global, decidió usar los mecanismos democráticos participativos, y valiéndose del voto tradicional –presencial- y el voto extraordinario –por correo- decidió ejercer su derecho. En esta reflexión no interesa que porcentaje de electorado movilizó más votos para un candidato u otro; según las proyecciones oficiales de las autoridades norteamericanas, un aproximado de 150 millones de personas participaron, 78 millones por Biden y 73 millones por Trump;  lo que se traduce en un incremento aproximado del 18.1% de la afluencia de votantes. Esta cifra porcentual es, por decir menos, histórica.

En un país como EE. UU., en donde es relativamente fácil predecir la tendencia política de algunos de los estados, algunos ciudadanos no ejercen su derecho de participación democrática porque consideran que el sistema electoral estadounidense no tiene en cuenta el voto unitario, y porque la tendencia política es tradicionalmente la misma. Pues bien, fueron en su mayoría estos ciudadanos los que decidieron en esta oportunidad participar, como también lo fueron los extranjeros residentes que han obtenido el beneficio ciudadano del voto, que, llevados por los discursos populistas, ejercieron ese derecho.

La reflexión sobre lo anterior atiende a una dinámica interesante: las figuras controversiales despiertan un relativo interés de participación ciudadana. Lo anterior responde lógicamente, a que Trump tiene detractores y admiradores, y su discurso (estructuralmente planeado y adecuado al contexto actual) logró movilizar a la ciudadanía a que votase por él, o en contra de él. Esto es interesante en los sistemas democráticos convencionales, pues una de las falencias frecuentes de los sistemas democráticos participativos es la poca afluencia ciudadana en las elecciones. Por primera vez nos encontramos con una sociedad preocupada y atenta a los fenómenos políticos, ávida de tomar un rol protagonista y de transmitir un mensaje claro: estamos aquí y ejercemos nuestros derechos.

wegre
Por otra parte, los procesos socio políticos derivados de los cuatro años de la administración de Trump han creado un clima de permanente incertidumbre y desconfianza

Por otra parte, los procesos socio políticos derivados de los cuatro años de la administración de Trump han creado un clima de permanente incertidumbre y desconfianza en el sistema político internacional. Se ha venido afirmando consistentemente en esta serie de reflexiones semanales que el neorealismo de Waltz (politólogo norteamericano) es una realidad: instituciones y estados que no tienen confianza en la estructura del sistema integrado internacional – el sistema de Naciones Unidas-, por lo que optan por diversificar su agenda internacional bajo sus propios intereses. Un claro ejemplo fue la salida – en manos de Trump- del Acuerdo de París (véase: Convención Macro de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), y de como el virtual ganador de las elecciones; Joe Biden, ha afirmado que una de sus primeras acciones es volver a integrar al gigante norteamericano al acuerdo, los cambios abruptos en las directrices políticas son las que crean este clima de desconfianza, y la desconexión entre administraciones gubernamentales suelen reflejar una frágil -nula- política exterior.

Y sobre las consecuencias económicas y comerciales del fenómeno Trump a escala global, la tendencia parece ser la misma. El fuerte proteccionismo que esta invadiendo las políticas económicas y comerciales de algunos países – destacan no solo el caso de Estados Unidos, sino el del Reino Unido- esta afectando los procesos demográficos y de migraciones convencionales: basta con escuchar el discurso británico en las oficinas de búsqueda empleo: la prioridad, es para el local, no para el inmigrante.

Si bien los procesos de integración asiáticos están modificando las lógicas de los mercados emergentes y reconfigurando las rutas y los acuerdos comerciales, pareciera que el fenómeno Trump ha vuelto a fortalecer las dinámicas convencionales de la política occidental, aquellas que establecieron en su momento al sistema internacional como lo conocemos hoy en día, reforzando ciertas prácticas que no son propias de los procesos de integración ni de la globalización misma: multilateralismo y cooperación.

egrb
Lo anterior es muy peligroso para los procesos de integración comerciales, políticos (en política exterior) y económicos

Finalmente, las consecuencias políticas de no aceptar los resultados electorales y el comportamiento que está asumiendo el gabinete republicano, tiene un alcance que ni los mejores asesores de Trump alcanzan a dimensionar. Si bien no es extraño que en las dinámicas de la política internacional sea relativamente cotidiano que los procesos electorales se cuestionen, se evidencien procesos de corrupción, se deslegitimen constantemente las instituciones y se desconozca políticamente algún resultado, en un contexto político como el de Estados Unidos o en el de las democracias representativas que son estables, los procesos electorales suelen ser considerados como legítimos. El mensaje que Trump transmite al mundo al no reconocer los resultados y seguir proclamándose como ganador en los medios sociales, evidencia que desconfía – y que además desconoce- abiertamente los procesos políticos, y por tanto no cree ni legitima en el propio sistema que administra.

Lo anterior es muy peligroso para los procesos de integración comerciales, políticos (en política exterior) y económicos, pues crea un clima de desconfianza inversionista, no promueve la cooperación internacional –nadie quiere integrarse políticamente con un gobierno impredecible y del que no se pueda ejercer un control relativo- y no permite que las asociaciones económicas prosperen en el tiempo.

Las políticas del gobierno de Estados Unidos y su dinámica influyen irremediablemente en el orden del sistema internacional, y por ello es preciso afirmar que Trump ha marcado un punto de inflexión. Justo ahora se atraviesa por un periodo de cambios y diversificación política, económica y social a nivel global. Los próximos cuatro años serán determinantes, y el nuevo presidente electo ( Biden ) tiene muchos retos por delante – este puede ser un gobierno de transición hacia un sistema internacional más estable-, y para poder dibujar una idea del nuevo orden internacional, pero integrando la nueva variable de la ecuación: las consecuencias a largo plazo del efecto Trump.

Caliescribe edición especial