Jesús, solidario con la humanidad

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 11/01/2020 - 11:20am
Edicion
455
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

 

Evangelio: san Mateo 3, 13-17: Jesús bautizado en el Jordán….

Termina Navidad, empieza la Misión. Con la fiesta de hoy termina el ciclo de la Navidad. Esta tarde, con las vísperas, retiramos ya los símbolos del tiempo navideño y dejamos paso a las semanas de Tiempo Ordinario que precederán a la Cuaresma. En rigor, hoy sería el Domingo Primero del Tiempo Ordinario: pero en él siempre se celebra esta fiesta del Bautismo de Jesús. Mañana, lunes, sí es lunes de la 1ª semana. - Terminamos la Navidad con la escena que da inicio a la misión pública de Jesús: su Bautismo en el Jordán, donde recibe la confirmación oficial de su mesianismo. Del Niño recién nacido pasamos al Profeta y Maestro que nos ha enviado Dios y que va a comenzar su misión.

Seguimos en clima de Epifanía, de manifestación, con lecturas bíblicas diferentes para cada uno de los tres ciclos dominicales. Puede parecer un tanto brusco este paso de la infancia de Jesús a su vida pública: pero Mateo no quiere sencillamente narrar cosas, sino transmitir un evangelio, la Buena Noticia que Jesús mismo era y predicaba.

El Bautismo de Jesús inaugura su vida pública. Dios se manifiesta en Jesucristo, al presentarlo como el verdadero Siervo, anunciado por el profeta Isaías. Jesús aparece en el Bautismo como el «amado y predilecto» del Padre, sobre el que desciende el Espíritu; es el Hijo de Dios. - El Bautismo significa para Jesús la inmersión en los planes de Dios y en la voluntad del Padre y en su voluntad hasta la muerte de cruz, que es donde termina su bautismo y se da cumplimiento a toda la misión recibida.

Nuestro Bautismo

No asimilemos el bautismo de Jesucristo con el bautismo que nosotros recibimos al entrar en la Iglesia. Pero sin ese bautismo de Jesucristo no habría Iglesia ni bautismo para nosotros. La puerta de Dios nos estaría cerrada. Nuestro bautismo es distinto del bautismo que recibeJesucristo. Nuestro bautismo es favor divino para pecadores y simples criaturas. Ese bautismo nos hace hijos de Dios, nos hace parte del cuerpo glorioso de Jesucristo, nos hace emplos del Espíritu Santo. El bautismo de Jesús, en cambio, es el momento en que él asume su misión mesiánica salvadora. En ese bautismo el Padre nos presenta a Jesús como su Hijo amado, como el que lo revela en el mundo, como aquel a quien tenemos que escuchar y seguir hasta el final. En ese bautismo el mundo entra en el dinamismo de la esperanza que lo va llevando, atraído siempre hacia delante por el amor de Dios, hacia el término que Dios mismo le ha señalado, que no es otro que el mismo Dios. En un mundo que busca líderes salvadores que alivien su miseria e iluminen sus incertidumbres, esta fiesta nos presenta de parte del Padre Dios a aquel en quien podemos confiar y el único que puede abrirnos la puerta para encontrar la paz en su plena realización. Sigámoslo confiados y perseverantes hasta el final.

En su bautismo Jesucristo tomó posesión de su misión salvadora y emprendió el camino de realizarla. Nos habló de Dios y de lo que El quiere de nosotros. Murió y resucitó para abrirnos el acceso a Dios. En nuestro bautismo el Padre nos hace hijos suyos. En nuestro bautismo Cristo nos incorpora y nos adentra en su misterio de Hijo de Dios. En nuestro bautismo el Espíritu Santo, que colmó a Jesús en su bautismo, también nos colma a nosotros para cumplir nuestra misión en el mundo. A partir de ahora nuestra vida tiene sentido y la podemos vivir con gozo y entusiasmo.

Manifestación de Jesucristo

La Iglesia en su liturgia ha querido destacar este hecho como una de las fundamentales manifestaciones de Jesucristo. Su bautismo es el momento en que él asume su misión de salvación y la emprende para llevarla a su culminación en su pasión, su muerte y su resurrección. Sin ese misterio la vida del hombre no tendría verdadero sentido. Sería un pasar por el mundo sin percibir el por qué hemos nacido, hemos crecido, nos hemos comprometido con los demás. La respuesta la tiene él y al ser bautizado el Padre Dios nos lo presenta como su Hijo predilecto. En él nos hace hijos suyos. Nos va a pedir que lo sigamos, que escuchemos su palabra, que nos hagamos sus discípulos, que lo llevemos en nuestra vida, una vida que hable de él a los hombres de nuestro tiempo, que conformemos nuestra vida con lo que él quiere de nosotros.

Bautismo de Cristo y Bautismo cristiano

El Bautismo de Jesús es el prototipo del nuestro: «en el Bautismo de Cristo has realizado signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo Bautismo» (Prefacio). El Papa Benedicto XVI nos enseña: «Se da una íntima relación entre el Bautismo de Cristo y nuestro Bautismo. En el Jordán, se abrieron los cielos (Cf. Lucas 3, 21) para indicar que el Salvador nos abrió el camino de la salvación y que podemos recorrerlo precisamente gracias al nuevo nacimiento «en el agua y en el Espíritu» (Juan 3, 5), que se realiza en el Bautismo. En él, quedamos introducidos en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia, morimos y resucitamos con Él, nos revestimos de Él, como subraya en varias ocasiones el apóstol Pablo. El compromiso que surge del Bautismo consiste por tanto en «escuchar» a Jesús: es decir, creer en Él y seguirle dócilmente haciendo su voluntad, la voluntad de Dios. De este modo, cada uno de nosotros puede aspirar a la santidad, una meta que, como ha recordado el Concilio Vaticano II, constituye la vocación de todos los bautizados. Que nos ayude María, la Madre del Hijo predilecto de Dios, a ser siempre fieles a nuestro Bautismo»

Nuestro seguimiento de Cristo a lo largo del año

Empezamos nuestra vida cristiana siendo bautizados y renacidos por el agua y el Espíritu, o sea, introducidos en la esfera de Cristo y constituidos «hijos de Dios». Desde entonces somos «hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo».

Hoy con la aspersión del agua recordamos  nuestro bautismo. Es un gesto simbólico que nos invita a recordar nuestro Bautismo, del que el Bautismo de Jesús es el prototipo, y a pedir a Dios que renueve en nosotros la gracia que nos concedió en aquel sacramento. - Pero el Bautismo, para nosotros, como para Cristo Jesús, es el comienzo de un camino y de una misión. Ser bautizados significa ser seguidores e imitadores de Cristo Jesús, que va a ser continuamente nuestro guía para toda la vida. - Termina la Navidad. Pero a partir de hoy seguiremos desarrollando la gracia de nuestro Bautismo y nuestra respuesta de fe, escuchando ante todo, en las lecturas de la Eucaristía, cómo actúa Jesús durante su vida, curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos', enseñando los caminos de Dios, proclamando a todos la buena noticia de la salvación. - Termina la Navidad, pero queda Jesús Maestro y Profeta y Enviado de Dios, para todo el resto del año. Para que se pueda decir de nosotros que somos discípulos y seguidores suyos, que intentamos imitarle en nuestro estilo de vida, de modo que se pueda decir de nosotros, como de él, al final del año, o de nuestra vida: «pasó haciendo el bien, porque Dios estaba con él».

Enseñanza del Papa Francisco sobre el Bautismo

«El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual.

De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. He recordado esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas... preguntad: "¿Cuál es la fecha de mi bautismo?". Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: "¿Cuál es la fecha de mi bautismo?».

Relación con la Eucaristía

Hoy  participando del misterio de Cristo, sumergidos en el Bautismo por el que tuvo que pasar. Cada uno debemos aceptar esta misión como la suya, de no privatizar nuestra fe y vivirla a plena luz del día, en medio de toda nuestra vida.

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