La hacienda Cañasgordas

Por Nicolas Ramos Gómez el Sáb, 28/08/2021 - 9:50am
Edicion
540

Nicolás Ramos G

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP


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Al escribir esta nota recuerdo a Roberto Reinales Velasco, quien me llamó muchas veces para insistirme en que volviera a escribir en mis columnas sobre la importancia de conservar la Casa de la Hacienda

“Bien de interés cultural del orden nacional” es la declaratoria de esta Hacienda vinculada a la historia desde la gesta libertadora que se inició en Santiago de Cali el 3 de julio de 1810 y por ser lugar de residencia del abogado Joaquín de Caycedo y Cuero, en donde debió conversar muchas veces con el fraile y abogado José Joaquín Escobar, conocido como el “verbo de la Independencia”, sobre como iniciar esa lucha por nuestra autodeterminación.

Al escribir esta nota recuerdo a Roberto Reinales Velasco, quien me llamó muchas veces para insistirme en que volviera a escribir en mis columnas sobre la importancia de conservar la Casa de la Hacienda, su trapiche y su entorno. El me honró al pedirme que el día de la constitución de la Fundación Cañasgordas dirigiera algunas palabras a los asistentes. Hoy vuelvo a hacerlo, dado que ese patrimonio no solo es la casona y su trapiche, sino también y no menos importante, el bello entorno del paisaje vallecaucano con sus hermosos árboles y las reses en los pastizales, panorama hoy casi desaparecido en el valle del Río Cauca.

La Hacienda, el trapiche y su entorno, restaurados con recursos públicos de la Nación, el Departamento y el Municipio mediante gestión de la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y sostenida con patriotismo ejemplar por la Familia Velasco Reinales, se han convertido en un museo vivo, que recrea su historia, permite a los visitantes degustar las delicias de la cultura gastronómica de nuestro Valle del Cauca en un ambiente colonial y es un bello escenario para eventos sociales, cuyo requisito es que enaltezcan el lugar. Uno de sus objetivos es convertirse en centro cultural para la enseñanza a las nuevas generaciones de la historia de nuestra región y su participación pionera en nuestra independencia.

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Debemos cuidar que este precioso lugar no se convierta en un futuro en una innumerable oferta de productos y servicios con fines netamente comerciales

Es indispensable que se generen fuentes de ingreso para su sostenibilidad ahora y en el largo plazo, pero su valor urbanístico, arquitectónico, histórico y ambiental es tan grande, que cualquier intervención debe realizarse con mucho cuidado, mesura y respeto para no alterar su esencia y su importancia como patrimonio cultural e histórico de Colombia e invaluable para la ciudad.

Debemos cuidar que este precioso lugar no se convierta en un futuro en una innumerable oferta de productos y servicios con fines netamente comerciales. Esto ocasionaría que la Hacienda fuera lo menos importante para los visitantes y alteraría significativamente sus valores patrimoniales. De llegar a suceder esto, su énfasis ya no sería el de enseñar nuestra historia y mostrar a las nuevas generaciones como eran las haciendas de la región y su entorno bucólico, antes de transformarse en los uniformes sembrados de caña de azúcar, base del emporio industrial que da bienestar a la creciente población, pero que cambió la belleza del entorno. Ese es el hermoso paisaje que conserva la Hacienda Cañasgordas y cada día somos menos quienes lo conocimos.

Todo lo anterior también me hace recordar a Jesucristo cuando expulsó a los vendedores del Templo de Jerusalén.  

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