Pensando bajo la lluvia

Por Benjamin Barne… el Sáb, 27/03/2021 - 11:59pm
Edicion
518

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


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Por ejemplo en Cali se informa de las lamentables muertes y desapariciones causadas por el fuerte invierno

El cambio climático debería ser ya evidente para todos en el aumento de la frecuencia y fuerza de sus diferentes manifestaciones, ya sean nevadas como las de días pasados en Texas, huracanes como el de Providencia, o fuertes lluvias con granizo como las actuales en Cali, cuya temporada va siendo la más larga. Cambio que seguirá afectando todos y especialmente a más de la mitad de los habitantes del planeta, o tres cuartas partes en países como Colombia, que tienen que, ineludiblemente, vivir en ciudades, que son los mayores generadoras de gases de efecto invernadero que llevan al cambio climático; y las que más sufren sus consecuencias.

Por ejemplo en Cali se informa de las lamentables muertes y desapariciones causadas por el fuerte invierno, de las inundaciones de las vías afectando por horas la movilidad en la ciudad, del derribo de árboles y postes, los que se destacan cuando caen encima de carros estacionados, sobre los daños en las construcciones, aunque no de las goteras por todas partes y de los silenciosos daños que conllevan. Sin embargo, nada se dice del irresponsable desperdicio de los muchos miles de metros cúbicos de agua de lluvia que rápidamente van a parar al río Cauca causando en su recorrido, cada vez que llueve mucho, todos esos daños mencionados y además dejando áreas inundadas.

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Agua de las lluvias que se podría detener, antes de que haga daños e inundaciones

Agua de las lluvias que se podría detener, antes de que haga daños e inundaciones, en pequeñas represas en el piedemonte de la cordillera en todos los ríos y quebradas que bajan de ella, causando escaso daño ambiental durante su construcción, y utilizarlas todas, mediante pequeñas hidroeléctricas, para generar buena parte de la energía que demanda la ciudad. Y además, algunas de ellas podrían ser bellos parques o zonas verdes, las que podrían ser diseñadas por parejas en línea, para que la represa de más abajo, más amplia, pueda conservar por más tiempo su nivel mientras que el de la de más arriba, más profunda, variaría de acuerdo con las temporadas de lluvia.

Además el agua de las lluvias recogida por las cubiertas de las casas y los edificios, junto con la no contaminada utilizada en los lavamanos, duchas y lavaderos, se puede volver a utilizar, filtrándola, para lavar inodoros y orinales, limpiar suelos y carros o regar por goteo jardines, huertos caseros y vergeles. Pero igualmente se podría usar para mover pequeños generadores eléctricos para la iluminación, sólo nocturna y activada por sensores de movimiento, de las zonas comunes de los edificios, aprovechando la diferencia de nivel entre su cubierta y el piso más bajo, y considerando que en general suelen tener cinco o más pisos, contando los semisótanos.

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Pero de todo esto poco se habla, y solo de la gran hidroeléctrica que se ha pensado hacer en el río Cali, la que sí causaría muchos alteraciones en el medio ambiente y no detendría los daños ocasionados por los otros ríos y quebradas durante los intenso y prolongados inviernos que al parecer se avecinan; y que podría ser una grave amenaza para la ciudad en caso de un fuerte temblor. Pero pese a ser evidente que hay que cambiar de paradigmas respecto a las ciudades y los ciudadanos, en Cali la demagogia, la corrupción, la codicia y la ignorancia de unos como de otros, no lo ha permitido; no se entiende que lo pequeño se puede sumar y que lo muy grande hay que dividirlo.

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