La evolución del sistema internacional y el atraso de Latinoamérica

Por Jean Nicolás Mejía H el Mar, 26/01/2021 - 1:57am
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509
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Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


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Y a pesar de que cada región se adapta a sus propias dinámicas en función de su evolución coyuntural

El sistema internacional es un gran ecosistema multicultural, diverso desde sus concepciones sociales básicas, económicamente diferente y políticamente rico y variado, marcado por un regionalismo que históricamente ha dibujado a lo largo de los años, una evidente disparidad. No es lo mismo hablar de Europa, como de Asia en su conjunto, o de la región latinoamericana.

Y a pesar de que cada región se adapta a sus propias dinámicas en función de su evolución coyuntural, dejando ver por ejemplo una marcada tendencia hacia el eurocentrismo en los últimos siglos, el establecimiento de Norteamérica como potencia mundial a principios del siglo XX, y el emergente mercado asiático en el siglo XXI, Latinoamérica parece estancarse en el tiempo y en el espacio, sin lograr confluir con el concepto de globalización política, social y económica.

El sistema internacional, como objeto de estudio de las ciencias sociales, es difícilmente predecible por esa gran volatilidad. Las ciencias humanas y sociales no son ciencias exactas, y tratar de aproximarse a una conclusión, es siempre una premisa osada. Sin embargo, una lectura general recogiendo elementos, en su mayoría históricos, darían a entender que la tendencia ha sido siempre hacia la cooperación, hacia la multilateralidad y la integración, a pesar de los evidentes tropiezos históricos.

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Es por ello que después de las grandes guerras a principio del siglo pasado, los estados se preocuparan por salvaguardar la existencia del mundo en sí mismo, y consecuentemente apareciese la Liga de las Naciones, que no sería otra cosa que el Sistema de Naciones Unidas: el diálogo entre los estados en la búsqueda de dos fundamentos esenciales: la no repetición de la violencia a tal escala, y el mantenimiento de la seguridad y la paz internacionales. Por supuesto que en el papel suena idóneo, siendo en la práctica reciente un poco diferente; la gran guerra fría, la inminente guerra nuclear y las tensiones internacionales, por decir poco.

Y el sistema internacional, a pesar de ser un poco mezquino – Hans Morgenthau argumentaría que es egoísta y anárquico por esencia, pues los países solo buscan alianzas por sus intereses-, ha dado pequeños pero importantes pasos, hacia un verdadero sentido de integración que trasciende del concepto de localidad y de regionalidad.

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Los países del norte occidental buscaron entonces alianzas políticas y militares en pro de la seguridad internacional

La Unión Europea sepultó en la década de los noventa las disputas comerciales y arancelarias de los productos locales, encontrando un diálogo armónico entre el caos del neoliberalismo y la apertura de los mercados, buscando un orden dentro de ese caos del sistema económico.  Y a pesar de que hoy se enfrente a un Hard Brexit -la salida del Reino Unido-, la cooperación para enfrentar económicamente la pandemia del coronavirus ha sido formidable.

Los países del norte occidental buscaron entonces alianzas políticas y militares en pro de la seguridad internacional, dando origen a alianzas como la OTAN, y entendieron que si tales alianzas eran posibles, la propuesta de organizaciones de países que cumplían ciertos estándares de desarrollo a diferentes niveles, eran merecedores de ayudas y apoyos. Por supuesto que puede ser un mecanismo de exclusión y segregación hacia otros estados más pobres y con poco desarrollo -el caso de la mayoría de los países africanos-, pero también puede ser un enorme potenciador a nivel de la gobernanza local. Es a criterio del interprete, hacer su propia lectura.

En consecuencia, los elementos clave de la reconfiguración que está  sufriendo el sistema internacional en esta nueva década que comienzan a ser más notorios, en función del recorrido histórico desarrollado hasta ahora. Sin ir más lejos, hace menos de un mes en Asia se firmó el RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), un acuerdo de gran magnitud que elimina por los próximos 20 años los aranceles de las importaciones entre los países firmantes, e incluye provisiones en materia de propiedad intelectual, telecomunicaciones, servicios financieros, comercio electrónico y servicios profesionales y de movilidad migratoria, entre otros. Es todo un hit de las relaciones internacionales contemporáneas.

Pero ¿qué tienen en común todos estos procesos -anteriormente mencionados- de integración a distintos niveles? Que no incluyen a Latinoamérica. No es una coincidencia; la región no solo parece estancarse sino presentar una sintomatología de progresivo atraso, derivado de causas básicamente políticas, que desencadenan una reacción en cadena en estamentos económicos y sociales.

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Latinoamérica ha sido incapaz de lograr un nivel de integración económico medianamente decente. Si bien la Alianza del Pacífico ha marcado la diferencia -en comparación con muchos procesos fallidos- por el compromiso de sus integrantes con las asambleas y la búsqueda de soluciones comerciales, su máximo nivel de compromiso en integración dista mucho de los procesos actuales. Los gobiernos latinoamericanos parecen estar más preocupados por usar las herramientas políticas a su disposición para satisfacer sus intereses particulares, que verdaderamente generar un cambio a nivel regional.

Las ideologías políticas que tanto han marcado a la región por la evolución de su contexto social en el siglo XX, no le han permitido salir de esas lógicas aún cuando en pleno 2021 conceptos como el comunismo (tan temido en la región) son obsoletos en el sistema internacional contemporáneo.

Así mismo, la idea de una alianza “bolivariana” o de “izquierdas” totalmente excluyente de otros procesos evidentemente más tradicionales (de nuevo por las dinámicas del contexto), impidiendo cambios estructurales, lo que permite configurar la siguiente conclusión: todo el discurso político usado por los gobiernos latinos son una herramienta, de nuevo, para lograr sus intereses. Latinoamérica es la región más desigual del mundo (Indicador del coeficiente GINI), con los niveles más vergonzosos a nivel de educación (informes PISA y evaluación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas), y un nivel de desarrollo de infraestructura bastante mediocre, por decir poco; los planes de apertura de rutas comerciales Pacífico-Atlántico son de más interés para los gobiernos de otras regiones que los propios gobiernos latinoamericanos.

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PIB per cápita 2019, en dólares ( Obsérvese la pobreza de Latinoamérica- Colombia, Brasil, etc en el rango de US5.000 a US 10.000 de Pib percapita)

La reflexión inicial del presente ensayo intuía que la coyuntura actual es la consecuencia de su propia evolución histórica (aplicable a todos los casos), y los ejemplos anteriormente dados solo son un pincelazo muy general para configurar la siguiente reflexión: Latinoamérica se está quedando rezagada de todos los procesos de integración del sistema internacional contemporáneo por su incapacidad del progreso político real derivado de gobernantes que no saben gobernar, que está limitando la construcción de un tejido social más conectado con el concepto de ciudadano globalizado del siglo XXI, y que en consecuencia no entiende que las dinámicas económicas por las cuales se maneja, ya no son eficientes.

Corre el riesgo de estar excluida cuando la geopolítica del siglo XXI (derivada de la imperativa necesidad de luchar contra externalidades mayores, como una pandemia mundial) dibuje un cooperativismo fuerte que exige estados fuertes, siente las bases de un multilateralismo sólido a nivel comercial y económico que procura estados con fuerza de decisión y autonomía, y termine por rezagar a la región más de lo que ya está.

La frase de antaño es la misma hoy que hace setenta años: Latinoamérica es la región más rica del mundo, pero también la más pobre. Es verdad. La diferencia es que el sistema internacional contemporáneo ya no permite el nostálgico antaño; si el cambio no viene por la política, viene por lo social, y aquellos que tienen las herramientas del conocimiento, del liderazgo y de la acción son más necesarios que nunca. El mundo está al borde de un inminente cambio y está por ver si la región logra subirse, o se condena en la oscuridad en la que parece pernoctar.

N R: Colombia con  uno de los PIB per capita más bajos de Latinoamérica año 2019 (Uruguay 17.432., Chile 15.975, Panamá 15.695, Costa Rica 12.125,  Argentina 11.728, México 9.832, Brasil 8.988, Perú 6.982, Colombia 6.728. Y solo comparar con algunos países desarrollados PIB per cápita en dólares : como USA con 65.828, Alemania 46.445, Francia con 42.328, Japon40.446, España 30.931, y China 9.770

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