Los elefantes blancos colombianos

Por Ricardo Téllez… el Sáb, 25/07/2020 - 12:36pm
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483
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Ricardo Téllez Bautista

Abogado Administrativista Unilibre, Especialista en Administración Pública Univalle


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El término proviene de la antigua Siam, hoy Tailandia, en donde los elefantes blancos eran considerados animales sagrados y representaban poder real y notoriedad.

Buscando en Google encontré que en la administración pública se denomina “elefante blanco” a un acto de autoridad pública que destina recursos financieros o humanos a una obra de infraestructura, programa, proyecto, bien o servicio, el cual presenta una o más de las siguientes características: No genera beneficios socioeconómicos alguno, es decir, los costos del proyecto superan a los beneficios sociales; tienen una utilidad distinta a la originalmente planeada, están inconclusos, en desuso o es inadecuado debido a que no resuelve el problema público para el que fue creado.

El término proviene de la antigua Siam, hoy Tailandia, en donde los elefantes blancos eran considerados animales sagrados y representaban poder real y notoriedad. Dice la historia que los reyes de Siam tenían la costumbre de reglar elefantes lacos a otros reyes, y cuantos más elefantes tenía un rey, mayor era su prestigio. Pero no siempre era así: en muchas el rey decidía regalar un elefante blanco a algún súbdito que sin darse por enterado había perdido su simpatía real, y en el colmo de la hipocresía celebraban un acto protocolario con la presencia del pueblo y la crema y nata de la nobleza para hacerle tan grandioso regalo que no podía atreverse a rechazar: un enorme elefante blanco que finalmente le causaría un mal.

Resulta que, además del honor concedido por el rey, el súbdito no podía deshacerse del cuadrúpedo trompón por ser un animal sagrado. Eso significaba que quedaba condenado a gastar grandes cantidades de dinero para mantener su cuidado y manutención, lo que hacía que en poco tiempo aquel hombre cayera en la ruina sin poder desprenderse del gigante Pachydermata.

Traído a nuestro país, la Contraloría General de la República decidió a través de la Dirección de Información, Análisis y Reacción Inmediata (Diari) levantar un inventario de esos elefantes que no son de carne, hueso y colmillos, sino gigantescas obras de hierro, piedra, arena y cemento, en los que gobernantes inescrupulosos gastaron cuantiosos recursos públicos, pero que se quedaron inconclusas por muchas razones inimaginables, absurdas, increíbles y hasta chistosas. Una muestra vergonzosa de ineficiencia, mala administración y corrupción.

Moles de colegios inconclusos a los que nunca llegaron estudiantes, de hospitales que fueron abortados y nunca recibieron pacientes, puentes sin caminos de acceso ni de salida e inclusive sobre ríos que debían construirse después del puente, en la segunda etapa del proyecto.  Se incluyen acueductos que no potabilizan agua ni nada, proyectos de vivienda con paredes a media altura que albergan a nadie.

Hasta el momento, la Diari encontró 1.300 obras que constituyen elefantes blancos por un valor de $20 billones aproximadamente. Con ese dinero, según apreciación del diario El Tiempo, se podría haber cubierto numerosas necesidades para las regiones; pagar casi la mitad de lo que se destinó para educación en el 2020; por un 64 por ciento de lo que se había destinado para la salud de este año. Según el estudio de la Contraloría, se encontraron 1.193 obras cuestionadas que cuestan 8.7 billones de pesos. El 15 por ciento son obras inservibles, el 25 por ciento son obras inconclusas que, por supuesto nunca fueron entregadas, y el 30 por ciento son proyecto críticos que tienen preocupantes retrasos de años o décadas.

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La mayoría de ellas son del sector de agua potable y saneamiento básico (18%), aplicados en los departamentos de Guainía, Chocó, Vaupés, San Andrés, Amazonas y a Guajira, regiones en donde la cobertura de agua potable anda entre el 21% y el 46%. Le sigue el sector de la educación (18%), en donde lo más preocupante es lo hecho en el Plan Nacional de Infraestructura Educativa (PNIRE), que buscaba implementar la jornada única para lo cual invirtieron más de 3 billones de pesos. De 541 colegio sólo ha terminado 162, y entregado 35.

Enseguida viene el sector del transporte con un detrimento de 2.1 billones de pesos; Le siguen el sector del agua potable y saneamiento básico, en donde hay elefantes blancos por 1.8 billones de pesos. El tercer lugar lo ocupa la educación, con pérdidas de 1 billón de pesos; el cuarto lugar, el sector de agricultura y desarrollo rural, con 776.015 millones de pesos, y el quinto lugar es la vivienda, con 762.615 millones de pesos.

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Con la caza de elefantes blancos, la Contraloría se propone lograr que las obras se terminen

De las obras más onerosas y retraso es la construcción de 988 vivienda en Gramalote, Norte de Santander, pueblo que tuvo que ser reubicado luego de que se hundió hace diez años en medio de una ola invernal muy fuerte. Aquí se han invertido 64.643 millones y la obra se encuentra en un 85% sin que las familias damnificadas sigan sin recibir el nuevo pueblo. No se escapa el Túnel de la Línea en el departamento del Quindío, para el cual hay un presupuesto de 1.1 billón de pesos, adjudicada en el 2008, obra de la cual se viene escuchando desde el año 1990. Según Invías, la obra estará terminada en septiembre próximo y su costo alcanzó un 500 por ciento más de lo planeado.

Según la Contraloría, los diez departamentos con más proyectos sin terminar son Casanare (104), Cundinamarca (93) Nariño (94), Meta (93), Boyacá (76), La Guajira (53), Antioquia (48), Córdoba (38), Sucre (35) y Cauca (34). En el Valle tenemos proyectos problemáticos por 439.914 millones de pesos, siendo uno de los más costosos e inconcluso la ampliación de la cárcel de Buga, con 69.799 millones de pesos.

Con la caza de elefantes blancos, la Contraloría se propone lograr que las obras se terminen. Para eso ha priorizado 58 proyectos, sobre los cuales ha firmado compromisos con los responsables de esas obras que alcanzan 1.6 billones, y beneficiarán a 5 millones de personas.

“Sin embargo, los 1.300 elefantes hasta ahora identificados, a los que esta semana el Contralor General, Carlos Felipe Córdoba, calificó como “verdaderos mamuts”, muestran que el reto no es sencillo y que es mucho lo que queda por hacer para que el dinero público no termine únicamente engordando algunos bolsillos privados o despilfarrado en estructuras de concreto que nadie usa”, anotó el diario El Tiempo.

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