Habitar San Antonio

Por Benjamin Barne… el Sáb, 23/10/2021 - 11:01pm
Edicion
548

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


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La calidad de vida en este tradicional barrio de Cali (y en toda la ciudad) está amenazada cada vez más ante la falta de interés de las Autoridades Municipales

La calidad de vida en este tradicional barrio de Cali (y en toda la ciudad) está amenazada cada vez más ante la falta de interés de las Autoridades Municipales por entender sus problemas reales (o su falta de preparación para hacerlo correctamente) y su displicente falta de compromiso con las soluciones acordadas en años anteriores. Creen que basta con realizar llamativos actos de mostrar, como el de “Camina San Antonio”, que solo benefician a sus visitantes esa fecha (no a sus residentes), cuando en el día a día a todos los que caminan y viven el barrio les cuesta cada vez más poder hacerlo con seguridad y placer: el ruido, los carros, los colorinches y la total falta de control lo dificultan.

El ruido por las noches, ocasionado por la música a todo volumen en algunos restaurantes y bailaderos, o por vecinos irrespetuosos con sus fiestas escandalosas, atenta contra la buena vida en el barrio, sobre todo considerando que las frescas brisas que lo barren al atardecer invitan a mantener abiertas las ventanas para que puedan cruzar en silencio por habitaciones, patios y solares en lugar de ruidosos aparatos de aire acondicionado. Durante el día el ruido de los carros y las motos igualmente molesta, pero el peor es el de los vendedores ambulantes con sus megáfonos aturdidores. Ruidos que no sólo afectan el placer de vivir en San Antonio sino también las salud mental de sus habitantes.

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Los carros se trepan a los andenes lo que, junto con su precariedad en cuanto ancho, más los huecos, escalones y tropezaderos, obligan a los peatones a caminar por las calzadas pues paradójicamente es más seguro. Además los vehículos usan indiferentemente muchas de las estrechas calles del barrio para pasar de un extremo a otro pues las Autoridades han ignorado los pedidos urgiéndolos a realizar un plan vial y a ampliar los andenes y se limitan demarcarlos en el suelo, lo que al menos sería un buen inicio, pero en lugar de utilizar la señalización vial vigente en el país quisieron hacerlo con colores
(modas exógenas) como si estos no sobraran en San Antonio, y pretenden poner materas para que no estacionen carros, ocupando el espacio dizque para las sillas de ruedas.
 

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Los recientes colores de las fachadas de algunas casas de San Antonio lamentablemente indican la falta de acople de sus propietarios con la tradición blanca del barrio

Los recientes colores de las fachadas de algunas casas de San Antonio lamentablemente indican la falta de acople de sus propietarios con la tradición blanca del barrio, y su falta de sensibilidad a la belleza de unas cuantas esquinas y casas que la conservan, y que son parte fundamental del atractivo del barrio para residentes y visitantes. No entienden que sólo destacar discretamente el vano de entrada a una casa es más eficiente para indicar un comercio o para aludir a la individualidad de su propietario, que pintarla toda de colores chillones que sólo muestran su mal gusto, y que entre gustos sí hay disgustos pues se deben básicamente a la educación, sensibilidad y ética.

La carencia de control en San Antonio por parte de las Autoridades Municipales es a todo nivel, comenzando por la seguridad, el ruido, el tránsito y el estacionamiento de carros, o en el cumplimiento de las normas urbano arquitectónicas vigentes en tanto modificaciones, sobre alturas, color de las fachadas y, especialmente, los usos del suelo, los que son violados por muchos de los comercios existentes en el barrio, los que no benefician a sus residentes y por lo contrario llegando al extremo de poder generar situaciones que van desde la corrupción hasta actos de violencia ante la cómoda y sistemática falta de intervención seria de las Autoridades Municipales en el barrio.

Caliescribe edición especial