Las universidades hoy

Por Benjamin Barne… el Sáb, 20/05/2017 - 7:00pm
Edicion
317

 


Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


Profesores temporales, sobrecarga de trabajo, salarios bajos, poca participación en las decisiones, aumento de puestos administrativos y burocráticos, autoritarismo y exclusión, jóvenes sometidos a la presión de los créditos y las deudas, cursos superfluos, precios cada vez altos, estudiantes que toman apuntes para recitarlos en la evaluación. “Todo esto sucede cuando las universidades se convierten en empresas […] cuando el neoliberalismo ha ido tomando por asalto cada una de las dimensiones de la vida”, dice Noam Chomsky (Educación 13/03/2014/12:40 pm).

La contratación temporal o por hora cátedra de los profesores es la misma lógica que rige el mundo de los negocios.
Aquellas universidades que avanzan por la vía empresarial, no hacen sino imponer la precariedad académica como único destino posible de la educación. “Cómo se afecta la calidad cuando los profesores no tienen estabilidad laboral: se convierten en trabajadores temporales, sobrecargados de tareas, con salarios baratos, sometidos a las burocracias administrativas y a los eternos concursos para conseguir una plaza permanente”, señala Chomsky.

“Los puestos administrativos y burocráticos en exceso son una suerte de despilfarro económico”. Actualmente existe un acelerado aumento de puestos administrativos y burocráticos dentro de las instituciones de educación superior, una política bastante similar a la de la industria privada. “Los decanos, por ejemplo, se han convertido en todos unos burócratas que necesitan de vicedecanos, asistentes y secretarias” afirma Chomsky; y que además aquí, no suelen dar clases ni participar en investigaciones y mucho menos opinar sobre la profesión y su enseñanza.

 “Los créditos de estudio sirven para adoctrinar a los estudiantes [y] para el sector empresarial, el activismo estudiantil
(feminista, ambientalista, antibélico, etc.) es la prueba de que los jóvenes no están correctamente adoctrinados”, dice Chomsky, y que uno de los mejores métodos de adoctrinamiento han sido los préstamos parafinancia sus carreras. “La deuda estudiantil es una trampa de la que los jóvenes no podrán salir en mucho tiempo [y] una carga que les obliga a alejarse de otros asuntos”, no surgieron con ese propósito, pero desde luego tienen ese efecto”, precisa.

Otra forma de adoctrinamiento es la ausencia de vínculos profundos entre docentes y estudiantes, cuyas relaciones son cada vez más frías y superfluas; salones y clases grandes, educación poco personalizada. “La participación directa de la comunidad universitaria en la toma de decisiones es legítima y útil”. Para Chomsky, aunque las cosas antes eran distintas y en ciertos sentidos mejores, no eran perfectas. “Las universidades tradicionales eran […] extremadamente jerárquicas, con muy poca participación democrática en la toma de decisiones”.

 “Hace falta enseñar a pensar”. Hacer lo posible para que los estudiantes adquieran la capacidad de inquirir, crear, innovar y
desafiar, y, junto con sus profesores, se obliguen a “actividades satisfactorias, disfrutables, desafiantes, apasionantes” concluye Chomsky. “En un seminario universitario razonable, no esperas que los estudiantes tomen apuntes literales y repitan todo lo que tú digas; lo que esperas es que te digan si te equivocas, o que vengan con nuevas ideas, que abran caminos que no habían sido pensados antes. Eso es lo que es la educación en todos los niveles”.

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