Netanyahu y el fin de su gobierno

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 19/06/2021 - 9:02am
Edicion
530

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


Si algo han demostrado los diferentes regímenes políticos a lo largo de la historia moderna -finales del siglo XIX hasta la actualidad-, es que por muy difícil que parezca, las alianzas políticas entre los extremos opuestos es posible si se trata de buscar un objetivo en común. 

Normalmente, estas impensables alianzas se dan con el objetivo de sacar un actor político del protagonismo del gobierno. Este es el reciente caso en Israel, en donde esta semana una extraordinaria alianza política logró sacar del poder al controversial líder derechista, Benjamin Netanyahu del poder, después de 12 años. La conformación de una coalición cuyo resultado en el parlamento (Knéset)  fue de 60 votos a favor, 50 en contra y una abstención,  y que además se hace llamar “el gobierno del cambio”. 

Netanyahu y el fin de su gobierno

Esta inusual alianza incluye una diversa gama de espectros políticos, pasando por partidos de derecha (Tikva Hadashá, Yamina y Israel Beitenu), de centro (Yesh Atid y Blanco), de izquierda (Laborista y Meretz), y lo que más llama la atención, por primera vez en la historia de Israel, un partido islámico árabe isarelí llamado Lista Árabe Unida o Ra´am.

En un país en donde el 20% de la población es árabe israelíe, esto puede representar un antes y un después en el escenario social y político, pues es la oportunidad real para que esta población puedan tener más voz y voto en la vida política del país, especialmente en un contexto de aguda tensión y violencia que hay entre los judíos israelíes y los árabes israelíes, o palestinos. 

La alianza de 8 partidos ha manifestado que “hará todo lo posible para unir cada parte de la sociedad israelí”, una frase controversial, especialmente cuando existen tensiones en temas complicados de discutir en una sociedad política “conservadora y de derecha” como la de Israel, y más que todo cuando hay dudas de que los acuerdos alcanzados por esos 8 partidos se puedan materializar antes de que en el parlamento se vuelva a perder el rumbo.

Las diferencias entre estos partidos son notorias. Algunos de ellos son conocidos por querer promover derechos de la comunidad LGBT+, matrimonios de personas del mismo sexo, mientras otros condenan estas propuestas. Otros, defienden ferozmente los asentamientos judíos en territorios palestinos, mientras partidos como el Ra´am se han opuesto fervientemente. De esta magnitud es la brecha ideológica.

Netanyahu y el fin de su gobierno

Y, a pesar de que durante las negociaciones entre los partidos no se tocaron puntos esenciales como el tema de Cisjordania o avances en el proceso de paz, ni mucho menos se hicieron comentarios sobre los asentamientos judíos, esta alianza puede significar el primer paso no solo de la participación real de nuevos actores en la política de Israel, algo que para las dinámicas sociales y políticas del territorio es ya esencial y necesario, sino que crea un efecto dominó en todo el sistema internacional, pues manda un mensaje con una reflexión bastante interesante: la unión hace la fuerza. 

Algunos expertos apuntan a que la participación de partidos como el Ra´am en esta alianza es solo para sumar números en votos, augurando que nada va a cambiar en Israel y que toda la jugada política puede llegar a considerarse obscena. 

Sin embargo, el hecho de que el acuerdo incluya una rotación en el cargo de Primer Ministro cada cierto periodo de tiempo, es una noticia alentadora, a pesar de que los tres primeros años el puesto vaya a ser ocupado por un político - Naftalí Bennett- llamado en varias ocasiones como ultranacionalista, famoso por su postura de negación a un eventual estado palestino. 

Es alentadora porque es el inicio del diálogo de actores que tradicionalmente jamás estuvieron dispuestos a sentarse juntos en una mesa, pero que encontraron en Netanyahu una figura que urgía remover del cargo, especialmente por sus controvertidas acusaciones de fraude y corrupción en el gobierno. Si bien ha manifestado “que volverá”, lo cierto es que esta jugada política ha sentado un precedente y un ejemplo en un sistema internacional que grita por unión y cooperación para salir a flote de la crisis en la que está sumergido.

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