Ciudadano, agua, uso, un bien colectivo

Por Jean Nicolás Mejía H el Vie, 18/12/2020 - 9:48pm
Edicion
504

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El agua es la base de la vida

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


El agua es la base de la vida. Es el elemento esencial que mantiene el equilibrio en los diferentes ecosistemas de la naturaleza. Por eso en casi toda la totalidad del planeta, las leyes consideran al agua como un bien común y del dominio público, por lo que su acceso es un derecho fundamental para todos los individuos; a pesar de que legalmente pueda comercializarse el derecho al uso a través de concesiones o licencias administrativas.

En días pasados, el agua empezó a cotizar en una bolsa internacional de Wall Street. El poco impacto mediático no refleja para nada la importancia global de esta situación, pues el inicio de la cotización del agua en esta bolsa es una situación que puede poner en peligro la paz y la relativa estabilidad de un sistema internacional cada vez más inestable.

El potencial incremento de las tensiones internacionales, causando inestabilidad a nivel financiera y a nivel político es un factor para considerar seriamente. De manera contradictoria, estas tensiones no giran en torno a la necesidad de construir soluciones estructurales a la situación de la creciente escases del agua, pues en su condición de bien finito -razón inicial por la cual se empezó a cotizar en primer lugar-, y la poca preparación internacional que hay de cara a abordar este problema, al empezar a escasear los pueblos pueden entrar en conflicto diplomático, político y bélico en una escalada sin precedentes.

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Al empezar a cotizar financieramente, su precio global fluctuará bajo las dinámicas de la economía internacional

Al empezar a cotizar financieramente, su precio global fluctuará bajo las dinámicas de la economía internacional, tal y como sucede con el petróleo o el oro. El mercado internacional de valores de alimentos es un mercado que se basa mucho en la especulación internacional que se genera sobre el bien y esto determina el precio relativo. Bajo la lógica de la economía internacional, el valor del agua irá en aumento a medida que sea cada vez más escasa, y a medida que se especule social y políticamente sobre ella, ese precio relativo se consolidará.

El índice Nasdaq Veles California Water Index, que estima la dinámica del agua bajo una perspectiva comercial, arroja una interesante afirmación; el valor del agua se duplicó en el último año, lo cual permite vislumbrar hacia donde se dirige. Este índice, denominado en la bolsa bajo la nomenclatura NQH2O, fija el precio relativo del agua de California, que al 9 de diciembre, cotizaba a 486,53 dólares por acre-pie, una medida de volumen utilizada en Estados Unidos que corresponde a 1.233 metros cúbicos, lo que a su vez corresponde a 1.233.000 litros de agua.

 Lo que empezó a cotizar en Wall Street no es el agua en sí misma, sino su derecho al uso, lo cual entra en contradicción directa con las formas en las cuales se administra un bien público, pues resulta irrisorio tratar de estabilizar el precio -mediante la especulación en la bolsa - de un bien que por derecho universal todos los individuos deberían poder acceder.

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El objetivo de cotizar el derecho del uso en un mercado financiero es flexibilizar su gestión

El objetivo de cotizar el derecho del uso en un mercado financiero es flexibilizar su gestión y poder evitar sequías, así como regularizar las dinámicas informales de esa sesión a su uso, para evitar esas potenciales tensiones que deriven rápidamente en conflictos. El problema llegará cuando esos derechos de uso excedan la cantidad real del agua que hay disponible.

Cerca de la mitad de la población mundial (aproximadamente 3.500 millones de personas) vive en áreas de escasez de este bien. Entiéndase la escasez de agua no solo como la incapacidad física o las dificultades territoriales que representa poder acceder a ella, sino también la cuestión de las infraestructuras hídricas, que son las que se encargan de su gestión para hacerla accesible.

Para la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, es necesario que para 2050 se hayan movilizado 960.000 millones de dólares para la creación de nuevas infraestructuras de saneamiento del agua, así como del mantenimiento y operación de las infraestructuras existentes.  El problema, es que el mismo organismo estima que solo se movilizarán 22.600 millones de dólares con estos fines.

Por otra parte, la OCDE estima que para 2050 la demanda del agua habrá aumentado en un 50%, lo cual representa un problema de orden político y social si se tienen en cuenta las cifras anteriores: al sistema internacional, a pesar de los grandes esfuerzos que se realizan desde el cooperativismo, alianzas público privadas y organismos que tratan de gestionar el agua como un recurso vital y por tanto el derecho relativo a su uso y consumo, no ha tenido mayor interés por solucionar los problemas estructurales que llevaron a contemplar el tema de su escasez como una realidad muy cercana, y muy por el contrario, muestra total disponibilidad para seguir jugando bajo las leyes del libre mercado y del consumo, con este bien tan preciado.

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agricultores ceden el uso de sistemas de riego y comercializan con ellos

En consecuencia, poner en el plano de la comercialización de los derechos del agua es simplificar todas las dinámicas sociales y políticas que se pueden derivar de esta situación, o que efectivamente ya suceden. En algunas regiones de España, por ejemplo, algunos cultivadores ceden a otros su derecho a riego por días, lo que convierte al uso del derecho del agua, en un mercado informal de intercambio por otros bienes o servicios.

Situación similar sucede algunas partes de Latinoamérica, en donde agricultores ceden el uso de sistemas de riego y comercializan con ellos con el fin de obtener beneficios económicos. La creación de dinámicas económicas informales tradicionalmente suele llevar a conflictos por la falta de regulación -y del interés por regularlo-, y a procesos sociales que ponen en peligro a las poblaciones más vulnerables.

El agua adquiere con este proceso un valor político estratégico incalculable, a nivel local y a nivel internacional. A nivel local porque es de intercambio por bienes y servicios en ese mercado informal, y puede ser una herramienta que se usa en posición de privilegio de unos sobre otros, aumentando las brechas sociales. El agua puede ser usada como de influencia política y diplomática, con el fin de ejercer presión sobre alguien o sobre un grupo de personas, para que lleve a cabo determinada acción.  

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La regulación del agua no debe darse mediante las lógicas del libre mercado

Finalmente, la solución propuesta ya es obsoleta no solo al momento de su implementación, sino también desde su concepción. El sistema de Naciones Unidas propone en los Desarrollo de los Objetivos Sostenibles, una alternativa a regular el acceso y la distribución del agua de una manera equitativa no solo con la población que cuenta con los medios de acceder a este bien, sino para la población vulnerable también.

La regulación del agua no debe darse mediante las lógicas del libre mercado ni por el sistema financiero, y muy por el contrario, por el compromiso político de los líderes mundiales de establecer una previsión de consumo y distribución del agua, pues no es un bien comercial, es un bien esencial; para la vida. El cambio de este paradigma no requiere mayores esfuerzos, requiere que cada ciudadano sea consciente del recurso qué utiliza y cómo lo utiliza en función de un bien colectivo.

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