Homenaje a la capital del Pacifico

Por Moisés Banguer… el Sáb, 18/06/2022 - 4:10am
Edicion
580

Moisés Banquera Pinillo

Cuando en los atardeceres del Pacífico, el sol radiante en el mar y la luna despejada en las montañas, los ríos cristalinos y claros, arrullados por el canto de los pájaros, embellecidos por el trasegar armónico de los peces, el sonido continuo y delicado de los recatones de las palancas de los viajeros, que empujaban el potrillo o las canoas en sentido contrario a las aguas o continuando su cauce. El campesino soñador, en medio de su mente limpia y alejada de las turbulencias de los males que carcomen a la sociedad actual de los grandes centros urbanos, describía su viaje a la tierra prometida, llamada la sucursal del cielo incrustada en el Valle del Cauca.

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Los comentarios de quienes se aventuraron primero, que pintaban con orgullo y civilización rustica sus vivencias en la ciudad de Cali, tales como la concentración en el parque Santa Rosa para repicar la salsa

Los comentarios de quienes se aventuraron primero, que pintaban con orgullo y civilización rustica sus vivencias en la ciudad de Cali, tales como la concentración en el parque Santa Rosa para repicar la salsa, el parque de las banderas para las citas amorosas, la flamante Ermita lugar de espera de los novatos, la plazoleta del CAM, con su famoso puente Ortiz en canto de la balada y, que no decir de los alrededores del terminal con su famosa glorieta o el túnel. Estas historias hacían en los habitantes del pacifico Caucano ver una ilusión de vida y una esperanza en la aventura de atravesar el mar pacífico y llegar a puerto, rumbo a la capital Vallecaucana.

Las oportunidades estaban asentadas en las actividades de la construcción, la caña de azúcar, y el servicio domestico. El primer objetivo era trabajar, ganarse unos pesitos, comprar ropa y, tener unos pocos ahorros y regresarse a la tierrita amada.  Luego el hombre del Pacifico, creció en pensamiento y buscó trabajo en las grandes empresas como los ingenios, cementeras, constructoras; cambió la mentalidad y pensó en aprovechar la moda de las invasiones y legalmente compró lotes en estos lugares y algunos en urbanizaciones en barrios alejados.

Muy pocos decidieron acompañar el trabajo con el estudio de carreras técnicas y universitarias, le apostaron todo a un mejoramiento económico, a través de la acumulación de horas de trabajo sin importar la calidad y el status. Así de esta manera, empezó a aportarle  a la economía Vallecaucana  en contraprestación a la hospitalidad brindada en esta tierra de oportunidades como alguna vez lo dijo un Gobernador de este hermoso departamento.

Como es sabido, los tres departamentos tienen costas en el pacífico, pero para nadie es un secreto, que tanto el habitante del pacífico caucano, nariñense o chocoano, ven en Santiago de Cali, lo que los colombianos ven en Estados Unidos o en Europa; muy pocos, salvo que sean maestros piensan en las capitales de sus departamentos, sino que crecen con ese sueño de viajar en busca de la civilización, y del desarrollo personal.

Algunos, en nuestro interior reconocemos al Valle del Cauca, como nuestro departamento. Si bien no nacimos en estas tierras, ellas nos han adoptado con amor, armonía e inclusión; salvo algunos que por ser seres humanos actúan como ovejas descarriadas impulsando la xenofobia o el racismo, situación que no mancha el querer de la ciudad o el departamento como tal.

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Es hora que el oriundo del pacífico chocoano, caucano y nariñense incremente sus lazos con la ciudad haciendo parte de la recuperación del civismo, la tranquilidad, la paz, la convivencia

Es hora que el oriundo del pacífico chocoano, caucano y nariñense incremente sus lazos con la ciudad haciendo parte de la recuperación del civismo, la tranquilidad, la paz, la convivencia y la fraternidad entre sus habitantes. No importa que viva en las comunas con mayor violencia, en las  invasiones o en las zonas de estratos altos; no importa que a sus alrededores cumulen jóvenes integrantes de los grupos generadores de violencia; debemos dar ejemplo de cultura campesina, recobrar el valor de la familia, tener una mano fuerte para conjugar los valores y principios y, corazón amplio para tender la otra mano en beneficio de una sociedad civilizada, que venere el valor de la vida, que estimule el respeto por los demás, que resalte el ser humano por encima de la materialidad, es necesario ayudar a construir esa mayoría de edad.

Por todas estas razones, el poder de la inclusión, debe partir  de la base de hacer parte de las estructuras de poder, tanto en el campo político como en el  social y económico. Si en el pasado hubo una gran presencia en los estamentos del estado, basado en el liderazgo individual de personas que se ganaron la oportunidad.  A partir del nuevo panorama político y social que se está desarrollando en Colombia, esa participación debe estar cimentada en el liderazgo colectivo de región país en lo económico y, de nación país en lo político; que permita un desarrollo grupal, que despierte el entusiasmo de las juventudes, cuando comprendan que son esas raíces nuevas, las que han construidos las grandes revoluciones y, que son las responsables de cambiar esta nefasta y larga cultura de lo ilegal que nos cobija después de la década de los 80s.

Hagamos de Santiago de Cali, nuestra ciudad, nuestro jardín, nuestro cielo; engendremos en ella ese manantial cristalino que ritma perfectamente calidad de vida con felicidad. Conjuguemos civismo con civilización; cultura con desarrollo económico; conocimiento con sencillez y, riqueza con solidaridad: Cali se lo merece por eso te llevamos en el alma y gracias por cobijar a la gente del pacífico. 

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