La pesca indiscriminada y el colapso del sistema internacional en el siglo XXI

Por Jean Nicolás Mejía H el Sáb, 17/04/2021 - 10:48pm
Edicion
521

Jean Nicolás Mejía H

Profesional Ciencias políticas - Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. 28 años,  Máster en cooperación internacional y organizaciones internacionales de la Universitat de Barcelona


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el 2048 ha sido fijado como fecha en la que el sistema internacional puede colapsar catastróficamente si no se cambian las dinámicas económicas, políticas y sociales

El plástico es el material de moda. Las empresas que fabrican elementos deportivos promueven campañas publicitarias del uso del material reciclado de los océanos en indumentarias deportivas. Las cervezas y distribuidoras de licores ahora optan por empaques amigables que no pongan en peligro el ecosistema marino.

Pero el verdadero problema que empuja al abismo al sistema internacional hacia un punto de no retorno no es la cantidad de plástico rescatado de los océanos - o que puede haber aún a la deriva- en pro de “la conservación de estos ecosistemas”, es la pesca indiscriminada y la matanza de miles de mamíferos marinos alrededor del mundo.

Alí Tabrizi, en el documental “Seaspiracy” (emitido en marzo de 2021 por plataformas streaming)  arroja un dato que puede ser alarmante: el 2048 ha sido fijado como fecha en la que el sistema internacional puede colapsar catastróficamente si no se cambian las dinámicas económicas, políticas y sociales sobre la pesca insostenible y su impacto medioambiental. 

Y es que más allá de identificar que en realidad toda la estructura publicitaria y de márketing montada alrededor de la conservación de los océanos es solo una cortina de humo de las grandes corporaciones pesqueras - aliadas por supuesto con las empresas que promueven estas campañas de reciclaje sostenible-, para desenfocar la atención sobre el verdadero problema, Alí también deja en evidencia que los organismos internacionales de carácter público y privado en realidad no hacen nada contra esta multimillonaria industria, y al contrario pareciera haber complicidad, lo cual pone en jaque la legitimidad de dichas instituciones. 

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La importancia de valorar estructuralmente el problema de la pesca indiscriminada y su altísimo impacto negativo para el sistema internacional

La importancia de valorar estructuralmente el problema de la pesca indiscriminada y su altísimo impacto negativo para el sistema internacional, subyace en la premisa básica sobre la composición atmosférica que permite la vida sobre la tierra: más del 85% del oxígeno que se respira proviene del ecosistema marino, mientras que el resto proviene de ecosistemas como la selva amazónica. Esto quiere decir que si existe una posibilidad real de que el ecosistema oceánico está en peligro, básicamente el hombre se está jugando la supervivencia de la especie. 

El océano siempre ha sido una herramienta de doble filo para la civilización humana, su vastedad y majestuosidad hacen que sea prácticamente imposible toda su exploración y control total, y esto en consecuencia  genera oportunidades para que allí se desarrollen todo tipo de actividades ilegales.

Desde el vertimiento de elementos tóxicos y desechos humanos -recientemente Japón anunció que vertirá al mar desechos radioactivos del accidente de Fukushima-, hasta la pesca insostenible, por una parte de especies protegidas por el derecho internacional público y amparadas en su condición vulnerable de peligro de extinción.

Y por otra parte la pesca resultante de la “captura accesoria”, que son todos aquellos animales “extra” que las redes atrapan a la hora de pescar otros, que termina representando el 40 % de la pesca mundial. Consecuentemente el 40% de productos marinos consumidos a nivel global son pescados de manera ilegal, y que ese mismo  40% de lo que se consume no es propiamente el alimento que se presume se está consumiendo (fácilmente una lata de atún puede contener restos de otras especies, como delfines, tortugas marinas, tiburones, etc.)

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aquella pesca indiscriminada e ilegal que no tiene en cuenta la destrucción del hábitat marino al consumir rápidamente una especie y llevarla al borde de la extinción

Y finalmente, aquella pesca indiscriminada e ilegal que no tiene en cuenta la destrucción del hábitat marino al consumir rápidamente una especie y llevarla al borde de la extinción ocasionando un terrible desequilibrio en los océanos, desequilibrio que luego impacta de manera negativa a la estructura social y política del sistema internacional.

Es como un efecto dominó pero en forma de círculo vicioso: extinción de una especie y colapso del mercado de distribución de esa especie como alimento lo que lleva a una crisis económica / social por falta de ese alimento y de toda la industria pesquera, mientras que en simultáneo el ecosistema queda terriblemente desbalanceado, más especies mueren afectando el medio ambiente de manera irreversible para el hombre, lo que a su vez vuelve a ocasionar crisis económica y social. 

La gran diferencia entre la destrucción de diferentes ecosistemas territoriales para fines comerciales y el ecosistema marino, es que atentar contra el balance de las cadenas alimenticias y de población de animales que allí habitan genera un desbalance catastrófico a nivel mundial, pues todos los seres vivos que habitan en el océano juegan un papel esencial para la supervivencia de la vida en la tierra: la pesca indiscriminada de tiburones para la extracción de su aleta dorsal en la región del sudeste asiártico tiene a más del 98% de las especies de tiburones que allí habitan (blanco, martillo y ballena en su mayoría) extintas. 

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Resulta desconcertante y decepcionante que luego de la aparente “evolución” del sistema internacional hacia la adquisición de una conciencia sobre la conservación y preservación de los hábitats que nos rodean

El día que los tiburones se extingan porque el hombre sigue consumiendo sus aletas, la proliferación de los arrecifes de coral estará en declive -más de lo que ya está-, habrá escasez de lechos marinos y de algas, lo cual llevará a la extinción  y  muerte de la vida marina, lo cual llevar a todas las demás especies sobre la tierra a un default automático, la extinción en masa. Para este momento el colapso del sistema económico no será ni siquiera relevante porque la preocupación del hombre no será adquirir bienes a cambio de capital, sino de sobrevivir. 

Resulta desconcertante y decepcionante que luego de la aparente “evolución” del sistema internacional hacia la adquisición de una conciencia sobre la conservación y preservación de los hábitats que nos rodean, que en pleno siglo XXI el hombre aún no sepa administrar los recursos naturales del propio planeta - los pocos que quedan- y que su mezquindad por adquirir capital -un invento imaginario del hombre sin valor real en los ecosistemas naturales para crear los sistemas económicos y comerciales que hoy rigen las lógicas del sistema internacional- lo esté llevando a su propia extinción. Una jugada poco inteligente de la especie más evolucionada del planeta tierra

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