La Comunidad Cristiana, Comunidad misionera

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 17/04/2021 - 12:20pm
Edicion
521
P. Héctor De los Rios L.
 

VIDA NUEVA

 

Decimos que los cristianos no tienen formación religiosa, que muchos jóvenes abandonan la fe, que nuestros emigrantes, al llegar a nuestros barrios suburbiales, pierden su bagaje cristiano. Pero debemos  hacernos una pregunta más elemental: ¿Es que han sido debidamente evangelizados? A los fieles que acuden a nuestras asambleas, ¿se les ha presentado sistemática y suficientemente todo el mensaje cristiano?¿Qué importancia concedemos a las actividades del servicio de la Palabra? ¿Que valor damos al testimonio, como signo más auténtico de credibilidad? Nos falta. tal vez, tomar el pulso a nuestras Comunidades, con valor y sinceridad, para descubrir los problemas, revisar nuestro programa pastoral, escuchar a todos los miembros, atender a los signos de los tiempos.

En la Asamblea Eucarística vamos a reflexionar sobre la Comunidad Cristiana como Comunidad misionera. Todo anuncio misionero tiene como meta lograr la conversión de los oyentes. Pero ¿cuántas veces nos reunimos sin pensar en cambiar nuestras actitudes internas frente a Dios y a los hermanos? Es necesario renovar primero nuestro corazón para sentirnos después enviados por el Señor a ser sus testigos por nuestras obras. Como Comunidad Cristiana se nos pedirán cuentas de qué hicimos del don de la fe, como empleamos la lámpara de nuestra fe.

LECTURAS:

Hechos de loa apóstoles 3, 13-15.17-19: «Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos»

Salmo 4, 2.4.7.9: «Haz brillar sobre nosotros el resplandor de tu rostro»

1Juan  2, 1-5a: «Tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo»

San Lucas 24, 35-48: «Miren mis manos y mis pies: soy yo en persona»

Acontecimiento clave

Mirada desde la fe, la Resurrección de Cristo es el acontecimiento clave de la historia de la humanidad. Acontecimiento que da sentido a la vida y nos da razones para vivir y luchar en la construcción del mundo. Sin resurrección no hay esperanza y todo se puede tornar absurdo. Es la lucha de la vida sin horizonte, llevada al fracaso de la muerte y la desaparición. Tenemos en el corazón la semilla de la eternidad. Y la resurrección da respuesta a ese anhelo hondo de nuestra naturaleza humana. Nos abre la puerta del absoluto. Nos lleva a la superación de toda barrera en el tiempo. Esto, sin embargo, no nos puede llevar a vivir en un mundo de ilusiones. Seguimos dentro de los avatares de la vida, en lucha persistente por alcanzar metas, pero tenemos derecho a levantar la cabeza y mirar el horizonte ilimitado del Dios que nos espera, unidos a su Hijo resucitado.

Vivimos un contraste

Una vez más el tema del Evangelio es la fe en el Jesús viviente transmitido por la Iglesia. El relato del Evangelio es un contraste. Por un lado, Jesús tratando de confirmar la fe en sus discípulos, por su presencia (una vez resucitado de entre los muertos), por sus palabras animosas y sus actitudes. Por otro lado, sus discípulos están llenos de dudas y recelos; están como con miedo de creer. ´- Este contraste es un buen símbolo de lo que sucede con nuestra propia fe. La actitud de los discípulos representa la nuestra.

La FE tiene razón

¿Qué es lo que a menudo experimentamos acerca de nuestra fe?:

- Primero: tenemos muchas razones sólidas para creer (más que para no creer). - Segundo: el Espíritu de Jesús está continuamente inspirando y guiando nuestra fe como un regalo. - Tercero: nuestra fe es algunas veces -dependiendo del momento que vivimos- asaltada por dudas. Esto es normal. La fe sufre toda forma de tentación; de otra manera no sería realmente fe, y realmente libre. Una fe sin tentaciones es pueril Una fe abrumada por tentaciones es inmadura. Una fe capaz de sobrepasar tentaciones es una fe adulta.

De alguna manera la fe es una convicción capaz de sobrepasar cualquier duda. La fe cristiana, centrada en la Resurrección, es muy realista: está fundada en un ser real, no en un fantasma. Por eso, la comunidad que la vive no puede ser algo estático, sino dinámico.

Conciencia misionera

Para que una Comunidad sea verdaderamente misionera, es necesario que todos sus miembros tomen conciencia de su condición de portadores de una «Misión» o envío. Todos son responsables de presentar comunitariamente el Mensaje Cristiano con la palabra y el testimonio de sus vidas. El discurso misionero de Pedro y la Catequesis de Jesús nos impulsan a convencernos que no basta escuchar la homilía para educar nuestra fe. Hay que programar Catequesis de adultos, grupos de renovación conciliar, reuniones de reflexión cristiana, con objeto de crear unos criterios cristianos básicos de cara a los problemas que plantea el hombre y el mundo de hoy. Esto es dar prioridad a la evangelización.

 Y junto a este esfuerzo de proclamar el Misterio Cristiano, es necesaria la cercanía de las obras y el actuar. Cabe el peligro de que caigamos en nuevo «gnosticismo», de quienes consideran la Iglesia como un grupo de hombres perdidos en discusiones y teorías; pero que no «hincan el diente» en los problemas del pueblo. No hay evangelización sin testimonio cristiano. Hay que anunciar y ofrecer signos.

Conversión y testimonio

El Padre nos llama a conversión. Y Él, que es compasivo y misericordioso, nos concederá el perdón merecido por la Muerte y Resurrección de Jesús. No es cristiano ir por el mundo haciendo de acusador. Pero tampoco es cristiano que una neurótica misericordia o tal vez el miedo, impidan decir con claridad a los hombres los males que se siguen de una ignorancia u olvido de los caminos de Dios. El pecado no se borra disimulándolo. Jesús dijo a la adultera «yo tampoco te condeno, pero no peques más». La mujer había pecado realmente, pero el perdón de Jesús fue más fuerte que el pecado cometido.

Que nuestra vida sea verdad

Todos sabemos lo que es una mentira y procuramos evitarla. Sin embargo, el apóstol San Juan nos muestra una clase de mentira sobre la que no sentimos demasiado rubor el cometerla: «el decir que conocemos a Jesucristo, que somos cristianos, pero ponemos poco esfuerzo en cumplir los mandamientos del Señor». De ahí que nuestras mentiras, en este terreno, sean demasiado frecuentes y vayan sembrando la desorientación a nuestro alrededor. Una vez más tenemos que esforzarnos para que nuestra vida de cada día se ajuste, y este en armonía, con nuestra fe cristiana. ¡Que nuestra vida no sea una mentira! Hoy también nosotros tenemos que hacer aquella oración de los discípulos de Emaús: ¡«Quédate con nosotros, Señor», para que seamos capaces de dar testimonio de tu resurrección y de tu presencia en un mundo descreído!

Relación con la Eucaristía

En la Eucaristía vivimos la experiencia actual y siempre renovada de esta Pascua del Señor, que nos ilumina la comprensión de las Escrituras y nos permite reconocerlo una vez más en la Fracción del Pan. Desde la comunión en el Misterio de su Pascua, el Señor Jesús nos comunica la paz para que podamos compartirla con los hermanos.

 

Caliescribe edición especial