Mínimo orden, uso del espacio público para movilidad

Por Carlos Botero el Sáb, 15/06/2019 - 8:00pm
Edicion
425

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Por Carlos Enrique  Botero Restrepo

Arquitecto Universidad del Valle; Master en Arquitectura y Diseño Urbano, Washington University in St: Louis.

Profesor Maestro Universitario, Universidad del Valle. Ex Director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle (de2012 a 2015) y Director del CITCE (Centro de investigaciones Territorio Construcción Espacio) de 2006 a 2010.


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Un cordero o un caballito nacen listos para caminar. Poco tiempo necesitan para erguirse y sostenerse en pie recién nacidos y desplazarse alrededor de la madre,

Un cordero o un caballito nacen listos para caminar. Poco tiempo necesitan para erguirse y sostenerse en pie recién nacidos y desplazarse alrededor de la madre, cada vez más lejanos. Un niño, en cambio, puede tardar un año en pararse y sostenerse y mucho más tiempo para moverse con alguna libertad. Los tropezones levantan los dedos.

Moverse por la ciudad, sin embargo, exige cada vez más aprendizaje, porque no es lo mismo moverse dentro de un recinto cerrado como la casa, que hacerlo en el espacio público. Este espacio, el espacio de todos, siempre, crece muy poco, si es que crece. Por ese espacio nos movemos todos -por eso el espacio público es el espacio de la movilidad-  y cada vez somos más los usuarios que tenemos que compartirlo. Son excepcionales los casos en los que los usuarios disminuyen y, cuando sucede, lo es temporalmente por razones estacionales. Ese es el caso de algunas poblaciones pequeñas,  en particular europeas. En una ciudad como Cali, es evidente el incremento de población habitual, más desplazados, más visitantes; independiente de lo que diga el DANE. Y todos nos movemos por el mismo espacio que hemos tenido a disposición desde hace muchos años. O por menos espacio disponible si nos atenemos al increíble diagnóstico del POT versión 2014 que nos reveló que el espacio público efectivo en el área urbana es de 2,4 metros cuadrados por habitante y no 3,8 metros cuadrados cuando se midió a partir del POT versión 2000. Treinta y seis por ciento menos. El otro espacio público distinto al de plazas, parques y zonas verdes -espacio público efectivo-, el básico de movilidad, no se cuantifica ni se relaciona en metros cuadrados por habitante.

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Así las cosas, habrá que entender que a la ciudad, a quien corresponda en ella, le toca dosificar el espacio disponible para que podamos seguir moviéndonos

Así las cosas, habrá que entender que a la ciudad, a quien corresponda en ella, le toca dosificar el espacio disponible para que podamos seguir moviéndonos. Una primera forma de dosificación se empieza a implementar en Cali con los bolardos, taches, señales, carriles para bicicletas, cebras y semáforos peatonales, que tanto odian los caleños que no alcanzan a entender que eso responde a una necesidad de poner un mínimo de orden en el uso del espacio público básico de la movilidad. Todos esos objetos están dispuestos para que aprendamos a movernos, siguiendo el más elemental principio pedagógico según el cual la letra, obligados, también entra.

No se puede seguir usando el espacio como se nos venga en gana, según la perversa costumbre que se pretende interpretar como tradición. Ahora falta también que se inicie la recuperación verdadera y sostenible del espacio público invadido, ilegalmente ocupado. Antejardines, andenes y aún calzadas vehiculares ocupadas como parqueaderos y depósitos de materiales. El PIMU está entrando de a poco.

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