El Dios de nuestra fe

Por Redaccion el Sáb, 15/06/2019 - 1:14am
Edicion
425

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Evangelio: san Juan 16,12-15: “Todo lo que mi Padre tiene es mío”…

Esta fiesta nos invita al asombro y la admiración ante el misterio de Dios. Tenemos una capacidad grande de maravillarnos ante lo grandioso, lo bello, lo inefable. El universo con su dimensión infinita provoca en nosotros estos sentimientos. Pero nos hace igualmente preguntar por el autor de lo que contemplamos. Sabemos bien que nada existe, ni lo más pequeño ni lo más grande, por sí solo. Alguien lo ha causado. Nada ha existido inicialmente en el mundo sin explicación. - Con amor de hijos acerquémonos, guiados por la Palabra divina, al misterio de nuestro Dios, en este día dedicado a la Santísima Trinidad.

Un Misterio para contemplar

Hemos sido bautizados y consagrados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo hemos alabado muchas veces diciendo Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esto nos hace pensar que Dios es comunidad dentro de la máxima unidad, que nos ha traído a la vida para conocerlo y amarlo, que nos ha llamado a compartir con Él.

Este es el misterio de Dios que se llega a nosotros. El nos invita a vivir nuestras diversidades en la máxima unidad. El ha querido que hagamos la experiencia de su amor, de su presencia, de su actividad en medio de los azares de la vida. Es un misterio para contemplar, para vivir, para comunicar. En un mundo dividido, sin esperanza, que habla mucho de amor pero vive en la indiferencia y en la violencia la Trinidad nos invita a comprometernos en edificar un mundo como Ella lo quiere: Uno en la diversidad, comprometido en lo transitorio de cada día pero con los ojos fijos en lo que dura para siempre, en la posesión de un amor divino que nos lleve a fundar la fraternidad por encima de toda discriminación.

¿Quién es Dios?

En este Domingo, fiesta de la Santísima Trinidad, la Iglesia nos recuerda algo acerca de la naturaleza y rasgos del único, uno y verdadero Dios, como es revelado en la Biblia, y transmitido a nosotros en la fe de la Iglesia. A través de las tres lecturas de la liturgia de hoy, hemos aprendido muchas cosas acerca de nuestro Dios.

La fiesta de hoy nos invita a preguntamos cuál es nuestra imagen de Dios; cuál es el Dios en quien creemos. Y cuando preguntamos a cualquiera «¿quién es Dios para ti?», podemos encontrarnos con multitud de respuestas. Pero todas ellas pueden tener algunos aspectos comunes: - A- Nuestra imagen de Dios a) Tenemos la imagen de un Dios creador, cuidadoso de que se cumplan sus leyes y normas, dispuesto a castigar a los malos y premiar a los buenos. Es un Dios justiciero, vigilante de nuestros comportamientos, que nos da miedo, nos hace vivir con angustia y con la preocupación de no disgustarlo y contar siempre con su favor, de modo que hacemos las cosas para que esté contento de nosotros y para ir acumulando en nuestra lista méritos que eviten una condena.

  1. b) Pensamos a veces en Dios como el poderoso a quien podemos arrancar favores y ventajas según nuestras necesidades. Más acá, como alguien a quien podemos comprar, con quien podemos negociar, a quien podemos tener de nuestra parte para que resuelva nuestros conflictos y haga nuestra voluntad. - Nuestra relación con Él es casi comercial. Hacemos promesas, novenas, oraciones, propósitos..., para que nos dé, nos conceda, nos consiga... Y si no conseguimos lo que pedimos o exigimos, nos enfadamos, entramos en crisis y nos preguntamos para qué creer, para qué rezar, por qué Dios nos trata así... - c). Con todo el cariño del mundo también podemos afirmar que vemos a Dios como un abuelito cariñoso y bueno. Todo nos lo consiente, nada nos exige, todo lo que hacemos tiene excusa y es disculpado... Y así nuestra relación con Él es superficial, engañosa, y nos lleva a tener una vida mediocre y sin exigencias...

B- El Dios de Jesús

El Dios de Jesús, que es el Dios en quien nosotros creemos, tiene parte de esas cualidades, pero no es del todo así. - * Es un Padre bueno, misericordioso, preocupado por nosotros porque cada uno de nosotros es importante para Él. Todo lo nuestro le interesa, y nos quiere felices y dichosos. Pero es también un Padre exigente, que nos educa, que nos corrige, que quiere que sepamos aprovechar todas las cosas que Él ha puesto en nuestras manos y que con responsabilidad procuremos que den fruto abundante. Espera que estemos a la altura de la confianza que ha depositado en nosotros. . - Es un Dios que -en el Hijo- se ha hecho hombre para que nos sea más fácil conocerlo, encontrarlo, sentirlo cerca. Que ha compartido todas las circunstancias de nuestra condición humana y sabe lo que es la alegría y la amistad, el dolor de perder a los amigos y a los seres queridos, la traición y la violencia, la injusticia y la persecución, la muerte y el desprecio... y por eso nos conoce bien, nos comprende, y sabe lo que sentimos y lo que necesitamos.

Por haber compartido nuestra condición podemos encontrar en Él la referencia constante de lo que dijo y lo que hizo, cuando nosotros queremos encontrar la respuesta a un interrogante, la luz para saber lo que hemos de hacer y cómo lo hemos de hacer. En El nos sentimos comprendidos, queridos, acompañados. En El encontramos «el camino, la verdad y la vida». Es un Dios que vive en nosotros para siempre. Que nos renueva desde dentro, que nos llena de luz, sabiduría y fortaleza. Que nos enseña a rezar, a amar y a vivir en libertad.

* Es el Espíritu quien vive en nosotros, nos hace participar de la misma vida de Dios nos hace semejantes a Él, nos hace suyos... Ése es nuestro Dios. Y por ello también hemos de relacionarnos con Él de la forma adecuada. Dirigirnos a Él con la confianza con que hablan los hijos con un Padre bueno. Imitarlo y apoyarnos en Él como el amigo fiel que es nuestro compañero de camino. Acudir a Él y no sentimos nunca solos, porque vive en nosotros y es nuestra luz y nuestra fuerza.

C- Nuestro Dios en quien creemos

- Hemos aprendido en primer lugar que Dios es un misterio, nadie puede penetrar completamente en este misterio. Sin embargo, como Dios se reveló a sí mismo a los hombres a través de la historia, principalmente en la Biblia y en la Iglesia, sabemos lo que necesitamos saber sobre el Misterio de Dios. - Hemos aprendido también que Dios es creador del hombre y fuente de vida. Hemos aprendido que Dios quiere una amistad personal y amistosa con el hombre, y que Él se ha comunicado con la Humanidad. - Hemos aprendido que Dios es liberador. Su plan es liberar al hombre de toda forma de esclavitud, principalmente el pecado y la muerte eterna. - Hemos aprendido que Dios es nuestro amante Padre y amigo, y nosotros somos sus hijos y sus herederos.

- Y ahora en el Evangelio, Jesús nos enseña la raíz de la naturaleza del amor de Dios: ¡Dios es Trinidad!. El Dios uno y simple, vive en tres Personas: el Padre, el Hijo, que tomó carne en Cristo, y el Espíritu Santo. - La Trinidad significa que Dios no es un Dios solitario, sino una comunidad de amor.

Dios es el amor hecho vida.

- El resto de lo que hemos sabido y que podemos saber de Dios viene como consecuencia. La vida de amor de Dios no puede sino comunicar, compartir con otros, traer felicidad y liberación, hasta que el hombre y toda la creación participe en su amor por la eternidad.

La fe cristiana tiene que ser trinitaria

Es probable que para muchos esta verdad cristiana apenas haga efecto alguno. Puede sonarnos a «desconocida». Sin embargo: - - Al principio de nuestra vida cristiana ya fuimos bautizados y consagrados «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Por tanto, ya desde entonces fuimos como sellados por su amor Salvador.

- Comenzamos nuestras celebraciones de la Fe en su nombre, invocándola sobre nosotros: «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»; - En el momento solemne del final de la Plegaria Eucarística hemos proclamado una «doxología», es decir, una exclamación de alabanza a la trinidad: «Por Cristo (el Hijo), con Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos».

- Y terminamos la Celebración con la bendición del «Padre, Hijo y Espíritu Santo». - - En su nombre bendecimos y a El damos gloria, expresándole nuestra alabanza y gratitud, cuando decimos: «Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo». - Cuando profesamos nuestra fe, decimos creer en Dios Padre, en Cristo Jesús que murió y resucitó, y en el Espíritu Santo, que anima a la Iglesia y la lleva a la unidad. Esto quiere decir que la presencia y acción de la Santísima Trinidad es el contexto y ambiente vital de la vida de la Iglesia y del Cristiano. Y, por consiguiente, no hay Eucaristía sin Trinidad. Y la Fe cristiana tiene que ser necesariamente trinitaria.

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