18 días inéditos en el país del nunca jamás

Por Carlos Cuervo el Sáb, 15/05/2021 - 10:56pm
Edicion
525

Carlos Armando Cuervo Jiménez

Emprendedor y empresario con formación en Ingeniería Industrial


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Una reforma tributaria mal estructurada y presentada a hurtadillas en el peor momento de la crisis causada por la pandemia y luego una serie de necesidades insatisfechas

El nunca jamás es una expresión que enfatiza el término nunca y en nuestra nación aplica contundentemente porque aquí aparentemente no sucede nada malo, opinión que comparten  algunos periodistas, gremios económicos, políticos y ciudadanos que viven convencidos de que el 80% del país que decidió protestar  son una multitud de vagos e inconformes sin razón.

¿Pero porque tanta gente se sublevó?

Una reforma tributaria mal estructurada y presentada a hurtadillas en el peor momento de la crisis causada por la pandemia y luego una serie de necesidades insatisfechas unidas al descontento por el exceso de nepotismo y despotismo del ejecutivo, además del fastidio por la corrupción desmedida, se convirtieron en el cultivo que germinó en toda esta protesta.

Inicialmente se observó la complacencia de muchos ciudadanos con las acciones de bloqueo y de paro general, pero el vandalismo propinó un golpe a las manifestaciones pacíficas eliminando el respaldo ciudadano y deslegitimando los objetivos de la protesta. Los incendios provocados de estaciones del MIO, de oficinas bancarias y de otros negocios, además de los retenes ilegales y la anarquía derivada aprovechada por minorías, incluyendo extranjeros dio la primer señal de alarma.

Luego ante el clamor ciudadano por la incapacidad del pie de fuerza local de controlar los desmanes, el gobierno nacional trasladó a varios cientos de policías entrenados en el manejo del pillaje y a unidades del ejército.

Las quemas y saqueos quedaron bajo control y la ciudad entró en una tensa calma.

La violencia se trasladó a los barrios como Siloé o el Paso del Comercio, en donde las balas hasta cobraron la vida de un familiar del alcalde.

Con los siguientes días se caldearon más los ánimos, la gasolina escaseó, los alimentos perecederos también y los caleños se encontraron con una Cali sitiada, observando con horror que hasta su libertad para desplazarse estaba minada.

El exclusivo barrio de Ciudad Jardín fue escenario de actos de violencia entre la minga indígena y residentes de este sector acrecentando el espiral de terror acercándonos a una mini guerra civil. Por suerte los indígenas entraron en cordura y decidieron regresar a su tierra para desde ahí continuar con las protestas.

La prensa internacional registró los excesos del estado para reprimir las protestas y algunos corresponsales de estos medios nos enseñaron a través de las redes sociales una realidad desconocida u olvidada para el 25% de los caleños que tenemos buenos modos de vida, como lo es la carencia de comida, la falta de trabajo y oportunidades y de educación para miles que se hartaron y se unieron para demostrarnos que ellos también tienen derecho a una vida digna.

Entonces nos enteramos que hay una ciudad que solo come una vez al día, con chicos y chicas sin futuro, desesperados por las torpezas de una clase política desconectada de sus necesidades y anhelos.

Ahora el dialogo incipiente intenta desplazar la contienda.

Oficiales de la policía ahora procuran neutralizar la violencia entre patrulleros y manifestantes, logrando alcanzar acuerdos de convivencia pacífica en algunos de los bloqueos mientras fluye el dialogo en las mesas oficiales entre el estado y los inconformes.   

Aún así y tras 18 días aún persisten bloqueos preocupantes como el de Buga que frena la carga hacia y desde Buenaventura.

Las grandes empresas nacionales y multinacionales miran con preocupación como se ha detenido por completo el aparato productivo, las pérdidas son de miles de millones y peligra el empleo directo de miles.

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Nuestro presidente timorato, sus amigos y consejeros siguen metidos en su burbuja, convencidos que estos son hechos pasajeros

Pero recuerden aquí no sucede nada al punto que 18 billones de Reficar se extraviaron por hechos de buena fe, según palabra de la señora procuradora y nadie recibirá un castigo por este monumental despilfarro.

Nuestro presidente timorato, sus amigos y consejeros siguen metidos en su burbuja, convencidos que estos son hechos pasajeros ambientados en una extraña teoría que un practicante del nazismo trajo a estas tierras.

Grave también es que aun en gremios y asociaciones no se comprenda que estamos ante un inminente derrumbamiento de un sistema injusto cargado de inequidad, y que llegamos ante un punto de inflexión en donde podríamos si se desea corregir el rumbo desastroso que como nación hemos seguido.

Y como no podía faltar la cereza para decorar este pastel, hace unas horas empezó a moverse en redes sociales un libelo por demás anónimo en contra de monseñor Dario de Jesus Monsalve, que valentía de su supuesto autor, difamar a un hombre de 73 años desde la cobarde clandestinidad.

Sino enmendamos la violencia continuará y como su fin se volverá indeterminado, podremos aun enfrentar hechos espeluznantes.

Estoy seguro que no requerimos caer más y ahora el deber de todos es aceptar que debemos convivir uribistas, petristas, tibios del centro ideológico, entre los que me incluyo, indígenas, mestizos, negros y blancos arios, si es que los hay.

Porque si deponemos nuestros odios y diferencias y trabajamos en favor de las coincidencias, lograremos avanzar como sociedad y construir país en verdad.

No lo olviden.

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