Golpe de Estado

Por Guillermo E. U… el Sáb, 15/05/2021 - 7:23pm
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Por Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.


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No obstante, los golpes de estado no necesariamente son militares. Pueden darse con el trastorno institucional como el presenciado este mes de mayo de 2021 con las revueltas

El término acuñado por los franceses desde el siglo diecisiete conocido como “coup d’etat”, generalmente propiciado por fuerzas militares que han pretendido derrocar el estado.

En nuestra historia democrática, tan solo una vez, el 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla derrocó el gobierno de Laureano Gómez y mediante el respaldo de las fuerzas armadas asumió el poder. Rojas Pinilla ocupó la presidencia hasta el 10 de mayo de 1957, cuando aceptó retirarse, sustituido por un gobierno militar de transición.

No obstante, los golpes de estado no necesariamente son militares. Pueden darse con el trastorno institucional como el presenciado este mes de mayo de 2021 con las revueltas, inicialmente protestas pacificas, transformadas en actos vandálicos y terroristas de ocupación, devastación, desafió y destrucción al poder democráticamente establecido.

La convocatoria a un paro nacional pacifico protestando por los alcances de una reforma tributaria, fue el “Florero de Llorente”, aquel episodio de nuestra lejana historia republicana del 20 de julio de 1810. Este nuevo acontecer, “Florero de Carrasquilla”, desencadenó en destrucción y devastación. Temprano esa mañana del 28 de Abril, se inició con la vandálica caída de símbolos de nuestra historia, primero en Cali, seguida en Bogotá, Pasto y Popayán. Los manifestantes lograron la parálisis caótica de la economía, con epicentro en el sur occidente del país, seguido en Bogotá, Medellín y Barranquilla, mediante bloqueos en las principales carreteras del país, y el secuestro de la inerme población civil urbana, obstruyendo su libre circulación y amenazando contra bienes públicos y propiedad privada.

El presidente Duque, con altruismo democrático, no empleó ni desplegó la fuerza militar, a excepción de casos aislados en defensa de la población civil afectada. Tampoco acudió a decretar la figura constitucional de conmoción interior, que otorga facultades extraordinarias en momentos de crisis. Delegó en el recién posesionado, aún en proceso de aprendizaje militar, ministro de defensa, cuyas buenas intenciones fueron avasalladas por la sevicia agresiva vandálica de desalmados desestabilizadores.

Duque, hasta ese nefasto día, mantuvo la necesidad de la anunciada reforma. Sin embargo, cuatro días después, al retirar la razón incitadora, ya había perdido terreno de autoridad y gobernabilidad. Los marchantes pacíficos habían entregado su vocería a un comité de paro, cuya representación es lejana a la manifestación democrática de casi 20 millones de votos obtenidos en las urnas de la elección presidencial de 2018.

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El autonombrado, sin representación mayoritaria, ni democrática, comité de paro se convirtió en ejemplo de elemento anárquico sin control

En vez de frenar la motivación del paro, satisfecha con el retiro del proyecto, suplantando los tres poder de nuestro estado de derecho, se convirtió en permanente mesa de insulso dialogo de un sinnúmero de insatisfechas necesidades, propias del proceso de crecimiento socio económico del país.

El autonombrado, sin representación mayoritaria, ni democrática, comité de paro se convirtió en ejemplo de elemento anárquico sin control alguno sobre la situación del país. Alcaldes, gobernadores y congresistas, desconectados entre si, anárquicamente buscando falsos protagonismos excepcionales escudándose en el contexto del caos nacional. Una minga indígena sin pronunciamientos de profundidad en construcción de soluciones, sino contrariamente como elemento disociativo. Multiplicidad de mesas de dialogo municipales, ante oídos sordos, con profundas diferencias de criterio, lenguaje y manifestaciones de verdaderas necesidades.

Colombia feneció ante un golpe de estado provocado por sublevaciones de desobediencia colectiva ante un estado de derecho democrática, constitucional e institucionalmente reconocido.

“La independencia sola al gran clamor no acalla; si el sol alumbra a todos, justicia es libertad.”

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