La desigualdad social en la sociedad capitalista. l parte

Por Luz Betty Jime… el Sáb, 14/12/2019 - 8:11am
Edicion
451

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.


 

Aunque los seres humanos se diferencian unos de otros por sus cualidades naturales y sociales (edad, sexo, raza, nacionalidad, profesión u oficio, conciencia social e individual), las más significativas e importantes son las diferencias de clase que surgen con las cambiantes relaciones económico-materiales que sirven de base a toda la vida política y social, cultural y espiritual de la sociedad. Así las cosas, es apenas lógico pensar que los conceptos de igualdad o desigualdad no pueden analizarse simplemente desde el punto de vista físico, sicológico o formal, sin tener en cuenta la situación y relación económica en que se encuentran los individuos pertenecientes a una u otra clase o grupo social.

Una forma de apreciar su contenido es contraponer los hechos de igualdad respecto de los de desigualdad que surgen en la sociedad dividida en clases sociales en donde se hacen más ostensibles las diferencias sociales. No obstante es necesario aclarar que la desigualdad social no surge en forma mecánica ni automática de las condiciones económico-materiales en que surgen las clases sociales, en tanto que dicho concepto se modifica constantemente con la acción y las políticas públicas precedidas de determinados objetivos y fines concretos, acordes con las condiciones históricas heredadas y de las transformaciones que realizan los individuos, clases y grupos sociales.

De aquí se deduce en consecuencia que el fenómeno de la desigualdad social no puede analizarse desligado de la propia realidad y mucho menos a partir de interpretaciones y valoraciones subjetivas matizadas con un ropaje abstracto, absoluto, eterno e ilimitado desprovisto de todo contenido social e histórico.

Los ideólogos del capitalismo han inventado toda clase de teorías encaminadas a ocultar la situación de desigualdad en que se encuentran las clases y grupos sociales e individuos frente al gran capital, cuando no es que proponen soluciones para disminuirla, no obstante haber quedado demostrado que el problema de la desigualdad no tiene solución en las condiciones de la sociedad capitalista en donde crece de la mano de la pobreza y la injusticia social.

Algunos ideólogos afirman que cuando determinados sectores medios y populares que viven de su trabajo en forma asalariada o independiente tienen acceso a una serie de productos, bienes y servicios, la desigualdad desaparece y con ella las diferencias de clase, olvidándose que en el capitalismo la distribución de la riqueza y de los ingresos no se realiza con arreglo al trabajo sino al capital y por ende los que abogan por el igualitarismo que conviene simplemente con el pago igual por trabajo igual sin tener en cuenta la calidad del mismo, su productividad ni la posibilidad de recibir mayores beneficios por ejecutar mejor el trabajo y contribuir al aumento de la producción y de la productividad del mismo, no va más allá del aspecto puramente cuantitativo; en tanto que el ideal sería que en el futuro de la sociedad una parte fundamental de los bienes materiales se distribuyeran gratuitamente en la medida en que crece la riqueza social disponible y sostenible, lo que implica distribuir los bienes y servicios no solo de acuerdo con el trabajo sino con las necesidades de los miembros de la comunidad, con lo cual la desigualdad social iría cediendo paulatinamente ante el incremento de la igualdad real, ajustada a una nueva realidad caracterizada por el surgimiento de nuevas necesidades producto del crecimiento y desarrollo de las nuevas fuerzas de la producción y del interés de los individuos y de los grupos sociales de mejorar su condición de vida y bienestar general ajena a la explotación económica del trabajo y en que la libertad y la igualdad se hagan extensivas a toda la vida de la sociedad, libre de los elementos de la desigualdad sobre los cuales se asientan las clases sociales que hoy concentran de acuerdo con estudios provenientes de la organización OXFAM, la mitad de la riqueza de toda la población mundial.

Dicha concepción supera las consignas utópicas que plantean la supresión de las diferencias de clase en procura de lograr la paz, la justicia social y el bienestar general, sin que con ello se afecten las bases mismas del sistema capitalista lo cual no constituye mas que un engaño que conduce al apaciguamiento de la lucha social.

Por otra parte habrá que decir que en las condiciones de la globalización capitalista la supresión de la desigualdad social bajo la consigna formal de la igualdad de todos ante la ley ó entendida como la igualdad entre los capitalistas y trabajadores, no constituye mas que un engaño, en tanto no ha cesado la explotación económica del trabajo, ni la discriminación social, ni la exclusión política. No obstante estas formalidades, se mantiene de hecho el trato desigual entre las diferentes clases sociales.

Hay quienes consideran que la educación y en especial el dominio de la tecnología, el emprendimiento y la innovación son factores determinantes para salir de la pobreza y reducir significativamente la desigualdad social. Sin desconocer la importancia de tales factores en cuanto a las posibilidades de nivelación de los individuos, lo cierto es que en la mayoría de los casos quienes aspiran a lograr estos propósitos carecen de las oportunidades que brinda la sociedad del conocimiento, particularmente para los hijos de los campesinos que desde muy temprana edad tienen que laborar en el campo, sustrayéndose de las posibilidades de capacitarse y mejorar su condición social e individual; al igual que varios sectores de jóvenes de clase media y popular que no pueden acceder a la educación especializada y tecnológica por falta de recursos para ingresar a los colegios, universidades y centros especializados que convirtieron  la educación y la capacitación técnica en un gran negocio en manos de corporaciones privadas que se ocupan de este servicio vital para la sociedad.

El tema de la desigualdad se ha convertido en la actualidad en el centro del debate ideológico y político, alimentado con las  diversas teorías de economistas, politólogos, sociólogos, periodistas, etc., que se valen de infinidad de argumentos para explicar la desigualdad y sus posibles soluciones. Y de ahí que no falte quien afirme que la mejor forma de combatir la desigualdad es aumentando los ingresos de los trabajadores, lo que generalmente se hace por debajo del valor del costo de la canasta familiar, amén de que con el alza de los precios de los productos, bienes y servicios su incremento no le permite al trabajador mejorar su capacidad de compra en el mercado.

Para otros ideólogos los problemas de la desigualdad social se pueden resolver obligando a pagar mayores impuestos a los sectores más pudientes de la sociedad con el fin de que el Estado cuente con mayores recursos para atender el gasto social. Dicha teoría tiene su mejor exponente en el afamado economista Thomas Piketty quien en reciente entrevista para el diario El Tiempo en torno a la publicación de su nuevo libro “Capital e Ideología” expresó en términos generales que a los ricos les conviene aceptar políticas de redistribución con el fin de preservar la globalización y el internacionalismo, en tanto que si algo está claro es que con el nivel de desigualdad existente es imposible mantener un consenso social. Para Piketty con la educación, impuestos, régimen de propiedad legal y democrática es posible reducir las desigualdades. Todo lo cual tendrá que impulsarse con la promoción del modelo político de la Social Democracia participativa renovada, que les garantice a las personas el acceso a la propiedad privada de tamaño razonable y participativo, evitando de esta manera su concentración y haciendo que opere la democratización de las empresas tomando como referencia las experiencias de algunos países como los Estados Unidos y en Europa.

Dichas teorías han demostrado su inconsistencia, al tiempo que el capitalismo globalizado atraviesa en la actualidad por una profunda crisis estructural que si bien es cierto no significa que está al pie del colapso total, ya no posee las fuerzas suficientes para superar las dificultades y problemas que lo aquejan no solo en materia económica, política, social, sino en el conjunto de las relaciones que se establecen con la sociedad, la naturaleza y el ser humano que como se afirma de parte de algunos economistas y políticos el sistema no tiene solución particularmente en tratándose de resolver problemas  como el de la superación de la desigualdad social que hoy se extiende a todo el planeta, la cual no podrá liquidarse sino con la lucha social y política de las clases y grupos sociales que hoy son objeto de la injusticia y de la desigualdad social.


Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social

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