Planeación – Control – Ciudadanía

Por Benjamin Barne… el Sáb, 14/10/2017 - 10:25pm
Edicion
338

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Univalle y la San Buenaventura y la Javeriana de Cali, y continua siéndolo en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en Caliescribe.com desde 2011.


la propiedad privada no es una especie de patente de corso y por lo contrario conlleva deberes y respeto a los otros

El problema de esta ciudad es la falta de planeación y la falta de control, y la complicidad de hecho de los caleños al permitirlas. El hecho contundente es que no puede haber planeación urbano arquitectónica si esta no es integral y a largo plazo, y por lo tanto es inútil tratar de controlar su cumplimiento y menos si, sumada a la corrupción, no hay la voluntad de hacerlo, ni la exigencia al respecto por parte de unos ciudadanos que aún no ven la necesidad de planificar su ciudad ni nadie se les ha explicado que la propiedad privada no es una especie de patente de corso y por lo contrario conlleva deberes y respeto a los otros.

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Plan de ordenamiento territorial - POT

Durante cuatro siglos Cali, una pequeña villa, crecía muy lentamente y su urbanismo y arquitectura eran parte de la cultura de sus habitantes, como la lengua, la comida y las costumbres. Pero en menos de un siglo ha crecido mucho y muy rápidamente, y su urbanismo y arquitectura pasaron a  seguir influencias externas cuando no meras modas, las costumbres cambiaron mucho y ahora hay mucha comida de todas partes pero muy poca es de aquí. Lo único que se conserva tal cual es la lengua más sin embargo cada vez es más importante consultar el diccionario debido a la incorporación de muchos anglicismos y neologismos no siempre necesarios.

La importancia del trazado, diseño y uso del espacio urbano público en consecuencia es lo primero

Precisamente un diccionario de la arquitectura y el urbanismo de la ciudad es lo que debería constituir un verdadero plan de ordenamiento territorial. Definir sus diversos tipos de calles, plazas y parques, y lo que pasa en ellos cultural, económica y socialmente. La importancia del trazado, diseño y uso del espacio urbano público en consecuencia es lo primero. Debe ser ante todo para los peatones, y de ahí la urgencia de contar con muchos amplios, llanos y arborizados andenes, y de dar preferencia a las bicicletas y al trasporte público sobre los carros particulares. Y eliminar los retrocesos y voladizos que vuelven caótica la imagen urbana, como su sosa repetición idéntica, y retornar a las fachadas paramentadas tradicionales y de alturas similares.

De otro lado, es necesario que los ciudadanos se enteren de que lo construido es una inversión económica y de agua y energía, la que en lugar de botarla a la basura, demoliendo edificios y casas, estos se puede remodelar agregando pisos parar densificar. Igualmente hay que aplicar la plusvalía a las construcciones en altura, las que sólo se deben permitir en los grandes vacíos existentes a lado y lado del abandonado corredor férreo, el que pasaría a ser la columna vertebral de la ciudad, sobre la que se concentrarían los centros comerciales, escuelas y colegios, para que no se extiendan más los servicios y los recorridos, haciendo la ciudad más sostenible, menos contaminante y más respetable de su contexto.

un verdadero plan urbano arquitectónico facilita su control por parte de unas autoridades, a las que una ciudadanía educada se lo podrá exigir.

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los caleños podrán exigir el control de la ciudad

Con este “diccionario urbano arquitectónico” ya formando parte de la cultura de los ciudadanos, mediante su adecuada socialización, los caleños podrán exigir el control de la ciudad, y hacer frente a los abusos de la propiedad privada del suelo mediante la aplicación del impuesto a la plusvalía; y deteniendo la obsolescencia permitida a sus viejas construcciones, como el consumismo de las nuevas. Y un verdadero plan urbano arquitectónico facilita su control por parte de unas autoridades, a las que una ciudadanía educada se lo podrá exigir.

Juntos conformarían un nuevo triangulo que como se sabe es una figura indeformable; y de ahí lo complejo de romper el existente de planeación, control y ciudadanía.

 

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