El Amor sacrificado

Por Héctor de los Ríos el Sáb, 13/04/2019 - 7:20am
Edicion
416

P. Héctor De los Ríos L.

Vida nueva

Domingo de ramos

 

Pasión según san Lucas 23,1-49

Con una fe muy iluminada en el Señor Jesús, nuestro salvador, que hace su entrada mesiánica a Jerusalén, entremos nosotros en la celebración de la Semana Santa, la gran Semana, la Semana Mayor.

No sólo recordamos en ella que en la primera semana de abril del año 30 murió y resucitó Cristo, sino que en la Liturgia hacemos presente hoy ese Misterio en nuestro mundo y en nuestra vida. Es el acontecimiento central de nuestra fe. En él vivimos el amor de Dios para nosotros en toda su intensidad y en él se funda nuestra esperanza de una vida eterna y definitiva.

Memoria viva del Señor que muere y resucita

Hemos escuchado en el evangelio de san Lucas el relato conmovedor de la pasión de Jesucristo. El costo de esta obra, excepcional y sin par en la historia, es grande: es la pasión y muerte de Jesucristo para pasar a su resurrección. Lo celebramos en esta semana. No es el recuerdo de un pasado que la humanidad no puede olvidar sino el hacer que ese pasado venga de nuevo ante nosotros con toda su fuerza salvadora a través de las celebraciones de la liturgia.

Lo que fue el anuncio de una misión de salvación, meditado luego por la comunidad cristiana, recibe nombre propio, Jesús, el Cristo, que padece por el hombre, en un tiempo y en un lugar determinados. El relato del evangelio no es sólo una crónica de esta serie de hechos dolorosos sino también una teología que nos descubre el sentido de un acontecimiento único en la historia y nos deja escuchar el testimonio emotivo de un discípulo que ama tiernamente a Jesucristo y lo acompaña en su pasión.

La alegría se torna en sufrimiento

Este Domingo de Ramos, cuando conmemoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es momento propicio para descubrir cómo la alegría se torna en sufrimiento, cómo un pueblo que ahora lo aclama con palmas, será el que el Viernes Santo, animado por sus dirigentes pedirá para Él la crucifixión.

Como en todo su evangelio, en su relato de la Pasión, Lucas destaca sobre todo la misericordia de Dios, revelada en la persona de Cristo. Las «palabras de Jesús en la Cruz» nos las da en buena parte san Lucas: el perdón por los que no saben lo que hacen, la promesa del paraíso al ladrón arrepentido, la suprema confianza del abandono en manos del Padre...

El evangelista nos orienta también sobre las actitudes que corresponden a nuestro espíritu: las lágrimas de Pedro, la compasión de las mujeres de Jerusalén, la conmoción de la gente que se vuelve dándose golpes al pecho...

Presencia de la bondad de Dios

¡Maravillosa y Santa Semana que hace presente la Bondad de Dios y su amor al hombre! «Ustedes, los que pasan por el camino de la vida: miren y vean si hay un dolor parecido a mi dolor» (Lm. 1, 12), reza y canta reiteradamente la Iglesia en estos días.

La palabra de Dios nos invita a la meditación de este misterio que nos sobrepasa inmensamente. ¿Cómo y por qué el Hijo de Dios, que es Jesucristo, padece tan dolorosamente y muere crucificado? Todo obedece a un designio de Dios Padre en su plan de salvación del hombre. El nos ha enviado a su Hijo Jesucristo para que se haga hombre como nosotros. Al asumir nuestra condición se abre a la posibilidad de la muerte. Pero él es sobre todo el Mesías, personaje prometido, que en nombre de la humanidad y para su bien debía enfrentar la muerte de la cruz.

 

 

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