Movilidad

Por Benjamin Barne… el Sáb, 13/03/2021 - 11:00pm
Edicion
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En el diseño de las vías no se piensa en que son para los peatones

Por Benjamín Barney Caldas 

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011


Son pocos los factores que hay que analizar y resolver según su interdependencia y prioridad. Primero está el deficiente diseño de las vías y su defectuosa demarcación y señalización, cuya secuela es propiciar el mal comportamiento tanto de los conductores de diversos vehículos como de los peatones, y que facilita su carencia de educación cívica, y ahí entra la Policía. Los problemas de diseño, demarcación y señalización ya mencionados, se podrían solucionar en muchas de las vías actuales, lo que redundaría en un mejor comportamiento de conductores y peatones. Pero por supuesto es preciso contar con un Plan Vial que sea la contraparte de un Plan de Usos del Suelo.
 

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Además en muchas vías su demarcación y señalización es obsoleta

En el diseño de las vías no se piensa en que son para los peatones (andenes y cruces) como para los vehículos (calzadas) ya sean buses, carros, motos o bicicletas; además no tienen continuidad de extremo a extremo de la ciudad, y muchas son de dos sentidos en unos tramos pero de uno en otros, o este lo es en sentido contrario al otro lado de un cruce, y en muchas calzadas los carriles cambian de ancho o no tienen continuidad de tramo en tramo. Además en muchas vías su demarcación y señalización es obsoleta, confusa, contradictoria, incompleta, o inexistente (como “ceda el paso”) y los semáforos no están coordinados ni ya hay casi números y sentidos de las vías en los cruces.

En consecuencia, hay que entender que el irresponsable y agresivo comportamiento en las vías de los conductores de diversos vehículos, se debe en primer lugar a lo señalado en el párrafo anterior, pues es lo que los lleva a irrespetar las señales ya que no pocas de ellas no son cumplibles a cabalidad y muchas ni siquiera se pueden ver, por lo que se ven abocados a interpretarlas como puedan y les convenga o sencillamente les toque hacerlo, lo que además los impulsa a no respetar a los otros vehículos, pitando y “empujando” y “mentando madres” para poder avanzar de “primeros” por ser más “vivos” que todos y con un carro más grande, como de mafioso, sin importar peatones y ciclistas.

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En consecuencia, hay que entender que el irresponsable y agresivo comportamiento en las vías de los conductores

Por su parte, el muy desordenado y arriesgado proceder de la mayoría de los peatones en las vías que, junto con el de los motociclistas, lleva a tantos accidentes mortales, se debe a que la inexistencia, insuficiencia, mal diseño o mal estado de los andenes o su ocupación por vendedores o carros estacionados, los obliga a caminar por las calzadas, o a que los pasos pompeyanos o peatonales, o los “pares” mismos, que casi siempre están mal ubicados, los obliguen a cruzarlas “corriendito” por cualquier parte por donde mas o menos se pueda, sin pensar mucho en su seguridad y menos aún en la incomodidad que causan al desplazamiento más rápido y seguro de bicicletas y vehículos.

Finalmente, al no estar oficializada el área metropolitana las autoridades de Cali no tienen control sobre la movilidad en buena parte de ella, y además no existe una única Policía Municipal para la vigilancia del tránsito en sus principales vías, y al mismo tiempo la de los demás espacios urbanos de uso público como calles comunes, plazas, parques y zonas verdes. Pero igualmente sobre el uso y las modificaciones autorizadas de las construcciones que los limitan, y el comportamiento de sus habitantes, principalmente el ruido ajeno, y no únicamente atender a su seguridad, lo que por supuesto es su primer deber. Sólo así se podría adelantar a la urgente educación cívica de los caleños.

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